‘Vacío’ invita a reflexionar sobre la presión en el paisaje
Carlos de Saá muestra en la Sala Cubo de El Almacén una isla desnuda, desértica y sin rastro humano, una vuelta al origen
La exposición Vacío del fotógrafo majorero Carlos de Saá propone un recorrido singular por el paisaje poético de una Fuerteventura desnuda, desértica y sin rastro humano durante el confinamiento de la pandemia del Covid. Curiosamente, diecinueve son las imágenes que componen este recorrido íntimo a ojos del autor.
Vacío es un proyecto visual, a medio camino entre la fotografía documental y el trabajo de autor, que invita a la reflexión en torno al peso de la huella humana sobre el territorio. A través de estas diecinueve imágenes se retrata un paisaje desértico. El tiempo y el turismo se detienen para que el espectador pueda apreciar la sensibilidad de la isla de Fuerteventura. El espacio crece en una isla desnuda, libre de la atadura turística.
La exposición, que se puede visitar hasta el 6 de junio en la Sala Cubo de El Almacén, forma parte del recorrido por el paisaje majorero que el fotógrafo realizó durante la pandemia de 2020, un momento en el que se pronosticaba un cambio en la percepción del desarrollo turístico y que, sin embargo, sirvió para todo lo contrario. Tras el periodo de reclusión, los viajeros se lanzaron a la calle, presos del pánico a un nuevo encierro, para invadir territorios y paisajes. Rincones únicos y secretos que pertenecían a los lugareños han sido mancillados a golpe de like en las redes sociales.
Seis años después, en pleno debate sobre la turistificación o la limitación de la capacidad de carga del territorio, las imágenes de Carlos de Saá y los textos que las acompañan de Juan Darias y María Valerón ofrecen una nueva oportunidad para apreciar la belleza de un paisaje inmaculado añorado. Juan Darias escribe: “Estamos como el paisaje, agredidos y abandonados”. Un paisaje que ha sido agredido por un “enorme depredador”, señalaba De Saá en una entrevista de 2021 con motivo de la inauguración de esta exposición en Fuerteventura.
“Pensábamos que aquel momento nos iba a hacer reflexionar y preocuparnos por el territorio, más conscientes y responsables con esa presión sobre el pasaje. Sin embargo, lo que ha sucedido es un efecto rebote y ha empeorado todo. El peso sobre el territorio ahora es cinco veces superior a 2020”, comenta el autor en la actualidad. A ello ha contribuido sin lugar a dudas la difusión en redes sociales. “Todos esos lugares que creíamos propios tenemos que compartirlos e incluso cederlos a la masa de visitantes que vienen a vernos”.
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Es imposible pensar en la posibilidad de encontrar, en pleno 2026, un paisaje tan desnudo como el que reflejan las fotografías del artista. Como parte de esta línea argumental se incluye en esta exposición una proyección de 23 imágenes realizadas por Carlos de Saá en 1996. “Revisando mi archivo fotográfico sentí que las imágenes captadas durante la pandemia era como si estuviera viajando en el tiempo, volviendo a un lugar del que me había olvidado ya”. Durante 1996, Fuerteventura contaba con alrededor de 45.000 residentes. En 2020 superaba ya los 120.000, sin contar los cerca de tres millones de visitantes anuales.
“Desde que un punto se marca en redes sociales, se convierte en lugar de tránsito”
Durante la pandemia, el fotógrafo sufrió además la pérdida de un ser querido. Un momento emocional que contribuyó a rememorar ese viaje al pasado. Durante los recorridos que realizaba por la Isla empezó a incluir lugares con los que tenía cierto vínculo emocional y que durante los últimos 30 años habían cambiado considerablemente. “Sentía que esos lugares habían recuperado su esencia. Era como volver a casa. Sentía que quizá era la última vez que podría fotografiar esos paisajes vacíos, libres de la presencia humana”, apunta De Saá.
“Los isleños siempre hemos sentido ese tipo de lugares remotos, desolados, como nuestros rincones especiales huyendo de las zonas más turísticas. Ahora se ha convertido en misión imposible. Vayas donde vayas, hay gente. Cualquier punto de la Isla, desde que pasa alguien y lo marca en las redes sociales, se convierte en lugar de tránsito de miles de turistas”, lamenta el fotógrafo. “Lo que le daba la autenticidad a ese lugar se pierde. Parte del encanto de ese espacio era precisamente la ausencia del ser humano”.
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Aislamiento
También habla Carlos de Saá de la sensación de “aislamiento” que le invadió durante la pandemia. “A veces pensamos que estamos unidos al continente por la facilidad de conexión por mar o aire. Sin embargo, durante el confinamiento recuperamos la sensación real de vivir en un lugar remoto y alejado de todo”.
Algunas de las imágenes reflejan el límite del territorio con el horizonte al fondo. Una muestra más de la vulnerabilidad de residir en una isla en medio del océano. La presencia de una embarcación en el horizonte se concibe en ese instante como un momento único, inusual, que trastoca el paisaje. “Intento transmitir esa sensación de que la Isla tiene un límite”, ensalza el fotógrafo.
“Para mí la fotografía siempre ha sido un refugio, la pandemia me permitió volver al origen para gestionar todas las emociones que estaba viviendo”, comenta Carlos de Saá. El artista, que se declara un “consumidor” habitual de la cultura que divulga el CIC El Almacén, explica que “pensar en la fotografía a nivel espiritual, es hacerlo en blanco y negro, en un laboratorio oliendo a fijador, revelando fotografía analógica”. Y aunque este trabajo se ha realizado en digital, de haber elegido el color para la exposición, corría el riesgo de que las imágenes parecieran una postal, una promoción más, todo lo contrario de ese intento de “invitar a la reflexión”.
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Visitas
Para disfrutar de la experiencia, la exposición cuenta con visitas guiadas de la mano del artista y gestor cultural David Machado. En abril, está fijado el día 25, mientras que en mayo las visitas serán el 5, 16 y 26; finalizando estos recorridos el último día de apertura al público de la muestra, el 6 de junio. Los martes, serán en horario de 18.00 horas mientras que los sábados será a las 12.00 horas.
Otra cita para descubrir los entresijos de esta exposición será la conversación entre el autor y Juan Darias, una charla moderada por María Valerón que tendrá lugar el próximo 16 de mayo a las 12.00 horas.
Carlos de Saá (Fuerteventura, 1973) es un destacado profesional de la fotografía en Canarias, con una larga trayectoria vinculada a la comunicación como la Agencia ‘EFE’, ‘Diario de Fuerteventura’ o la colaboración con publicaciones fotográficas en medios internacionales como ‘The New York Times’, ‘The Washington Post’ o ‘The Guardian’, entre otros.
Ha recibido reconocimientos a su trabajo, como el primer premio individual y una mención especial a la serie en el Certamen Regional de Fotografía Informativa y Documental, Fotonoviembre. Accésit del II Premio Regional de Cajas de Ahorros de Canarias en 2003 o el Premio Internacional ‘Rafael Ramos García’ en 2007, entre otros.
Ha participado en exposiciones colectivas como el proyecto ‘Mbëkk Mi a golpes’ sobre las rutas migratorias en el Instituto Cervantes de Dákar en 2009, así como en ‘Islas del mundo’ u ‘Otra visión del cielo’ también en las sedes del Instituto Cervantes de Madrid, Lisboa, Lyon y Bruselas entre 2009 y 2010.
Entre sus trabajos individuales destaca ‘El viaje a ninguna parte’ en la Casa de Canarias de Barcelona y en la Universidad de Granada en 2003, ‘Caleisdofera’ en el Centro de Arte Juan Ismael y el Jardín Botánico de Madrid entre 2010 y 2011. Entre 2020 y 2021 expuso ‘Vacío’ en el Centro de Arte Juan Ismael, mientras que entre 2024 y 2025 exhibió el proyecto ‘Años de sal’ en el Hospitalito de La Ampuyenta y en la Sala Polivalente de la Biblioteca de Gran Tarajal en Fuerteventura.
















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