‘Bajotierra’, tres universos de creación ‘outsider’
La galería Arteenmala acoge una exposición con obra de la artesana ceramista Victoria Pluma y los pintores Juan Peña y José Luis
“En los tiempos que vivimos, he llegado a pensar que lo único que nos acabará quedando es hacer un agujero y escondernos bajo tierra. Y dándole vueltas a esa idea, caí en la cuenta del doble significado del término acuñado en los sesenta, el underground, que además de traducirse como debajo de la superficie, fue un movimiento contracultural que promovió manifestaciones artísticas marginales y contestatarias, algo que vuelve a estar en boga como oposición a la mercantilización del arte y el capitalismo cultural”, explica Luz Gloria López, propietaria de la galería Arteenmala.
No le resultó complicado que el repaso de artistas que encajaran en ese perfil outsider y no convencional le llevara a la cabeza a la artesana ceramista Victoria Pluma y a los pintores Juan Peña y José Luis, quienes no dudaron en sumarse al proyecto y ponerse a la tarea de preparar obra para una exposición colectiva, que abre sus puertas el 11 de abril a las seis de la tarde.
“En un principio pensé en una muestra individual de Pluma, porque es muy polifacética y tiene tejidos, utensilios de barro cargados de simbolismo, escultura figurativa, fotografía... Pero luego me di cuenta de que el acompañamiento de los paisajes realistas de Juan Peña y el expresionismo abstracto de José Luis le ponían un contrapunto muy interesante al conjunto”, argumenta.
La conversación sobre la exposición colectiva, titulada genéricamente Bajotierra, transcurre en el interior de la cueva donde la artesana tiene su taller, a la orilla de un barranco que se ha cubierto de flores después de las últimas lluvias. La gruta es un espacio profundo excavado en el volcán para la extracción de picón que ha devenido bóveda de líneas curvas y orgánicas y templo ritual para su moradora.
El acceso está colmado de especies nativas y de hierbas aromáticas, algunas de las cuales acabarán en una tisana de lo más reconfortante. Y aunque la tarde es de hielo, el interior, adornado con figuras de diosas, máscaras y coronas vegetales, abraza con la calidez de un refugio de montaña. Victoria Pluma enciende velas, quema incienso casero y entona un cántico de ecos indígenas acompañada de un tambor, cuyo sonido retumba contra los muros de piedra.
Luz Gloria López: “Los tres son artistas todo el tiempo, el arte es su modo de vida”
En una esquina reposa la pella del que denomina “barro aborigen”, al que la artesana recurre cuando el impulso creativo le pide un mayor contacto con los ancestros. “Con este barro tan antiguo que recojo en la montaña, la preparación es todo un ritual de atención, conocimiento, presencia, ritmo, espera y comunión, muy visceral y auténtico. El lodo se mezcla con arena marina que el alisio deposita en el valle, y se amasa con los pies desnudos. Luego empiezo desde una bola y utilizo las manos para levantar una pieza, a churros y urdido, de manera rudimentaria, con las herramientas primitivas, la piedra, el callao, la lapa y los huesos”, explica. Todo manual. No hay torno. Tampoco hay moldes. Y la cocción, la alquimia de la tierra, el agua, el aire y el fuego, se lleva a cabo en un horno tradicional construido en un recoveco del muro.
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Amor en barro lento
Es amor en barro lento, asegura. Pero para la mirada bisoña, sus avezados dedos son rápidos en el trabajo con la mezcla rojiza, que eleva y moldea hasta convertir en una vasija, que es mucho más que un objeto ornamental o de uso cotidiano: “El barro para mí representa a la madre de la creación, el origen, la grieta de la que venimos. Trabajar con arcillas me permite un lenguaje de restauración del alma, una manera de ordenar el caos, de resucitar algo que parecía muerto. Porque el barro, cuando se pisa, cuando se lleva al fuego, es como si volviera a la vida como símbolo, además de ser algo utilitario”.
En el acto inaugural, Victoria Pluma compartirá un ritual performativo
El underground artístico que propone Luz Gloria López, cobra mil significados en Victoria Pluma, que vincula su espíritu creativo con la cueva útero de la que emana su obra, de un abanico enorme de variedades y disciplinas, pues, como apunta, “recrearme constantemente en una vasija me resulta muy limitado”. Y añade: “A través de la escultura puedo expresar diferentes lugares del alma que necesitan ser recordados. Para la muestra hay una serie de piezas que quiero compartir, inspiradas en el homenaje a la fertilidad femenina, como las vulvas y los cuencos ceremoniales”. También describe máscaras y figuras para la pared, instrumentos de viento, como ocarinas y flautas, y tótems, “joyas sagradas realizadas con la técnica milenaria del nudo de macramé”, engarzadas con piedras, conchas, coral negro y fragmentos cerámicos.
Para la artesana, la creación es un salto al vacío que inicia en el mismo acto de entregarse al proceso, para el cual necesita estar liberada de la presencia de los trabajos ya realizados. “La energía de cada pieza es información que crea mucha densidad a mi alrededor. Así que mantengo la obra guardada, esperando, en estado latente, al momento en que se encuentre con la persona para quien está hecha”. Explica que ha rechazado acudir a ferias y mercadillos de artesanía, a pesar de tener el carnet habilitante, “para no entrar en la línea de producción y matar el alma”, aunque respete a quien lo hace.
La infusión humea en la taza. Pluma, iluminada por los últimos rayos de sol de la tarde que se cuelan por la boca de la gruta, no ha dejado de acariciar el barro, que va cobrando forma entre sus manos. Imposible no imaginarla como una aborigen de los tiempos en los que la población de Lanzarote desconocía la cultura occidental y vivía en íntima conexión con la naturaleza.
Ella lo hace, en desafío permanente a los convencionalismos, la incomprensión y las advertencias: “Aunque soy isleña, de la roca menorquina, la cueva me ha hecho mi propia terapia, igual que vivir en el barranco. Porque hay mucha gente que habla de manera poética de la naturaleza pero no la convive; igual que hay artistas que se inspiran en la naturaleza pero nunca la pisan. La sociedad se ha disociado de su lugar de pertenencia original. No me falta un tornillo, es un retorno a algo que para mí es más coherente”, dice.
La artesana es consciente de que algún día tendrá que dejar atrás su estilo de vida, después de siete años cuidando la zona y cinco habitándola. “Mi pregunta es, ¿cómo voy a volver? Tendré que desaprender la naturaleza para poder adaptarme a algo que nos hemos montado nosotros mismos; sé que va a ser un duelo muy profundo, que me va a quitar mucha percepción y mucha energía”.
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La artista, junto a la propietaria de la galería Arteenmala, Luz Gloria López.
Ritual performativo
El acto inaugural de Bajotierra será una velada única y singular en la que Victoria Pluma compartirá con el público asistente un ritual performativo, una ofrenda para llegar al corazón de las personas. “Es algo que vivo desde hace siete años en la intimidad y que he mantenido en privado; que solo muestro a través de Instagram como algo artístico, porque en realidad es un ritual de paso que trabajo con mujeres en la mayoría de los casos. Es la puerta de acceso a una parada con una misma, para revisarnos, como lo hacían los antiguos en la naturaleza. Ahora vamos a un consultorio y vemos a un terapeuta”.
Luz Gloria López recuerda además que las instalaciones que utilice Pluma para su propuesta escénica quedarán expuestas en la galería durante los tres meses que dure la exposición, como piezas representativas igualmente de su universo creativo.
Pluma: “Con la escultura puedo expresar lugares del alma que necesitan ser recordados”
Junto a ella, dos outsiders del mundo de las artes plásticas, Juan Peña y José Luis, ofrecerán su propuesta pictórica, eficaz y complementaria. El primero es un pintor realista y de la naturaleza, compañero de formación de Antonio López, cuya vivencia en Lanzarote incluye también unos años de morada en una gruta cerca del volcán de La Corona, donde se enamoró de la soledad y el silencio. En colaboración con Victoria Pluma, lleva cuatro años trabajando en un monumental retrato, al que acompañarán sus vibrantes y luminosos paisajes y otras obras de inspiración indigenista. Define su trabajo como “una terapia que me centra y conecta con mi esencia, y a la vez conecta a las personas que lo ven y lo sienten”.
Habitual de la programación de las salas de arte municipales, es uno de los pinceles destacados en el blog islafotografia.com, que destaca “su arte, su espíritu, su pasión y la conexión que comparte con Lanzarote”. Junto con otros dos artistas, tiene un showroom frente al mercado municipal de Haría.
Por su parte, José Luis es un viejo conocido del mercadillo de artesanía norteño, donde se instala cada sábado a pintar y a vender sus obras desde hace muchos años, de manera intuitiva y autodidacta, profundizando en el expresionismo abstracto, admirador confeso de la escuela americana. Recaló en Lanzarote después de largos años en la isla de La Gomera, donde era fotógrafo entre otras ocupaciones, pero fue al llegar a Lanzarote, hace ya 25 años, cuando se dedicó obsesivamente a pintar.
“Es un creador intuitivo, pinta sin premeditación, sin plan, a la deriva; es él y el papel o el lienzo. Los tres son artistas todo el tiempo, el arte es su modo de vida. Al margen de instituciones y statu quo han encontrado la manera de ser creadores sin límites. Viven de lo que hacen, de su dedicación y entrega al arte. No pueden ser otra cosa, es el salvavidas que los mantiene a flote”, recalca la galerista con tono de admiración.
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