El informe del perito judicial concluye que el suelo que saldrá a subasta es rústico, pero el pueblo ha vivido semanas de temor e incertidumbre, reviviendo la lucha que ya libraron hace 25 años.

Playa Quemada respira, pero no baja la guardia: “Estaremos vigilantes”
El informe del perito judicial concluye que el suelo que saldrá a subasta es rústico, pero el pueblo ha vivido semanas de temor e incertidumbre, reviviendo la lucha que ya libraron hace 25 años.
“Estábamos tranquilos porque pensábamos que todo eso estaba parado, pero ahora vemos que hay alguien que sigue con algún tipo de interés”. Las palabras de Darío, que lleva toda su vida viviendo en Playa Quemada, reflejan la sensación que ha predominado en el pueblo en las últimas semanas: el desconcierto.
Como muchos vecinos, Darío formó parte de la Plataforma Proteger Playa Quemada, que nació hace 25 años para frenar dos planes parciales previstos a ambos lados de la localidad. Entre los dos contemplaban más de 4.000 camas turísticas y residenciales, un campo de golf y otras instalaciones deportivas, comerciales y de ocio, que nunca llegaron a construirse. Sin embargo, la inminente salida a subasta de los terrenos de uno de esos planes parciales sembró de nuevo los temores y, sobre todo, las dudas, ante el riesgo de que fueran considerados urbanizables.
Finalmente, la noticia de que el perito designado por el Juzgado de Primera Instancia Número 3 de Arrecife ha clasificado como rústicas las parcelas ha devuelto algo de calma al pueblo. “Estamos más tranquilos, pero lo mejor es que nadie lo compre, porque si lo compra será para intentar algo. Es mucha inversión”, apunta una vecina que también formó parte en su día de aquella Plataforma.
Otras, como Bárbara, son más optimistas: “En 30 años han pasado muchas cosas que nos han puesto nerviosos y al final hemos visto que no se realizaba nada. Siempre hay peligro, porque es un sitio muy especial y es el único lugar que queda como era antiguamente, pero ahora estoy más tranquila, la verdad. Al menos por unos años”.
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Laura, en la imagen junto a varios amigos y su vecina Valentina, lleva siete años viviendo en Playa Quemada.
Una deuda impagada
La subasta tiene su origen en un procedimiento judicial iniciado por la empresa Asistencia Oasis Lanzarote SL contra Prosolmar SA, por una deuda impagada. Al ser Prosolmar la promotora del antiguo Plan Parcial Costa Playa Quemada, esos terrenos estaban entre los bienes embargables, y para sacarlos a subasta había que calcular su valor, determinando en primer lugar si el suelo era rústico o urbanizable.
“Ahora estamos más tranquilos, pero lo mejor es que nadie lo compre”
El Juzgado solicitó hace tres años un informe al Cabildo, presidido entonces por la socialista María Dolores Corujo, pero la Corporación insular no respondió, según ha denunciado ahora el actual grupo de gobierno. De hecho, fuentes judiciales han confirmado que fueron hasta dos los requerimientos que se enviaron a la Corporación insular. Por su parte, el Ayuntamiento de Yaiza pidió el pasado 12 de febrero un informe al Cabildo sobre la situación de estos terrenos, lo que aumentó la incertidumbre en el pueblo.
La respuesta llegó una semana después, recordándole al Consistorio que “la competencia sobre clasificación y calificación urbanística reside en el Ayuntamiento”, así como la emisión de informes jurídicos al respecto. No obstante, el director insular de Ordenación del Territorio y Política Territorial concluyó que “a día de hoy, atendiendo a los antecedentes judiciales y la legislación urbanística”, ese suelo “tiene la apariencia de rústico común”.
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Monso vive en Playa Quemada desde los ocho años y espera que el pueblo se mantenga como está.
“Ojalá yo no lo vea”
Durante semanas, los vecinos de Playa Quemada han ido compartiendo mensajes con cada noticia que se publicaba. “Estamos todos esperando a ver por dónde sale la cosa, pero si hace falta, nosotros volveremos a salir a la calle”, advertía Laura antes de conocer el informe del perito judicial.
“Según la lógica pienso que no se va a hacer, pero claro, el dinero es poderoso”
Las acusaciones cruzadas entre partidos e instituciones desde que estalló la noticia han tenido en vilo al pueblo, que respira un poco más tranquilo tras conocer ese informe. No obstante, la inquietud sigue ahí. “Ojalá que yo no lo vea, está claro, pero cuando hay perras, niño, tú sabes”, apunta Alberto Francisco, que reside en la localidad desde que tenía cuatro años y también integró aquella plataforma vecinal para salvar Playa Quemada.
Valentina no vivió aquella lucha, porque solo lleva un año en el pueblo, pero comparte la postura de la mayoría de los vecinos: “Esto es un paraíso y la urbanización lo destruiría todo”. Ahora, casi todos esperan que no se llegue a esa situación. “Yo pienso que hoy en día funciona mucho más la protesta, hay más sensibilidad y no es tan fácil como antes ejecutar un plan a costa de la Isla, en uno de los pocos espacios que quedan sin construir”, apunta Bárbara. Eso sí, como casi todos, añade un pero: “Según la lógica yo pienso que no se va a hacer, pero claro, el dinero siempre es el más poderoso”.
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Darío ha vivido siempre en Playa Quemada y también formó parte de la plataforma vecinal.
Una batalla histórica
Los temores en el pequeño pueblo de Playa Quemada comenzaron en el verano de 2001, cuando los vecinos empezaron a ver topógrafos haciendo mediciones en el pueblo. Poco después, el 17 de octubre, esos miedos se confirmaron: el Boletín Oficial de Canarias publicó el Plan Parcial Costa Playa Quemada, que en realidad había sido aprobado por la COTMAC ocho años antes, en 1993.
Algunos vecinos ya llevaban una década luchando contra ese plan, porque denunciaban que la promotora había incluido terrenos de su propiedad, pero la verdadera movilización colectiva comenzó con esa publicación en el BOC. Solo unos días después, los vecinos celebraron su primera asamblea a la orilla de la playa, y para el 3 de noviembre ya habían constituido la Plataforma. Lo primero que hicieron fue formar un grupo de trabajo para “investigar qué estaba previsto en la zona”, y descubrieron que la amenaza venía por dos frentes.
“Esto es un paraíso y la urbanización lo destruiría todo”
Por un lado, el Plan Parcial Costa Playa Quemada, que es el que vuelve a estar ahora sobre la mesa y que estaba impulsado por Prosolmar SA, cuyos administradores son José Luis Betancort, de Construcciones Torres, y Agustín Ojeda. Por otro, el Plan Parcial Playa Quemada, promovido por Lanzasuiza SA, que en su día tenía al frente a Juan Francisco Rosa. Cuando estalló la polémica, el empresario negó tener intereses urbanísticos en la zona, pero los vecinos, 25 años después, siguen sin creer aquellas palabras.
“Rosa quería tumbar ese morro de ahí y hacer un hotel”, apunta Alberto Francisco. Lo dice mirando hacia el lado de Los Ajaches, que es donde se ubicaba ese plan parcial, que contemplaba 340 camas turísticas y otras 1.793 residenciales, con sus respectivos complementos de ocio. El otro, el de Prosolmar, se sitúa hacia Puerto Calero y preveía casi 2.000 camas entre turísticas y residenciales, incluyendo una clínica de salud privada y un campo de golf. Ambos planes, además, han tenido en común un nombre: Felipe Fernández Camero.
El que fuera secretario del Ayuntamiento de Arrecife y asesor urbanístico del Ayuntamiento de Yaiza, hoy condenado en el caso Unión, figuraba en su día como apoderado de Lanzasuiza, y también ha representado a Prosolmar como abogado en distintos pleitos emprendidos en defensa de ese plan parcial. Además, la empresa Playa Quemada SA, que empezó después a aparecer en los expedientes en lugar de Lanzasuiza, tenía su sede social en el domicilio particular de Fernández Camero, en la calle Adelfas.
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Alberto vive en Playa Quemada desde los cuatro años y formó parte de la plataforma Proteger Playa Quemada.
Supuesto consenso
La Plataforma Proteger Playa Quemada inició en 2001 una recogida de firmas y un envío masivo de cartas y correos electrónicos a distintas instituciones, y sus quejas tuvieron respuesta. A su lucha se sumaron distintos colectivos ecologistas de la época, como El Guincho, Foro Lanzarote y Achitacande, que rebautizaron el movimiento como Salvar Playa Quemada, convirtiéndolo después en uno de los lemas de la histórica manifestación del 27-S. En aquellos meses, todos los partidos políticos de la Isla se terminaron pronunciando contra la urbanización de este espacio.
El Cabildo presentó un recurso contra la publicación del Plan Parcial Costa Playa Quemada en el BOC, pero terminó siendo rechazado por el Tribunal Supremo siete años después. El entonces presidente, Enrique Pérez Parrilla, también anunció que iniciarían los trámites para reclasificar el suelo de ambos planes, abonando las indemnizaciones que correspondieran; mientras que el PIL propuso después que la Corporación insular adquiriera esos terrenos, y CC y el alcalde de Yaiza, José Francisco Reyes, apoyaron la idea. Finalmente, ninguna prosperó.
“Antes o después llegará, porque hace un montón de años que lo están intentando”
El Plan General de Yaiza de 2014 sí desclasificó ese suelo, pero desde el pasado año está anulado de manera firme por los tribunales, y eso fue lo que alimentó ahora las dudas. No obstante, juristas y políticos coinciden en que ese suelo tiene la categoría de rústico por las leyes del Gobierno regional que se aprobaron después.
En cualquier caso, la mayoría de los vecinos advierten que el pueblo seguirá vigilante. “Hay gente que tiene intereses que no son precisamente los de mantener la Isla como está”, apunta Darío. Otros, creen incluso que será inevitable. “Tarde o temprano lo harán. Que lo veamos o no lo veamos nosotros es otra cosa, pero ellos buscan vías donde sea para urbanizarlo todo”, lamenta Monso, que vive en Playa Quemada desde los ocho años. Laura lanza un mensaje similar: “Se sabe que antes o después llegará, porque hace un montón de años que lo están intentando”.
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A diferencia de la mayoría de sus vecinos, Olga sí está a favor de que se urbanice Playa Quemada.
Voces discrepantes
Desde la esperanza o desde la preocupación, casi todos los vecinos coinciden en rechazar el desarrollo urbanístico de Playa Quemada, pero también hay voces discrepantes. “Los extranjeros no quieren que se haga nada en el pueblo”, cuestiona Olga, refiriéndose a algunos de sus vecinos, entre los que hay personas procedentes de países como Italia y Alemania, pero también muchos lanzaroteños. Ella, personalmente, afirma que sí está a favor de que se construya: “Si sale bien y lo aprueban, pues me alegro”.
Con varias décadas a sus espaldas, Olga afirma estar cansada del abandono que sufre la localidad y de los problemas en servicios como el transporte o Internet. “Nosotros pedimos y pedimos y no hacen nada, pues por lo menos que hagan eso. Estamos cansados ya de que los alcaldes y el Cabildo prometen y prometen, pero no hacen nada por Playa Quemada”.
En lo que sí coincide con el sentir mayoritario del pueblo es en celebrar que por fin, hace dos años, consiguieron que se retiraran las jaulas marinas de Yaizatún. Sin embargo, para el resto de vecinos, ese es un motivo más para luchar por preservar este espacio. No quieren ni pensar que después de haber ganado esa batalla, ahora tengan que afrontar una nueva amenaza. “Ya tienen Puerto Calero para los ricos y todo Puerto del Carmen para los guiris. Que dejen Playa Quemada quieta”, reclaman.
A su favor juega la mayor conciencia medioambiental que creen que existe hoy en la Isla. “Yo me he quedado gratamente sorprendida de que se haya generado una alarma social solo de escuchar la idea de que se vaya a construir. Está todo el mundo escandalizado”, apunta una vecina. “En el fondo creo que no va a pasar nada malo, pero hay que estar muy pendientes y vamos a estarlo”.
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Playa Quemada tiene 116 habitantes según el padrón municipal -casi los mismos que hace 25 años-, pero los vecinos coinciden en que no llegan ni a la mitad los que realmente residen en el pueblo durante todo el año. “Esto es una gozada, sobre todo en esta época del año. Es verdad que en verano vienen vecinos que son amigos de toda la vida, pero en invierno es una pasada”, subraya Darío. “Por la noche se ven las estrellas porque no hay contaminación de luz, no hay ruido... Es el encanto que tiene”, añade Laura.
Lo único que sí ha proliferado son las viviendas vacacionales, bien permanentes o alquiladas durante el invierno por sus dueños, y también otros problemas como los quads, que atraviesan los caminos pese a la prohibición. Pero el número de construcciones se ha mantenido estable, con dos zonas diferenciadas: las casas ubicadas en la parte baja, junto a la playa, y las situadas en lo que los vecinos llaman “el barrio chino”. “A lo mejor porque está construido un poco salvaje, muy apretado, un poco caótico”, explican.
Por lo demás, el tiempo parece haberse detenido en esta localidad que a principios de siglo consiguió frenar su desarrollo urbanístico. De hecho, los problemas también son los mismos que entonces. Los vecinos se quejan de la falta de transporte público -el taxi guagua que anunció el Ayuntamiento en 2024 solo hace dos viajes al día y no funciona los fines de semana-, de la falta de limpieza y de los fallos en servicios básicos. “Muchas veces se va la luz, a veces se corta el agua, Internet no funciona bien y no hay tiendas”, pero la mayoría lo asume como el precio de vivir “en el paraíso”. Y han librado varias luchas para protegerlo.
El mismo año en el que se iniciaron las protestas para frenar los dos planes parciales que pretendían desarrollarse en Playa Quemada, el pueblo vio cómo el Gobierno de Canarias autorizaba una industria de acuicultura frente a sus costas. Durante más de dos décadas han tenido que convivir con “malos olores”, “ruidos” y “suciedad” en el agua, pero todo eso terminó en 2023, cuando por fin consiguieron que se retiraran las jaulas marinas. Ahora, solo esperan seguir viviendo “con tranquilidad” en este rincón privilegiado de la Isla.
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