Irma Ferrer

El amor frente al odio

Pudiera pensarse que el mensaje mundial lanzado en la superbowl protagonizado por Benito Antonio Martínez Ocasio (Bad Bunny), no es más que un eslogan publicitario carente de la debida profundidad, pero no es así. Ante la gravedad de los hechos que acontecen a diario en el panorama mundial, recurrir a lugares tan comunes como el amor o el odio pudiera parece superfluo e incluso frívolo. Sin embargo, dicha enunciación tiene un trasfondo tan potente como lo es el hecho de que el odio se ha convertido en el lenguaje de nuestros tiempos. Si algo puede reconducir el camino distópico en que se ha convertido la realidad, es precisamente el acto de amar. No hay nada más humano.

Este tipo de manifestaciones multitudinarias en favor del afecto son inyecciones masivas de fortaleza para la resistencia y, al tiempo, producen un efecto devastador frente al movimiento neo-fascista que atenta fuertemente contra el bienestar del planeta y de sus habitantes. Si atendemos a lo acontecido en épocas pasadas, si cuantificamos en tiempos de humanidad la permanencia del mal en las comunidades, podremos observar que la humanidad siempre tiende al avance en derechos, respeto y convivencia, mientras que los períodos oscuros, siendo inevitables y constantes, pues nacen con vocación de permanencia y producen efectos devastadores, no perviven. Se autodestruyen. Y no hablo solo de nuestra cultura o de nuestra sociedad, incluyo fenómenos como la colonización, la esclavitud y, más recientemente, la destrucción del planeta que habitamos. Hablo de periodos ajenos a la vida de una persona, tiempos de escala supra-individual.

De hecho, creo que nos toca vivir tiempos oscuros, de dolor y de ignominia. Nada puede ya evitarlo. Cosas veredes, querido Sancho. Sin embargo, el triunfo de la violencia y de la destrucción sólo podrá convertirse en una constante si se dan, a mi juicio, dos condicionantes: el imperio de la mal llamada inteligencia artificial frente a la humanidad, y la destrucción de la naturaleza que nos sostiene. Precisamente las dos vías, retroalimentándose, que ya están explotando los líderes del capital, los nuevos dueños del planeta, aquellos tecno-fascistas que dirigen la política internacional sin necesidad de presentarse a las elecciones, ni deseo alguno de respetar el llamado mejor modelo de gobernanza conocido hasta la fecha: la democracia.

El mensaje del amor frente al odio tiene un poder incalculable por una razón muy sencilla: está al alcance de todos. Amar supera todas las barreras que paralizan a cada una de las personas que observan lo que ocurre, sintiéndose frustradas porque consideran que no tienen posibilidad real de intervenir para cambiar la realidad. Es accesible, barato, posible. Parece algo sencillo, de una simpleza casi infantil, pero amar, junto con razonar, son precisamente las fortalezas del ser humano y el talón de Aquiles de la vileza imperante.

A lo largo de la historia, amar ha sido reservado a las mujeres. Se ha infravalorado su naturaleza y poder, se ha considerado incluso una debilidad. Amar, cuidar, proteger, atender, mimar, respetar... no podríamos tener mejor herramienta para enfrentar la violencia que sacude nuestra realidad y que, más pronto que tarde, sacudirá nuestro día a día. Evidentemente no me refiero al amor de la pareja, la familia y la amistad, que también, por supuesto. Me refiero a la consideración de la humanidad y la naturaleza como sostén de la vida, merecedora de protección, cuidado, atención y respeto. Debería ser la primera lección vital, pero que hemos ninguneado y obviado ante las urgencias impuestas por el capitalismo.

¿Podemos enfrentar el odio con el amor?  El amor es lo único que podemos enfrentar al odio. Frente a los mensajes viscerales que nos llevan a temer al otro, los hunos contra los hotros, no hay argumento, ni razón, ni dato, ni realidad que pueda resquebrajar la rabia infinita del miedo y de la frustración. Nada. Nada salvo el amor. Quizás lo más simple es la llave para combatir la complejidad. El primer escalón.

He podido ver de cerca la destrucción que produce el odio y he podido sentir la fuerza del amor. La destrucción forma parte intrínseca del sistema. Llevo años diciendo que las personas que abusan de otras personas, abusan con la misma crueldad del territorio. Y son seres humanos destruidos, monstruos con cuerpo humano. Arruinados en su integridad humana. Curiosamente, las personas que más confían en el amor son las personas más sólidas, las más auténticamente poderosas. El poder no reside en lo que acaparas o posees, sino en quién eres y lo que eres capaz de dar. Ofreces porque compartir forma parte del desarrollo. El que es, no necesitas aparentar.

Nada me ha llamado más la atención en los casos de corrupción que he tenido la oportunidad de estudiar que la depravación del ser humano. El abuso de poder, la insaciabilidad de la vacuidad y la inmoralidad de la putrefacción humana, destruye a las personas. Las hace eternamente infelices, constantemente frustradas, ansiosas de dominar y de acumular, sin embargo, solo huyen de sí mismos y de aquello en que han convertido su vida. Necesitan tanto adorno para no verse.

No se confundan pensando que la brutalidad de los mil millonarios que protagonizan los relatos de la pesadilla Epstein, están muy lejos de lo que hacen las consideradas élites locales o nacionales. Son las mismas bestias saciadas de impunidad, pero con menos recursos a su alcance. Seres con graves carencias afectivas y ningún tipo de límite moral. Monstruos que han accedido al poder por una cualidad poco humana: carecer de escrúpulos. 

Hace poco nos decía Santiago Alba Rico que había que confiar en las mujeres palestinas, que cada mañana barrían las ruinas de lo que fueron sus casas. La humanidad en manos de las mujeres que protegen su hogar. No dejo de pensar en ello, pues es evidente que nos estamos equivocando con las claves que estamos usando para enfrentar el terror. El desierto crece imparable mientras hunos y hotros nos pretenden convencer con argumentos, debates cargados del odio al que odia, sesudas diatribas sobre la deriva belicista del mundo conocido y de un futuro devastador. Quizás deberíamos empezar por reconocernos en los más elementales fundamentos del ser humano: la vida, la ternura, la compasión y los afectos. Y, fortalecidos en lo que debemos ser, empezar de nuevo.

Claro que el segundo paso es la acción, pero ese es otro capítulo. 

 

Comentarios

Aplícate lo del amor a aquellos de tus semejantes que has decidido odiar. Haz tú examen de conciencia, Irma.
Mi estimada Irma , si , el amor ( apasionada defensa la que haces ) es lo único que puede sostenernos en éste periodo tan convulso que toca vivir. No tengo quizás una visión tan negativa del presente porque confío en nuestros jóvenes y su capacidad de resiliencia que nos puede arrastrar a los que ya tenemos años. Apostemos por la esperanza , por la confianza en nosotros mismos y el silencio definitivo de unos gobernantes ciegos y sordos solo obnubilados por un poder que es efímero si todos somos conscientes de que depende de nosotros nuestro propio futuro . Eso si , la movilización es imprescindible y de momento salvo para las fiestas celebradas con abundante alcohol acompañante , la gente , los vecinos prefieren quedarse en casa .
Querida Anónimo. Tan desnortada como osada, como siempre. Yo no odio, compadezco. Quizás es peor ser compadecida que odiada pero compadecer no me daña y odiar no me nace. Salud, y a misa, querida.
Tú compasión, querida, suena a superioridad y condescendencia, más feo, si cabe. Y tratarme como mujer muestra tus prejuicios y machismo sin conocer quién está detrás del comentario.
Se entiende y comparte el mensaje, pero no vayamos a olvidar que el espectáculo de la final de la super bowl y su mediático concierto intermedio no es otra cosa que una orgía universal ultracapitalista transmitida desde el centro del Imperio norteamericano
Bad Bunny: el Zimbón Bolívar vestido de Zara del siglo XXI
Anónimo, cuando salgas cierra la puerta por fuera.
Perdón, perdón.
Hágase un favor, Irma: deje de jugar a la marquesa de las letras y aprenda a encajar un mandoble con un poco de dignidad. Menos "salud y misa" y más honradez intelectual, que se le ve el plumero desde el cabo de Trafalgar. Si no soporta el calor, salga de la cocina, pero no pretenda que nos traguemos que su desprecio es caridad cristiana. A ver si aprendemos a batirnos el cobre con un poco más de clase y un poco menos de condescendencia.
Gofiona, cuando salgas pídele la llave a Anónimo para que cierres por fuera, por favor.
Anónimo, no te lo voy a perdonar. Te dije que cerraras la puerta por fuera y la dejaste abierta porque entró Gofiona. Ay, ay, ay que trastos que son.
Yo creo que el artículo tiene mas razon que un santo...no se como no se puede estar de acuerdo y ser humano..pero asi estan las cosas...para que llegue al poder toda esa gente ruin que estamos viendo...alguien les tiene que votar...esta muy mal la cosa desde la base...los principios de siglo siempre han sido duros...sigue asi articulista...como bad bunny a ver si se convierte en una epidemia pero de las buenas...
Creo que le están dando demasiada importancia a un concierto que no deja de ser un producto enlatado de rebeldía. Todo está pensado con el único objetivo de vender más.
El principio de amar al prójimo como a uno mismo, conocido universalmente como la Regla de Oro, se manifiesta en prácticamente todas las tradiciones religiosas y filosóficas del mundo como una ética de reciprocidad y compasión. Aquí se detalla cómo se expresa en las principales religiones: Religiones Abrahámicas Judaísmo: La Torá establece explícitamente: "No te vengarás ni guardarás rencor... sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19:18). El rabino Hillel lo resumió como: "Lo que es odioso para ti, no lo hagas a tu prójimo". Cristianismo: Jesús identificó este mandato como el segundo más importante, afirmando que "no existe otro mandamiento mayor" que amar a Dios y al prójimo (Marcos 12:31). También se formula como: "Haz por los demás lo que querrías que hicieran por ti". Islam: Aunque no es un versículo literal del Corán, un célebre Hadiz (dicho del Profeta) afirma: "Ninguno de vosotros es un verdadero creyente hasta que desee para su hermano lo que desea para sí mismo". Tradiciones Orientales Hinduismo: En el Mahabharata, se enseña que "uno no debe comportarse con otros de una forma que para uno mismo es inadecuada". Budismo: Se centra en la compasión (karuna) y la bondad amorosa. Buda enseñó: "Un estado que no es grato para mí, ¿cómo puedo exigírselo a otro?". El principio es no lastimar a otros con lo que a ti te duele. Jainismo: Dicta que el ser humano debe tratar a todas las criaturas del mundo como él quisiera ser tratado. Confucianismo: Confucio enseñó la versión negativa (o "regla de plata"): "Lo que no desees para ti, no se lo hagas a los demás". Otras Tradiciones Sijismo: Promueve el servicio desinteresado y ver a Dios en todos los seres, tratando a cada persona como a un igual. Zoroastrismo: "Actúa como deseas que hagan contigo". Esta enseñanza compartida sugiere que la empatía y el respeto mutuo son los pilares fundamentales de la moralidad. ¿Amar al prójimo como a uno mismo profundicemos en cómo esta regla influye en los derechos humanos modernos? La transición de la "Regla de Oro" religiosa a los Derechos Humanos modernos representa la evolución de un mandato espiritual hacia un sistema jurídico universal basado en la dignidad inherente y la reciprocidad. Así es como este principio influye en el marco actual: 1. La base de la Declaración Universal (1948) El Artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) es la traducción laica de "amar al prójimo": "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y... deben comportarse fraternalmente los unos con los otros". Este "espíritu de fraternidad" es la codificación moderna de la ética de reciprocidad presente en las grandes religiones. 2. De "Mandato" a "Derecho y Deber" En las religiones, la regla se presenta como un deber del individuo. En los derechos humanos, esta relación se vuelve bilateral: Derecho: Yo tengo derecho a ser tratado con dignidad (lo que yo deseo para mí). Deber: Tengo la responsabilidad de asegurar ese mismo trato para los demás (lo que hago por el prójimo). Esta estructura permite que la empatía se transforme en leyes exigibles ante tribunales. 3. Universalidad vs. Particularismo Mientras que históricamente algunas interpretaciones religiosas limitaban el "prójimo" a los miembros de la propia fe, los derechos humanos modernos eliminan toda distinción de raza, religión o condición social. La regla se expande para incluir al "otro" radical, convirtiéndose en una ética inclusiva necesaria para la convivencia global. 4. Aplicación en Políticas Públicas Hoy, la Regla de Oro influye en áreas como: Protección Social: Se diseñan sistemas basados en la premisa de que todo individuo merece un estándar de vida digno (salud, educación), simplemente porque es lo que cualquier persona querría para sí misma en una situación de vulnerabilidad. Justicia y No Discriminación: El principio de "igual protección ante la ley" [Art. 7 de la DUDH] garantiza que nadie reciba un trato que los legisladores no aceptarían para sí mismos. En resumen, los derechos humanos son el mecanismo legal que permite que el ideal de "amar al prójimo" no dependa solo de la buena voluntad individual, sino que sea una garantía protegida por el Estado.

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