
EL PASEO
Por Saúl García
El concejal Alejandro Ramírez ha mostrado una capacidad de sobreactuación al nivel de una telenovela turca de baja producción
Pocas veces ofrece la actualidad una oportunidad tan clara para repetir título en un artículo semanal. La inconsistencia de la semana pasada se torna robusta frente a la dimisión exprés del concejal Alejandro Ramírez, del Partido Popular de Teguise.
Es reconfortante comprobar que, a pesar de los años, de los sucesos, de las palabras y los hechos, aún queda espacio para la capacidad de asombro que es, al menos, inversamente proporcional a la capacidad de hacer el ridículo que aún atesoran algunos cargos públicos.
El concejal ha mostrado una capacidad de sobreactuación al nivel de una telenovela turca de baja producción, solo comparable a la altura de su misma capacidad de dontancredismo para permanecer impertérrito después, como si la rueda de prensa, cargada de emoción y orgullo herido, la hubiera dado otra persona.
¿Qué quedó de ese orgullo, de esas zancadillas, de esos “baches y problemas recibidos desde 2023”, qué fue del “ego” y los “complejos” de otros miembros del grupo de gobierno? ¿Dónde ha guardado “esa forma de contrarrestar su trabajo” por parte de sus compañeros?
Todo eso se diluyó en una tarde, mágica, al parecer. Donde había escarnio hoy solo hay concordia, donde había resquemor, se ha hecho la luz. “Lo he dado todo”, dijo el concejal, pero le quedaba una última bala: su vuelta triunfal después de una travesía de una tarde, una larga tarde en el ostracismo.
Inconsistencia en las decisiones, deslealtad, falta de capacidad de diálogo interno, sobreactuación, nulo respeto a la palabra dada... Son algunas de las virtudes que ha demostrado este concejal en dos días. Con estos mimbres, solo queda augurarle una larga carrera en la política insular.












Comentarios
1 Anónimo Lun, 09/02/2026 - 09:00
2 Esperpento Lun, 09/02/2026 - 09:04
3 crush Lun, 09/02/2026 - 10:01
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