Marcial Riverol

Arrecife como sustento teórico (solamente), y el fracaso de la gestión pública

El Cabildo de Lanzarote y el Ayuntamiento de Arrecife han patrocinado una actividad promovida por una empresa, desconocida para mí, y cuya cabeza visible parece ser un histórico de CC, David de la Hoz, cuyo objetivo, según manifiestan, se encamina a la transformación de la ciudad, abordando y promoviendo la transición a una capital más justa y humana. La conclusión la adelanto aunque haga espóiler: acordar que hay que hacer determinadas obras y venderlas con palabras grandilocuentes. Añado más, rescatar un proyecto de hace una década, que quedó en un cajón, porque no era creíble como solución a los problemas de la ciudad. Explico mis razones para tal afirmación en la coincidencia de un grupo político en las dos administraciones convocantes y  en la empresa con una cabeza visible del mismo partido, así como en la presencia de la Oficina de la Reserva de la Biosfera que defendía aquel proyecto, todo lo cual parece restar cierto crédito a la iniciativa.

Nos pasamos una eternidad teorizando. A algunos ya no les queda vida para materializar la esperanza y los anhelos de una ciudad mejor. Se nos ha agotado la opinión, y las propuestas murieron en cualquier papelera. ¿Por malas?, no, por prejuicios y señalamientos a los que  consideraban incómodos discrepantes.

Llevamos serpenteando sobre la idea de Arrecife y sus posibilidades más tiempo del que la corrección permite, y me consta que algunos han echado mano de ideas y propuestas ya manifestadas y nunca atendidas. No está mal hacer nuestros los discursos  de otros porque de eso se trata, de que algo quede de aquello que se verbaliza y se  propone para el bien común.

En esta tarea de la vida que es la de incorporar nuevas personas que muestran inquietudes antiguas —por viejas— algo queda claro, que si la preocupación por el entorno urbano es la misma que la que ocupaba a generaciones anteriores, es que los problemas no se han resuelto y están y en los mismos lugares, por tanto, nada habría cambiado en la capital. Si, además, el Cabildo, a través de la Reserva de la Biosfera, sigue estirando el chicle del discurso teórico y este no se ha traducido en aplicaciones prácticas fruto de auténtica escucha y de consenso real, tendremos dos nuevos problemas, el del cuestionamiento de la efectividad de tal servicio y el del fracaso político de la institución que ampara a la oficina de la Reserva.

En esta ocasión, la Reserva de la Biosfera parece querer dar satisfacción, por un lado, a los representantes públicos para que parezca que están en lo que ni están ni les interesa, más que  liderar determinado discurso, lo que resulta tan agotador como volver a leer que hay que repensar la ciudad, la misma que viene siendo repensada cada decenio, de la que se desprenden unas conclusiones fruto de ese proceso y de lo que nunca se ha derivado acción alguna. Re-re-repensar la ciudad es lo que parece tocar en 2026. Por otro lado, podrían estar intentando desempolvar algo parecido a una intención de intervenir, que es la recuperación de un proyecto de años atrás enmarcado en “Arrecife, Capital de la Reserva de la Biosfera”, y que capitaneó el arquitecto y urbanista Juan Palop, precisamente para la Oficina de la Reserva.

En esta ocasión,  ponen por delante, mediante organización empresarial interpuesta, para jugar al disimulo, a un histórico de CC con un currículum sustentado en persistir, y —lo supongo— para facturar por un ciclo de conferencias de los que adelanto que está todo dicho hace décadas. Es cierto que no debemos perder la curiosidad, la capacidad de aprender ni la de sorprendernos. En esta última podemos, incluso,  abrir un capítulo al concepto de urbanismo feminista que zascandilea por esta actividad, así como para tener todos los frentes cubiertos para la fase que vendrá después, evitando que nadie venga diciendo que no fue convocado en el periodo de escucha. Tal concepto produce cierto grado de vergüenza ajena porque lo que tiene de oportunismo, y este parece ser el caso, pues lo que algunas de  sus representantes más descaradas pone como mirada exclusivamente feminista de la ciudad, a mi entender, es la mirada de cualquier ser humano con sensibilidad, inteligencia, sentido común y formación. Escenifica, esta variante de feminismo, una forma de aprehensión que consiste en afirmar que determinadas maneras de proponer son exclusivamente propias del feminismo cuando es de todos.

En esta oportunidad, el proyecto se abre con el título “Urbanismo de los cuidados”, con un ciclo de conferencias en torno a la ciudad. Por hablar, hablan de lo conocido: de corredores verdes, de educación para la resignificación de espacios, de la incidencia de los entornos urbanos en la salud de la ciudadanía. Parques, accesibilidad y peatonalización. Pero también lo hacen de lo manido: de participación, lo cual, a estas alturas sabemos que ni está ni se le espera y que, en todo caso, lo que conviene es dar apariencia de participación, justo como esta convocatoria de dos administraciones públicas y una empresa privada. En este escenario, de nuevo, un personaje recurrente, un arquitecto que no ve el momento de colocar sus caros proyectos en la capital y que parece el nexo entre la Reserva y la empresa Sinergias In & Out, de la que sabemos que fue creada en 2023, con capital social por debajo de los tres mil euros, siendo su actividad económica la de agentes de la propiedad inmobiliaria y su actividad comercial la de agencias inmobiliarias y administradores de fincas.

Años atrás, el arquitecto y la Reserva ya simularon un proceso participativo que fue dirigido para conducir a los participantes a unas conclusiones previamente acordadas que, a su vez, desembocaban en un proyecto para Arrecife. Realmente, fue una encerrona.  No olvido el nombre de las intervenciones presentadas posteriormente, se denominaban "Bioesquinas", más caras que extravagantes, que pretendían acoger  vegetación plantada sobre pérgolas, nada muy diferente a los beneficios de un árbol, pero mucho más costosas, aquellas que este, y hasta con servicio de wifi. Hablamos de 40 instalaciones al precio de 300.00 euros por unidad. Corría el año 2016 y algunos no hemos perdido la memoria.

Cuarenta pérgolas por doce millones de euros como puntos de reunión vecinal, para más de setenta mil habitantes no parece resolver mucho ni creo que dé respuesta al todo que es la ciudad, espacio que ocupa varias decenas de miles de metros cuadrados. Tampoco responde tal proyecto a la regeneración ambiental, esto es, a las circunstancias desfavorables de todo el tejido urbano donde no se haya planteado una de esas instalaciones. En aquello de la capitalidad de la biosfera, ignoro qué consideran qué es la sombra, pues esta se logra de varias formas, aunque al mundo del urbanismo y del arte no suele gustarle  hablar de árboles, y sí de lonas y pérgolas. Complementarias, en todo caso.

Avanzamos algo en lo teórico, que es el uso del concepto de “cuidado” para hablar del urbanismo, término que también se reivindica como muy actual para los procesos educativos en los centros de enseñanza. La palabra da de sí. Pero no sirve para resucitar un proyecto que no entronca en la idea del cuidado de todo el espacio que conforma la ciudad, con kilómetros de vías que demandan una respuesta completa, ni del cuidado de toda su población porque no hay bioesquina para el cuidado de tanta gente. 

Demandemos un proyecto  igualitario en lo social, que  atienda a toda la ciudad y que sea sostenible económicamente. Ese proyecto existe y se llama arbolado.   

En este momento, la clave parece radicar en resucitar costosos y discutibles proyectos ya presentados y que no tuvieron acogida. Puede que, ahora, percatados de la existencia de recursos económicos, que emplear en los nuevos escenarios, y con absoluta ausencia de ideas,  alguien haya encontrado la ocasión de emplear millones de euros para semejante negocio. Insisto en afirmar que con ese dinero arbolamos todo Arrecife catorce veces.

Con aquel proyecto no se trataría, nuevamente,  de concitar la participación ni de escuchar a la ciudadanía, aunque manifiesten que quieren contar con todas las perspectivas y todas las voces, sino de oportunidades de negocio amparadas en la ingenuidad y la necesidad de la población de apreciar algún cambio. Este proceso de ahora, en el  que convergen las tres partes que promueven la actividad, parece un nuevo acto de dar apariencia de participación y de recogida de ideas que se inició en 2025 y culminará en 2026. Al final, podrán decir que, tras más de un año de escucha, ya tienen un proyecto que propone que se hagan pérgolas con jardineras y wifi. Serán cuarenta y costarán veinte millones de euros. Con ellas, salvarán la ciudad, dirán.

Realmente, en lo que respecta a entornos urbanos, no hay novedades porque todo está inventado, publicado y experimentado. La clave está en protagonizar lo que es una obligación, cual es ponerse a trabajar para dar respuesta a los déficit que ya conocemos y que alcanzan muchas más que cuarenta esquinas o cuarenta tramos de calle del ámbito urbano de la capital. ¿Saben qué me sorprende de todo esto? No el negocio que hacen con el espacio público: eso me cabrea. Me llama la atención que la Reserva se preste a estas maniobras tan poco edificantes, y, mucho más, que sea quien las proponga, si así hubiera sido. Podemos hablar, también, de manipulación, pero eso  no viene al caso. Todavía.

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