Con una limitada producción, Jorge Rodríguez se lanza a la comercialización de su artesanal elaboración bajo las etiquetas Respiro, Danza de Lías y La huella de Luis

Olivina, una bodega nacida de la leyenda
Con una limitada producción, Jorge Rodríguez se lanza a la comercialización de su artesanal elaboración bajo las etiquetas Respiro, Danza de Lías y La huella de Luis
En tan solo dos años, Jorge Rodríguez ha logrado hacer que la originaria bodega familiar de Guatiza pase a formar parte del Clúster de Enoturismo y cuente con su propio canal de comercialización online. Con una página web recién estrenada, la firma ha lanzado al mercado su segunda elaboración, eso sí, “limitada”, como destaca su propietario, tanto ajustada al volumen de producción como a la comercialización de un mercado cada vez más exigente y que busca un sabor y producto diferenciado.
“Su modelo de trabajo se fundamenta en la elaboración de partidas limitadas de vinos que buscan expresar la identidad del territorio, combinando técnicas contemporáneas con el respeto a la tradición vitivinícola local”, señalan desde el propio Clúster sobre el trabajo desarrollado por el joven bodeguero, ingeniero agrícola, enólogo y viticultor.
La nueva producción, la segunda de la bodega, alcanza las 15.000 botellas de “un vino preferentemente fresco”, con una graduación que no supera los 12,5 grados alcohólicos y que se presenta en una comercialización en dos modalidades, con un precio más competitivo bajo la marca Respiro, que se puede encontrar en tiendas gourmet y restauración de Canarias y otra con dos referencias deluxe, destinada al mercado premium.
Con un 85 por ciento de viñedos propios, el ahora bodeguero Jorge Rodríguez elabora dos tipos de vinos: uno de “paraje” que combina uvas del norte y centro de la Isla armonizando variedades para obtener diferentes perfiles, y otro “de parcela”, de ediciones limitadas “parcelarias” con la que busca posicionar la bodega y sus vinos en un mercado premium. Preparándose así para el futuro que asegura le espera a la vitivinicultura de Lanzarote en una progresión alcista de precios de los caldos embotellados, debido a un presumible descenso de la producción y al cambio climático.
Nombre de leyenda
El también presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vinos de Lanzarote quiso renombrar como Olivina a la bodega familiar de Guatiza en referencia no tanto a la piedra volcánica, sino a la unión entre el ser humano y la naturaleza. La leyenda de la olivina en Lanzarote cuenta que la piedra verde volcánica nació de las lágrimas de pena de una niña llamada precisamente Olivina, que lloró desconsoladamente tras perder un animal querido, conmoviendo a la diosa Timanfaya, quien ordenó a las gaviotas recogerlas y depositarlas en las rocas, fusionándose con la tierra para crear la piedra, símbolo de la unión entre el sufrimiento humano y la naturaleza volcánica de la Isla.
La huella de Luis, en homenaje a su padre y de solo 450 botellas, se elabora con diego
Bajo la marca Respiro presenta un blanco malvasía seco, un rosado y un tinto. “El alma del volcán en su expresión más pura”, como lo describe su creador. El blanco está elaborado con uvas malvasía volcánica cultivadas en pequeñas parcelas del norte y centro de Lanzarote, “este vino blanco seco refleja con fidelidad la expresión del suelo volcánico y la frescura del alisio”. Fermentado en acero inoxidable y trabajado con sus borras, muestra un perfil elegante y vibrante, con notas de fruta blanca, cítricos y un fondo salino característico.
Por su parte el rosado, ligero y pálido, está elaborado con uva listán negro cultivada en el paraje de Lajares, con notas de fresa silvestre y pétalos de rosa. Para diferenciar aún más la producción de Olivina, Jorge Rodríguez destaca que se trata de “un vino muy especial porque lo hacemos completamente manual. Lo desgranamos y prensamos a mano, y lo que escurre es precisamente lo que se destina a la elaboración del rosado”.
“Un rosado muy atípico para lo que tenemos en la isla de Lanzarote, porque va con muy poco color”. El objetivo de esta elaboración singular es “salvar uno de los problemas que tenemos en la isla de Lanzarote, el tanino”, que se encuentra en varietales características de la viticultura lanzaroteña como la listán negro. “Para evitar ese tanino, lo que hacemos es que llevamos la uva entera a una prensa. Y la tenemos escurriendo. Y lo que escurre es lo que va destinado a ese rosado intermedio. Un tono y sabor que recuerda mucho a la infancia. A la tienda de golosinas. Y además es muy divertido porque es como un trampantojo. Porque tú te lo pones en la boca y te parece un blanco”, explica el viticultor y enólogo.
“Es un rosado muy gastronómico y fresco. Yo voy por la línea de las producciones con pocos grados alcohólicos. Porque en el mundo del vino hoy tenemos el gran problema de que todos queremos beber vino, pero no queremos beber alcohol”, matiza Rodríguez. En cuanto a la tercera gama de color, señala que se trata de “un tinto con alma de blanco”, destinado a saborearlo frío. “Es un tinto para sentarte a degustar o comer, un vino que por su tonalidad recuerda a otros rosados de Lanzarote”.
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“El rosado tiene un tono y sabor que recuerda mucho a la infancia”
En la categoría premium se encuentran dos referencias: Danza de Lías y La huella de Luis. Explica al respecto que: “Todos los vinos se alimentan con sus propias levaduras, en el caso del Danza de Lías se trabaja con el caldo durante siete meses. Desde julio de 2024 hasta hoy ha estado en botella. “Si antes hablábamos de un tinto con alma de blanco, ahora estamos hablando de un blanco con alma de tinto”.
“La huella de Luis es un guiño a la persona que siempre ha estado a mi lado con el tema del vino, que es mi padre”, explica sobre este exclusivo caldo. Un vino del que solo se han elaborado 450 botellas. Elaborado con uva diego de cepas viejas del norte de Lanzarote, fermentación natural, burbuja fina y frescura volcánica “para un vino vivo, honesto y profundamente ligado a la memoria y al paisaje de la Isla”, según describe en la página web en la que ya se encuentra a la venta.
Sobre la comercialización de su producción, Rodríguez añade que busca trabajar en campañas “para enamorar al público local a fin de que valoren más los vinos de la Isla”. También busca formas de facilitar la distribución y mejorar la entrada en el mercado del vino internacional de su producción, como ya ha hecho a través de su plataforma web. El proyecto de Bodega Olivina está también enfocado al enoturismo. Así, ofrece dos tipos de visitas: una al viñedo, con una cata entre volcanes y parras, y otra a la propia bodega de Guatiza que espera ampliar con una sala de cata propia.
















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