11
Jul
2019
Saúl García

Habrá que partir de la base de que se hace para cumplir una promesa electoral. Es decir, que se toma la decisión porque, en su momento, cuando se decidió cerrar la Avenida al tráfico, había que oponerse, porque eso es lo que tiene que hacer la oposición: oponerse. De hecho, se opusieron hasta los que estaban a favor. Hay que recordar que la obra de la Avenida se hizo para que se peatonalizara y que se licitó cuando en la alcaldía había un alcalde de Coalición Canaria.

Si el debate sobre si en la Avenida debe haber tráfico o no se centrara en lo que conviene a los vecinos no habría debate. A los ciudadanos, en general, y a los vecinos de Arrecife, en particular. Y en lo que les conviene, no en lo que quieren. De hecho, el debate debería estar en cuáles son las siguientes calles en las que se limita el tráfico, y no solo en Arrecife, esa ciudad donde las pocas aceras anchas que hay son aparcamientos. Ustedes no lo creerán, pero estos ojos han visto a conductores pitando a peatones para que se aparten de la acera.

En Punta Mujeres se intentó y casi se provoca un motín. Si hay autocines, ¿por qué no autopiscinas? En verano, Caleta de Famara está invadida, literalmente, de coches (y a la gente no parece molestarle). Es más, como las calles son de arena, es muy agradable esa mezcla de humo y tierra. Irresistible. La cola del parque de Timanfaya es una vergüenza, pero deja dinero. En fin: una cosa es que los coches sean útiles para desplazarse, que lo son, y otra que sea imprescindible entrar hasta la cocina.

Si se tratara de una cuestión de salud pública, tampoco habría debate. Los coches contaminan, y no es un problema menor, aunque se desprecie en el debate público. Y si se tratara de favorecer al comercio, que es lo que parece, tampoco. Al centro de Arrecife se puede llegar y salir en coche, y también se puede aparcar pagando, o gratis, a cinco o diez minutos. Además, si hay algo demostrado en relación al comercio es que lo que lo favorece son las zonas peatonales. Si alguien piensa que el problema del comercio en Arrecife es que no se puede pasar a veinte kilómetros por hora (pasar, no parar) por la Avenida para poder llegar o bien al centro o bien a la Marina (hasta donde se puede llegar por la Vía Medular y por la circunvalación) es que no estamos hablando en serio. De hecho, el Plan de Movilidad Urbana Sostenible de Arrecife, que presentó el PP antes de las elecciones, prevé el futuro cierre de la Avenida.

La nueva alcaldesa se reunió con los comerciantes y les informó de que la apertura "dará más dinamismo al centro de Arrecife relanzando el comercio y ocio" y que su deseo es el de "activar Arrecife". Ante expresiones huecas, obviedades: la ciudad no es un centro comercial y en la ciudad también hay vecinos, que se activan por las mañanas (o por las tardes) y se desactivan (o no) por las noches.

Así que no se trata de contaminación, comercio o ciudadanía. Se trata de satisfacer una promesa electoral, de culminar una postura de oposición y de atender unas plegarias: congraciarse con un porcentaje de la población que pide que siga el tráfico por la Avenida. Lo que no sabemos es si el porcentaje es alto o bajo porque parece que para eliminar el tráfico hacía falta una consulta ciudadana pero para que vuelva no hace falta ninguna consulta. No cumplir una promesa está feo pero cumplirla también tiene sus riesgos. Lo dijo Santa Teresa de Jesús: "Se derraman mas lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas".

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Comentarios

Artículo muy interesante, como todos los de Saúl García. Lo suscribo al completo. Pero en esta ocasión me gustó más el video de The Doors. Tremendo.
Veremos cuando se abra la avenida, si los negocios florecen como hongod o si la culpa de los futuros cierres de los negocios seguirá siendo de Eva de Anta y no que gigantes como Amazón les esté ganando la batalla

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