09
Mayo
2019
Saúl García

Sostiene el belga David Van Reybrouck en Contra las elecciones. Cómo salvar la democracia que las elecciones ya no son sinónimo de democracia. Propone en su lugar que las decisiones las tomen grupos de ciudadanos formados, pero elegidos al azar. La argumentación es mucho más amplia y no está exenta de interés. Recoge, incluso, algunas experiencias parciales en otros países.

Dice el autor que “la idea de que los políticos son elegidos y saben lo que desea la gente, lo que va a desear, y qué es lo mejor para ellos para los próximos cuatro años es muy rara”. Efectivamente, es rara también en el sentido de que es poco común, a no ser que cuando dice “ellos” no se refiera a los votantes sino a los políticos.

Las elecciones locales son las más cercanas, en tiempo ahora y en espacio siempre. Es posible que no sean la quintaesencia de la democracia pero son el umbral del poder... o de una parte del poder, o de un pequeño trozo del poder o, en último caso, de un sueldo, que es en lo que está derivando el interés de muchos de los participantes en la carrera.

La cuestión es que si no hubiera elecciones, ¿qué sería de estos meses previos? Los políticos locales están empeñados en llevar la contraria a Ignacio de Loyola y su recomendación de que en tiempos de tribulaciones no se debe hacer mudanza. No se habían visto nunca tantas imposiciones internas, primarias cuestionadas o victorias pírricas, y entre los perdedores tantos cambios repentinos de partido y tantas creaciones de partidos nuevos... En Arrecife, por poner un ejemplo, se presentan 14 partidos, más que la suma de ideas de futuro con alguna consistencia que se ha puesto sobre la mesa entre todos los candidatos.

Pide Van Reybrouck una democracia deliberativa mientras que las elecciones cada vez se parecen más a un concurso oposición con el beneplácito o la complacencia, por supuesto, del electorado que esgrime en un alto porcentaje un voto cautivo en unas elecciones libres. Pero ya se sabe, es la fiesta de la democracia, y si no le gusta siempre puede discrepar… Y si discrepa mucho y muy seguido ya verá como alguien le invita educadamente a que se presente a las elecciones.

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