M. Martín González

Palabras en lo público

Conocemos la teoría que predica que las palabras son sólo eso, y conocemos la práctica que colisiona con la afirmación anterior, en la medida de su valor y el daño que la entonación, la elección, y la forma de decirlas puede llegar a producir.

La psicología tiene mucho que decir de su utilización como estrategia para determinados logros, y también sobre el extremo contrario, referido a la falta de valor de las palabras, con el objeto de reconducir espíritus atormentados a los que las palabras de los demás atrapan.

Sabemos de la influencia de los discursos totalitarios de cualquier color político, y cómo estos enardecen a las masas, y todos somos conscientes de las palabras mal entonadas que separan familias, enturbian relaciones, y dinamitan el prestigio de terceros en el ámbito laboral, personal, profesional... Cómo las sentencias repetidas agigantan el abismo entre personas, tanto como para transmitirlo a la generación siguiente.

Las palabras, por tanto, tendrán el valor que nos interese en función del buen o mal uso que se haga de ellas. Si su utilización conduce al odio, a la xenofobia, no se les puede quitar la importancia que tienen para los que son objeto de descalificación, pudiéndose incurrir en responsabilidad penal por incitación al odio o la violencia. Parece posible, por tanto, alcanzar un acuerdo sobre su valor, pero no llegaremos a consenso alguno sobre cuándo debemos restárselo u otorgárselo en función del grado de afección a lo que nos interese. Ni siquiera hay un acuerdo posible sobre si las palabras, incitaron tanto al odio y calaron de tal manera, que se cometieron  atrocidades que, aunque la historia, los testimonios de los supervivientes y las imágenes se encargan de que no olvidemos, algunos aún niegan la existencia de holocausto.

Dentro y fuera de Venezuela, en función de la filia o la fobia con el régimen de Maduro, las palabras televisadas de cada día del mandatario bolivariano, están cargadas de razón para unos, y generan persecución y violencia para otros. Los medios las amplifican, las redes las difunden y las hacemos nuestras o no, actuaremos bajo su influencia o no.

Si tuviéramos la certeza de la falta de valor de algunas palabras y de la ausencia de daño de las mismas, algunas no las pronunciaríamos de determinada manera. Llamar indecente a alguien con dimensión pública a la cara, sabiendo que lo escuchan millones de personas, es una acción medida. Lo que no medimos es la calidad mental de quien nos escucha, y, liberados de  responsabilidad tras haberlas pronunciado, calificando lo que hemos dicho como intenso y vibrante, y que lo piensan millones de personas, nunca vamos a saber cómo ha calado esa suerte de acorralamiento con palabras en una mente frágil cuando ha propinado un puñetazo al objeto de nuestra acusación.    

Comentarios

Indecente y mil veces indecente. Usted y quienes han unido la agresión que sufrió el presidente en funciones, Mariano Rajoy, con la verdad dicha a la cara de Pedro Sánchez al Presidente en funciones. Indecentes son todos los que queriendo hacerse la "víctima" ocultan todas y cada una de las barbaridades proferidas en la legislatura presidida por Rodríguez Zapatero, al cual hasta calificaron de ser el "mejor aliado de ETA". Indecente fue decir en sede parlamentario, donde reside la soberanía Nacional, en boca de Aznar, que en Irak había armas de destrucción masiva, justificando así un genocidio sobre el pueblo irakí. Indecente es enviar un SMS a Bárcenas, cuando ya éste se encontraba en prisión con cargos por presunto robo de dinero. Indecente es, en definitva, engañar a los españoles, diciéndonos que no ha habido rescate, pero sin embargo, por culpa del no rescate se le ha dado a fondo perdido a Bankia, más de 25.000 millones de euros. Indecente es que usted se permita escribir acusando veladamente uniendo debate y agresión. Hasta el primo de Rajoy sabe que en nada tiene que ver lo uno con lo otro. Pero, como siempre, ustedes, la derecha, se cree con todos los derechos en España. El de criticar injustificadamente y el de ofender también. Aún espera Susana Díaz una disculpa del PP por los insultos recibidos. Insultos roferidos sin que la justicia se hubiera pronunciado sobre la contratación de la empresa que va a gestionar la mina de Aznalcollar. Pues bien, la justicia le ha dado la razón a la Junta de Andalucía. ¿Dónde están sus disculpas? Ni han sido dichas dos meses después ni tampoco se espera que ustedes entonen el mea culpa. Santamaría llamó "bonita" a Susana Díaz en la campaña Andaluz. Claro que "bonita" en plan despectivo para el PP no es ofender. Como hace usted en su escrito (panfleto), por llamarlo de alguna manera suave. Ofende quien puede, no quien quiere y sólo los cobardes acusan con palabras equivocadas. Y espero que el Diario de Lanzarote no haga uso de la censura y me publique este comentario. Es de justicia que así sea.
Que discurso más profundo. Gracias picudo rojo.
Qué derecho se cree este diario que posee para cercenar la opinión de alguien que no comulga con ruedas de molino? Mi comentario contrario al arriba publicado no insulta ni agrede la inteligencia de nadie. Tampoco la de Martín González, ni a su persona. Pues decirle la verdad no es ofender. Pero si lo es acusar a Pedro Sánchez de ser el culpable de la agresión sufrida por Mariano Rajoy. Aunque en su escrito, Martín González comience hablando de Venezuela, clarisimamente se ve lo que en realidad pretende. Y no hace falta que lo acusara tácitamente. Escribir veladamente, como ya dije en mi anterior y censurado comentario, es, como dice Wyoming, acusar indirectamente con un peeeeeeero que intenta hacer ver al lector que lo sucedido en el debate si influyó para que se produjera tal agresión. Me da pena que un Diario como éste no fomente más el debate, pues al censurar se pone del lado de quien si tiene la patente de corso escribiendo aquello que sabe le van a publicar, Aunque afecte a la honorabilidad de un candidato a Presidente del Gobierno de España. Un candidato, Pedro Sánchez, que lo único que hizo fue aprovechar una oportunidad, después de que Rajoy se negara a debatir a 4, y decirle a la cara lo que millones de españoles pensamos. Son quienes acusan veladamente a Pedro Sánchez los que hacen mal uso de la palabra "decente" o "indecente", según quien lo mire. No publicarme el comentario no hace más verdadero y objetivo el arriba suscrito por Martín González.

Añadir nuevo comentario