José A. Cabrera

Ana y Quino, guardianes del territorio

Hay personas que no necesitan levantar la voz para hacerse oír. Basta con que permanezcan firmes, como las rocas que resisten el embate de las olas, para recordarnos que la dignidad también puede tener forma de silencio. 

Ana Carrasco y Quino Miguélez pertenecen a esa estirpe de mujeres y hombres que han sabido custodiar la isla desde un lugar más profundo que la simple profesión, el de la conciencia. 

Durante décadas, ambos han sido el corazón, cuerpo y alma de la Oficina de la Reserva de la Biosfera del Cabildo de Lanzarote. En un tiempo en que el ruido y la velocidad parecen arrasar con todo, su trabajo ha tenido algo de resistencia poética en preservación de lo esencial. 

No han defendido solo una idea ecológica o una categoría administrativa; sino una forma de estar en el mundo, una ética del territorio que recuerda que cuidar la tierra es también cuidarnos a nosotros mismos y al legado que dejaremos en herencia a las generaciones que nos sucedan.

Quien ha vivido en Lanzarote lo sabe, esta isla no se entrega a cualquiera. Hay que escucharla, sufrirla incluso, para merecerla. Ana y Quino la han amado con esa mezcla de ternura y desgarro que solo se reserva a lo que duele de verdad. Han sentido su deterioro como un puñal entre las costillas, cuando el cemento avanzaba o el mar se llenaba de residuos que antes eran invisibles. Han defendido cada trozo de lava, cada matorral de jable, cada curva del camino, como si en ello se jugaran el alma misma de la isla. Y quizá sea así.

Su trayectoria, como si del castigo de Sísifo se tratara, ha sido una pendiente casi infinita, que han tenido que ascender una y otra vez con la carga de un peso gigantesco sobre sus espaldas. 

Han conocido la dureza de las sospechas, las maniobras políticas, la soledad del funcionario honesto que incomoda a los poderosos. Porque defender la tierra en Lanzarote nunca ha sido un gesto gratuito: ha implicado desafiar intereses, poner límites, decir «no» donde convenía estar callado. Y eso se paga.

Han sido acusados de todo lo imaginable: de parcialidad, de dogmatismo, de servir a causas ajenas. Pero la verdad, que es tozuda, no tiene pliegues. La única causa a la que han servido ha sido la de la isla. Mientras otros buscaban rentabilidad, ellos transmitían coherencia. Mientras algunos cambiaban de discurso según soplaba el viento, ellos se mantuvieron firmes en el mismo sitio, como esos faros solitarios que enseñan a los marineros el camino de vuelta a casa.

En los despachos, muchas veces, trabajaron con la espada de Damócles sobre sus cabezas. Amenazas de cierre, ceses, campañas de desprestigio… Nada de eso logró quebrar su propósito. A cada intento de derribo respondieron con más rigor, con más estudios, con más argumentos, con mayor entrega. A más viento, más cadenas, debieron pensar, porque sabían que su responsabilidad no era con un gobierno ni con una siglas, sino con un territorio que los trasciende. Y en eso hay algo profundamente ético, incluso heroico, el resistir sin aspavientos y sostener la decencia cuando todo empuja al cinismo.

He tenido la suerte de verlos en acción. De observar la atención con que escuchan a la gente del campo o de la mar, cómo dialogan con los investigadores, cómo miran el paisaje con esa mezcla de preocupación y cariño que solo tienen quienes se saben parte de él. En sus gestos hay una pedagogía silenciosa con la que enseñan sin pretenderlo que el futuro de la isla no depende de grandes discursos, sino de la constancia de quienes la cuidan cada día.

Y, sin embargo, no siempre se les ha tratado con justicia. En demasiadas ocasiones se les ha exigido que justifiquen algo que debería ser incuestionable, su compromiso con Lanzarote. Se les ha medido con la vara de la desconfianza política, como si proteger lo común fuera un acto de sospecha. Pero lo que realmente incomoda de Ana y Quino no es su ideología —que nunca ha sido una bandera—, sino su coherencia que, en tiempos de cinismo e hipocresía, resulta subversiva.

Aun así, ellos han continuado picando piedra. Sin ruido, sin venganzas, con resignación. Han seguido caminando sobre la lava ardiente de la crítica y la incomprensión. Y gracias a eso, Lanzarote sigue siendo, todavía, una isla con alma. Porque hay lugares que sobreviven no por decreto, sino por la tenacidad de quienes los aman incondicionalmente.

Hoy, cuando tanto se habla de sostenibilidad y de políticas verdes, convendría recordar que hubo quienes practicaron esos valores mucho antes de que fueran eslóganes de moda. Que mientras se diseñaban planes estratégicos o se calculaban indicadores, Ana y Quino ya estaban allí, midiendo el pulso real de la tierra, defendiendo el equilibrio frágil entre el progreso y la memoria.

En un mundo donde se impone la inmediatez, ellos encarnan lo contrario, la perseverancia. Han sido, sin proponérselo, los guardianes del territorio. No porque lo vigilen, sino porque lo comprenden. Y en esa comprensión hay amor, pero también sacrificio. Lanzarote les debe más de lo que sospecha, la cordura de su planificación, la integridad de su relato ambiental, la honestidad de una mirada que nunca se ha rendido al interés.

Por todo ello, este texto no pretende ser un elogio más. Es una llamada a la gratitud. Porque reconocerlos no es solo hacer justicia con dos nombres propios, sino también reconciliarnos con lo mejor de nosotros mismos como sociedad. En tiempos de descrédito y bulla, necesitamos referentes que nos recuerden que aún es posible actuar con ética, humildad e integridad.

Ana Carrasco y Quino Miguélez son personas que embellecen el mundo y esa es una extraña virtud, que está reservada prácticamente a otro territorio, el poético. No albergo duda alguna de que, con el sosiego que da del paso del tiempo, la historia les juzgara como merecen y el alisio llevará el eco de sus nombres desde Órzola hasta La Geria, desde Famara hasta Femés, y cada piedra volcánica, barranco, enarenado o chaboco conservarán algo de su esencia. 

Pero hasta entonces, mientras ellos y otros a quienes han inspirado sigan existiendo, Lanzarote no solo será un paisaje, sino una promesa de coherencia y belleza. 

Por eso, desde esta modestísima atalaya, solicito firmemente, como ciudadano lanzaroteño orgulloso de esta isla y sus gentes, que el Cabildo de Lanzarote les honre con la concesión de su reconocimiento más preciado: el Jameo de Oro. No como un gesto simbólico, sino como un acto de reparación moral. Porque si hay una forma de honrar a quienes han defendido la isla sin esperar nada a cambio, es reconocer públicamente que su labor ha sido decisiva para preservar la dignidad de este territorio.

No esperemos para ello al final de los días, para que no sea demasiado tarde y tengamos que pronunciar las mismas palabras que en «El amor en los tiempos del cólera», el doctor Juvenal Urbino, mientras agonizaba, dirigió a Fermina Daza: «solo Dios sabe cuánto te quise». 

 

Comentarios

Muy bien, muye bien, pero no estoy de acuerdo. ¿Y qué pasa con otros funcionarios igualmente ejemplares, pongamos por caso, que merecen todo el reconocimiento por su dilatada y probada defensa del territorio o del patrimonio o del mero trabajo funcionarial rectamente desempeñado, pongamos por caso, algunos de los cuales fueron purgados o ninguneados y ya están fuera del Cabildo? ¿No merecen reparación moral y simbólica? Hay unos cuantos nombres. O a todos o a ninguno. No reiteremos errores del pasado alimentando solo a los caballos elegidos de nuestra cuadra. No olvidemos recientes tiempos de oscuridad, ostracismo y persecución, bien conocidos, en la Santa Casa. No esperemos al final de los días, que ya son días finalizados y bien finalizados. Ciertamente, una de las cosas más difíciles en esta vida es gestionar la prudencia de saber callar a tiempo. No hay reparación ni justicia sin equidad.
Le felicito por haber conocido esa vertiente de sus protagonistas.
Comparto plenamente el comentario 1. Hay equipos que trabajan y los méritos deben ser de todos y no de dos personas que , eso sí , son muy visibles y se rodean de gente muy conocida en la isla . Además no siempre sus opiniones o proyectos han sido loa mejores cara a programas , al menos para otros cualificados profesionales .
Ana y Quino son dos referentes fundamentales en Lanzarote pese a quién le pese. El artículo habla de dos personas y su ejemplo en su defensa del medioambiente de Lanzarote. Algo innegable a no ser que seas un zafio o vivas en una cueva y no te haya dado la luz del sol en lustros. El artículo no minimiza la labor de otros funcionarios ni de su equipo. Todavía me sorprende cuanta mezquindad y envidia se ampara tras el anonimato de los comentarios "charco" y "equipos". Nada nuevo en el horizonte de esta maravillosa islita. Gracias por tan bonito artículo, y por encima de todo gracias a Ana y Quino por su trabajo, resiliencia y visión.
Pues antes de que le den el jameo de oro a Rosana o a Kike Pérez, que algunos en el cabildo son capaces, bien se lo merecen Ana y Quino. Hay que establecer nuevos y consistentes referentes sociales. Buen artículo.
Aclaración : no dudamos, no dudo en particular de la valía de Ana y Quino , al contrario , pero han trabajado con otras personas y proyectos compartidos . Cansa que opiniones no tan condescendientes como el del artículo sean tildadas de lo de siempre en la isla , algo que sabemos lo que significa . Tener amigos muy conocidos en la isla y cercanos en políticas concretas aseguran cierta notoriedad y eso es obvio . Aplaudimos su trabajo pero también el de otros luchadores por el territorio .
Cuánto me suena todo esto a aquello de Umberto Eco: apocalípticos e integrados. Y ya sabemos con quiénes se identifica el sistema, Sr. Cabrera, a quiénes quiere premiar ese sistema que usted tan bien conoce. Saludos.
Pues no estoy de acuerdo, si acaso les responsabilizaría del retraso de esta tierra por defender una tierra baldía y olvidada a causa de personas como ellos, que se encabezonan en defender la pobreza de este mundo porque es donde nacieron y crecieron y le tienen miedo al cambio y al progreso, por muy positivo que pueda ser. Como ejemplo diré, que si no se jubilan pronto, esta tierra seguirá usando papel y lápiz cuando el resto del mundo se comunique por el pensamiento o las nuevas tecnologías que el futuro y el desarrollo lleve al resto del primer mundo.
Jameo de Oro a Umberto Eco, entonces
Muchas gracias por expresar lo que muchos pensamos y sentimos.
El artículo en mi opinión es engañoso porque vincula la larga labor de Ana y Quino en defensa de la isla a las legislaturas del CC en el Cabildo. No es de hecho la primera vez que su más conocido representante en Lanzarote, Pedro San Ginés, hace esto mismo públicamente. A pesar de la obvia intención del autor de apropiarse (por asociación) del trabajo de Ana y Quino, me quedo con la parte positiva. En realidad, invitaría a todos los grupos políticos que han pasado por el Cabildo (algunos de ellos, solo si se pudieran liberar del sentimiento de venganza y inquina que los corroe) a escribir en los medios sobre el importante papel que han tenido Ana y Quino en fraguar un espíritu crítico en la isla. Yo, por mi parte, solo tengo que decir que en mi breve paso por lo que fue el campo minado del Cabildo, Ana y Quino fueron los únicos funcionarios en los que me pude apoyar para sacar adelante las cuatro cosas que se pudo.
Jameo de Oro para Nona Perera y Leopoldo Díaz antes, mucho antes. Con sobrados méritos. Sin Jameo de Oro a Nona y Leopoldo podrían aceptar cualquier reconocimiento del Cabildo Ana y Quino, que saben lo que hay, sin sentir su propia quiebra moral? Tanto remar para acabar en esa mezquina orilla? No, eso no sería nunca
Pues yo me pierdo. Alguien podría comentarme cuales son los méritos tanto de Ana como de Quino?. en plan, han hecho esto y lo otro. Por que así a primeras no se me ocurre ningún mérito (medioambiental o no) que les haga favorecedores de tremendo artículo.
Lo que hay que oir, de verdad. Estoy pasmado
Noo, Luis G., quienes nombras traspasaron la línea . Saltaron a la política y no dudaron en ejercer su cargo de funcionario y de política desde la subjetividad más radical y esa conducta no es ejemplar. Nooo, no pueden compararse a Ana y Quino quienes se bajaron del caballo de la sensatez y mesura y montaron el de la temeridad y soberbia. Seguramente hubo un día en que lo merecieron pero su jameo abrió los ojos y se dio cuenta que veía y le gustaba ver su brillante caparazón dorado y le encantaba escuchar las alabanzas, y se lo creyó. Se lo creyó tanto que pensó realmente que era más dorado, más guapo y más listo que el resto de los jameitos, y pensó que si mentía un poco seguirían creyendo las generaciones que nunca hubo un jameo igual. Desconocía que cada vez que se fallaba a sí mismo, cada vez que perdía objetividad, y por tanto honestidad, perdía una capa del brillante dorado con la que lo miraba la sociedad. Y así, un día se miró al espejo y del brillante carapacho solo quedaba el latón que un día soportó todo el oro que lo cubrió.-Fin.
Extraordinario argumento Othar! Mordiste el anzuelo, mi niño. No sé cómo tu dueño Atila te lo ha permitido... O sea, la implicación en la gestión política como argumento invalidante del mérito profesional. Superior! El hecho de que, por ejemplo, Nona Perera desempeñara el cargo de directora general de su área de competencia en el Gobierno de Canarias anula per se su amplísimo curriculo investigador (decenas si no centenares de publicaciones de referencia y trabajos de campo), sin comparación con el de cualquier otro funcionario del Cabildo. Y disipa su reconocida labor al frente de la Unidad de Patrimonio. Ah, malvada y estigmatizadora política, dejémosla en manos de los mediocres y corruptos, para que profesionales y funcionarios permanezcan incólumes... Othar, Othar, tu quoque? Un poco más de finura... De modo que, por poner un caso que podría ser cualquier otro, según tu caletre, hasta el mismísimo Vargas Llosa hubiera sido inmerecedor del Nobel por su mancha política previa como candidato a la presidencia del Perú, que, por supuesto, anuló de raíz cualquier mérito, previo y subsiguiente, de su obra literaria... Ah, espurio Nobel. Ah, invalidante política, sobre todo, si es progresista. Plumerín, plumerete... Sabes tan bien como yo, precipitado Othar, que las lealtades políticas unas veces se muestran a las claras y otras se extienden tras bambalinas, pero haberlas, siempre haylas. Por eso los hagiógrafos de la cohorte partidaria, agitan el botafumeiro de sus loas. Ciao
¿Diario de Lanzarote, censor? Lo que faltaba. ¿Por qué no han publicado el comentario enviado por Huno... en respuesta a Othar, hace dos días? ¿Qué resultaba inadecuado o descortés? No doy crédito. Decepción mayúscula. Cuando se procura razonar y combatir prejuicios con argumentos respetuosos y meditados, la navaja censora, imagino que" de parte", impone su poder arbitrario. Qué maravilla democrática. Saludos

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