
¿Y ahora qué?

En el fondo, a pesar de que la ilusión nos embriaga, de los abrazos y brindis, de las cataratas de buenos deseos que damos y recibimos, sabemos que poco o nada cambia con el paso del 31 de diciembre a las 00:01 horas del 1 de enero.
Flotamos entre la esperanza y la ingenuidad. Nos acostamos con la idea de un mundo mejor y las noticias de las primeras horas del año nos aterrizan en un santiamén. Inocentes, acabamos de pasar página a la invasión y el supuesto cese el fuego en el avasallado territorio palestino, pero vemos que las “buenas” intenciones de Israel se traducen en la continuidad de asesinatos a la población civil, violación de derechos y el bloqueo infame a ONGs que tratan de ayudar a mujeres y hombres de todas las edades que suplican solidaridad.
Creemos que el problema está solucionado, pero las imágenes de una Gaza destruida y los supervivientes a la deriva en medio del hambre y penurias, estremecen. Matar a cerca de 70.000 personas y destruir infraestructuras sanitarias y de servicios públicos esenciales, no puede ser materia de olvido.
Para variar, el año empezó con una nueva invasión ilegal, y cómo no, con Estados Unidos en su papel de protagonista, como lo ha sido a lo largo de la historia. Ejemplos llueven, Irak o Panamá, entre otros, y qué decir del papel de USA como máximo patrocinador geopolítico y belicista de Israel en su brutal escalada genocida para exterminar a la población gazatí. Un amigo me pasó el listado de 25 países bombardeados por USA desde 1945, empezando por Japón, con un reguero de víctimas en todos ellos.
Cuando en septiembre se inició la operación militar de la USA de Trump en el Caribe, atacando pequeñas embarcaciones y matando un centenar de personas, ejecuciones claramente extrajudiciales, con la excusa de golpear el narcotráfico, y luego, durante el último mes, asaltando y secuestrando barcos petroleros, cualquier persona medianamente informada de acontecimientos precedentes en otros lugares del mundo, podía intuir que el único y verdadero objetivo era preparar la invasión a Venezuela, quitar del camino a Nicolás Maduro y apropiarse de sus recursos petroleros.
El bombardeo ordenado por el convicto presidente Trump a varios puntos del territorio venezolano en la madrugada del 3 de enero, sin autorización del poder legislativo de su país y por tanto violando la Constitución estadounidense y el derecho internacional, confirma que el despliegue militar desproporcionado en aguas del Caribe, supuestamente contra el tráfico de drogas, incluyendo su buque de guerra más poderoso, era otra de sus grandes mentiras.
Lanzar bombas y misiles contra edificios civiles o instalaciones eléctricas de Venezuela no es atacar el narcotráfico. Secuestrar al presidente del país, Nicolás Maduro, forma parte de la estrategia trumpiana para forzar un cambio de gobierno que comulgue con el objetivo de regalar la riqueza de sus recursos naturales. Venezuela posee las reservas petroleras más grandes del mundo.
La primera semana de diciembre, en este mismo espacio de libre opinión, cité algunos antecedentes que reflejan la voracidad económica y energética de USA. Las invasiones a Afganistán 2001, Irak 2003, Libia 2011 y Siria 2014 presagiaban las intenciones con Venezuela. El que Estados Unidos solo produzca el 35 por ciento del petróleo que consume, no lo autoriza a suplir ese desequilibrio robando las reservas de países petroleros.
Aunque desde que saltó la noticia de la agresión a Venezuela, que viola la Carta de Naciones Unidas, hubo condenas por parte de Colombia, México, China, Rusia, Irán y Cuba, entre otras naciones, no se espera mucho más de la comunidad internacional. Ya la Unión Europea mantuvo una postura sumisa con el genocidio en Palestina y España tardó lo suyo en condenarlo. La agresión a Venezuela puede desatar un grave conflicto en la región y desde USA ya hay voces políticas influyentes que avisan del riesgo que supone para la vida de los estadounidenses y los millones de dólares que conlleva meterse en este nuevo conflicto de impacto mundial. Este “éxito” efímero no solo puede salir muy caro a USA, sino que abre la veda a intervenciones de otras potencias en objetivos estratégicos, si la condena internacional es tibia.
La primera comparecencia de prensa de Trump después del bombardeo deja claro que la finalidad de hacer de Venezuela un país “libre”, según su entender, es una absoluta mentira. Trump justifica el ataque diciendo que lo hizo para proteger vidas humanas, mientras es cómplice de la masacre en Palestina y sienta a Netanyahu en la Casa Blanca, que desde 2024 tiene orden de arresto de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y contra la humanidad ; Trump dice que secuestró a Maduro para combatir el tráfico de drogas, mientras acaba de indultar incondicionalmente al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado en 2024 a 45 años de cárcel por nexos con el cártel de Sinaloa.
En su discurso colonialista también habla de “libertad”, mientras anuncia que su intención es “dirigir” Venezuela hasta que haya una transición “segura y adecuada”, por supuesto, a sus intereses, enfocada a su gran objetivo de apropiarse y sacar rendimiento del petróleo ajeno. Sin vergüenza, avisa que su pretensión es que las empresas petroleras de USA vuelvan a implantarse en Venezuela “para vender petróleo a otros países y sacar mucho dinero de allí”.
Este es el retrato de un “demócrata” que lucha por la “libertad” y “seguridad” de los pueblos y que además vocifera que USA “vuelve a dominar a América”, pero otra cosa bien distinta es lo que opina la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que agrupa a 33 países de América Latina y el Caribe. Hasta el desaparecido Papa León XIV, pidió respeto a la soberanía de Venezuela.
Otra de las perlas, y contradicciones, de la rueda de prensa fue su alusión a María Corina Machado en un hipotético escenario de cambio en Venezuela: “no tiene el apoyo ni el respeto del país”, siendo María Corina una de las personas dentro de la oposición venezolana que más abogó por una agresión de USA a su propio país, como si las bombas diferenciaran entre ciudadanos y ciudadanas chavistas y no chavistas.
Después de utilizarla, Trump la dejó a la altura de la suela de su zapato. Y eso que esta pobre títere, una hora antes de la rueda de prensa de Trump, publicó un comunicado poco menos que ofreciéndose para tomar el relevo del mando de la nación.
Y con el culo al aire también quedan los partidos títeres de Trump en España, Vox y PP, que alentaron a la heroína Machado como salvadora de Venezuela. Como anécdota, el pasado 12 de octubre, que estuve en Madrid en uno de los actos conmemorativos del Día de la Hispanidad, había una carpa de Vox instalada en la Puerta del Sol con una foto en gran formato de Machado. Sí, de Vox, el mismo partido que despotrica de la inmigración pidiendo la expulsión de ocho millones de personas, pero que al igual que el PP, la utiliza cuando le interesa.
El episodio de Venezuela traerá mucha cola y ya veremos cuáles son sus próximos capítulos. De momento, el Tribunal Supremo ordenó el pasado sábado que la vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asuma como encargada la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.











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