“El triatlón me ha enseñado a vivir de forma más equilibrada”
Miguel Ángel Labrador, de sus primeros pasos en el ciclismo a trabajar con triatletas profesionales

La historia de Miguel Ángel Labrador es la de una pasión que ha evolucionado hasta convertirse en una forma de entender la vida. Nacido en Salamanca y afincado deportivamente en Lanzarote desde hace décadas, ha pasado del ciclismo y la halterofilia al triatlón, una disciplina que hoy forma parte de su vida personal y profesional. Osteópata, masajista deportivo y terapeuta, ha conseguido unir sus dos grandes vocaciones: practicar deporte y ayudar a quienes lo practican.
Sus primeros recuerdos deportivos están ligados a las carreras de campo a través y a la bicicleta, su gran pasión. Sin embargo, el triatlón tardó en despertar su interés. En 1988, mientras trabajaba como masajista en La Santa, presenció por primera vez una competición acompañado por el médico Antonio Zoido. “Aquello me pareció una locura, ni me lo planteé”, recuerda.
La llegada del Ironman a Lanzarote, en 1992, cambió las cosas. Vinculado entonces al Club Ciclista Guanapay, observaba cómo los participantes dejaban la bicicleta para comenzar a correr. “Yo veía que la gente dejaba la bicicleta y se ponía a correr y decía: ¿qué carajo es eso? Esta gente está loca”, relata. Fue Luis Perdomo, bombero de Arrecife, quien le animó a probar. Los comienzos fueron duros, especialmente en la natación y la carrera a pie, pero la perseverancia pudo más que las dudas. “Yo sufría tanto que decía: esto me va a matar, esto no es para mí”. Aquel desafío terminó convirtiéndose en una pasión que continúa décadas después.
Ayuda a otros atletas
Su propia experiencia con las lesiones y las molestias deportivas despertó su interés por ayudar a otros atletas. Con el tiempo, la osteopatía y el masaje deportivo le abrieron las puertas de equipos de ciclismo y triatlón de alto nivel.
“Las terapias te enseñan a afrontar los entrenamientos de una manera más saludable”
Desde 2014 forma parte de una estructura profesional de triatlón, inicialmente conocida como Pro Team BMC y actualmente denominada Pro Team Bianchi. Una trayectoria que le ha permitido aprender de deportistas de élite y comprender mejor las exigencias de la competición. “Las terapias te enseñan a afrontar los entrenamientos de una manera más saludable, escuchando más al cuerpo”, explica.
Su experiencia le ha llevado también a trabajar en Kona, Hawái, con participantes del Campeonato del Mundo de Ironman. Allí atiende tanto a profesionales como a deportistas de grupos de edad, a quienes concede un mérito especial por compaginar los entrenamientos con el trabajo y la familia. “Para mí tienen tanto o más valor los que combinan su vida laboral, su vida familiar y su día a día con la práctica del Ironman”, destaca.
Organizador de pruebas
La implicación va más allá de entrenar y ayudar a los deportistas. Junto a Oliver Acuña y Daniel Kezele impulsó el Tri 122, una prueba concebida como preparación para el Ironman. La experiencia le permitió conocer las dificultades que afrontan los organizadores. “Cuando solo eres participante no ves todos los entresijos y el estrés que conlleva organizar un evento de esas características”, reconoce.
“Para mí es el Ironman de Lanzarote es el más bonito del mundo y el más duro”
En el calendario insular guarda un cariño especial al Triatlón del Real Club Náutico de Arrecife, la primera prueba que disputó y en la que ha participado en numerosas ediciones junto a su amigo Marino Orlandi. “Para mí es el más especial, porque fue el primero que hice y tengo un gran recuerdo de ese inicio”, afirma.
Si hay una competición que despierta su admiración es el Ironman Lanzarote. El salmantino considera que su dureza y las características de la Isla lo convierten en un evento único. “Para mí es el Ironman más bonito del mundo y el más duro. No cambio Lanzarote por Hawái”, asegura. También reivindica la contribución de Kenneth Gasque a la implantación de la prueba y confía en que la nueva etapa organizativa impulse aún más su repercusión deportiva y económica para la Isla.
Después de tantos años, Miguel Ángel no se identifica únicamente como deportista, organizador o terapeuta. Se considera, ante todo, un amante del triatlón que continúa nadando, corriendo y pedaleando, mientras comparte su experiencia con quienes viven la misma pasión.
Su mayor aprendizaje, sin embargo, trasciende lo deportivo. Las horas de entrenamiento le han enseñado a reflexionar, valorar a quienes le rodean y afrontar la vida con mayor equilibrio. “Me ha enseñado a vivir de forma más equilibrada, a hacer las cosas más conscientemente y a pensar también un poquito en los demás, porque uno sin los otros no es nadie”, reflexiona.
Su trayectoria demuestra que el triatlón puede ofrecer mucho más que marcas y resultados: experiencias, amistades y lecciones que acompañan durante toda la vida. “Al triatlón tengo que estarle muy agradecido”, concluye. Y deja un mensaje que resume su filosofía: “No sé si viviremos más años o menos años, pero por lo menos lo viviremos de forma más sana y saludable”.








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