SECTOR PRIMARIO

Presente y futuro de la viticultura de Lanzarote

La escasa rentabilidad del sector es el primer escollo para el necesario relevo generacional en la viña

Fotos: Manolo de la Hoz.
María José Lahora 4 COMENTARIOS 16/09/2019 - 05:38

“Una uva de muy buena calidad”. Así ha salido este año el fruto de las viñas. A punto de concluir la vendimia, el sector se congratula de haber alcanzado los dos millones y medio de kilos, a pesar de que las previsiones apuntaban a un descenso mayor en relación a la recogida de la pasada campaña, que alcanzó la cifra récord de 3,9 millones de kilos de fruta.

También se muestran satisfechos los viticultores por el precio alcanzado para la valorada malvasía volcánica, a dos euros de media. Sin embargo, el esfuerzo para sacar adelante la cosecha continúa siendo muy alto. Los agricultores son, cada vez, de mayor edad. Y lo que pueden aportar de veteranía lo restan con menos fuerzas. El eterno debate sobre la rentabilidad del sector merma las posibilidades de un relevo generacional en la viticultura.

El presidente del Consejo Regulador de Vinos de Lanzarote, Víctor Díaz, recuerda que la falta de relevo generacional es una de las principales debilidades del sector, junto a los elevados costes de producción por el “tipo de cultivo único” que, sin embargo, no se puede mecanizar. “Esto hace que no podamos competir en precios con otras zonas. Por eso, tenemos que seguir en la línea trazada de ir a mercados de calidad”, matiza.

También se enfrenta el sector al abandono de viñas. Un problema que, a juicio de Víctor Díaz, “no sólo afecta a Lanzarote, sino a Canarias en general. La gente joven si no ve un sector rentable no se dedica a él. La problemática del relevo generacional se puede solventar con un sector joven, formado y rentable”, asegura.

A su entender, el objetivo es “trabajar desde distintos departamentos y no sólo desde agricultura, hay que coordinar medio ambiente, hacienda, promoción y sector primario. Habría que seguir realizando formación entre los jóvenes para incentivarlos y que no abandonen el campo, que vean una rentabilidad que les permita vivir”.

Rodrigo, de 40 años de edad, se ha propuesto mantener la finca heredada de su padre en Masdache. En plena recogida de la listán negra, comenta el perjuicio que supone el abandono de las viñas. Se encuentra vendimiando la fruta con destino a la bodega Los Bermejos con la ayuda de unos amigos. Anima a los jóvenes a seguir su ejemplo, aunque sea como afición, “a fin de perpetuar la tradición y cuidar lo nuestro, porque si cuidamos las viñas contribuimos a mantener el paisaje y es de lo que vivimos en la Isla”, dice.

Propone también mayor formación para los jóvenes, aunque entiende las dificultades de acudir a los cursos cuando hay que compatibilizarlos con el trabajo. Ve muy difícil que, en el futuro, los jóvenes puedan contemplar como una posibilidad laboral dedicarse por completo a la agricultura. “A mí, porque me gusta el campo, al que más de los cinco hermanos”, comenta.

En la finca anexa, toda una familia se afana en la recogida de la moscatel. Madre e hijo se enzarzan en un debate sobre la rentabilidad del sector. Luis, recién llegado de uno de sus viajes al extranjero, habla de que, tal y como se encuentra el mercado laboral y los salarios que se ofrecen en otras zonas, la viticultura podría ser una buena alternativa. “A nadie le gusta estar sulfatando, es un trabajo duro, pero mientras paguen bien la uva, sacas un salario más alto que en otros trabajos”. Y hace los cálculos: a dos euros el kilo, si se cosechan 20.000 kilos, son 40.000 euros al año.

También es de los que piensa que trabajar una finca propia, aunque sea por el mismo sueldo que en un trabajo por cuenta ajena, es una opción a plantearse para muchos jóvenes que se encuentran con empleos precarios.

Su madre, Mari Carmen, discrepa. Asegura que las cifras que ha presentado su hijo están muy lejos de compensar el trabajo que conlleva el cultivo de la viña, con todo el esfuerzo que requiere a lo largo de todo el año. Habla así del sacrificio del viticultor y el riesgo de que una enfermedad o el mal tiempo acabe con la cosecha. Comenta que por hobby podría ser rentable, pero no como para obtener un jornal para mantener a una familia, porque obtener una buena cosecha, como la de este año, que garantice los ingresos, no es tarea fácil y depende de otros condicionantes.

El sector también se enfrenta al abandono de las viñas. Un problema, que a juicio de Víctor Díaz “no sólo afecta a Lanzarote, sino a Canarias en general”

La familia Parrilla de San Bartolomé se encuentra vendimiando las últimas parras de la listán negra con destino a Los Bermejos, en su finca de Masdache. El padre, Jesús, certifica también la buena cosecha de este año, con notables precios. Cuenta con la ayuda de sus hijos, Ángel y Jesús, para concluir la recogida de la uva.

Sin embargo, no confía en que sus descendientes mantengan la finca que adquirió hace ya veinte años. “El día que yo no pueda trabajar esto quedará abandonado o lo venderán. El único día que vienen es cuando voy a vendimiar, y si están de vacaciones. Cada uno tiene ya su trabajo”.

Jesús explica que siempre ha trabajado en la agricultura, aunque no precisamente en la viticultura, a la que se dedicaba en su tiempo libre. Aunque se muestra satisfecho por la calidad y el precio alcanzado en el fruto este año, lamenta que la “ceniza” haya atacado a casi toda su cosecha en la finca de El Islote. “No he cogido ni un kilo”, comenta con tristeza.

Jesús hijo, al igual que su hermano Ángel, asegura que no es rentable dedicarse al cultivo de la viña. Él se encuentra ahora de vacaciones, por lo que puede echar una mano en los últimos coletazos de la vendimia. Cree que al final las bodegas acabarán arrendando las fincas para tener su propia producción.

Por su parte, Chito, quien se encarga de la finca de una familia de Tenerife en Masdache en su tiempo libre, comenta las dificultades de la juventud para acceder a la agricultura, un sector en el que ha trabajado en varias temporadas. “Aquí no hay negocio ninguno. Las fincas, hoy en día, se mantienen por las subvenciones, a lo que se suma la dificultad para encontrar a algún joven que le guste la viña”, señala.

Comentarios

2 euros el kilo es un buen precio. Las parras sin bodegas no tiene sentido alguno, pero es lo que algunos quieren.
Si en la isla vivimos del mantenimiento del paisaje, como dice uno de los entrevistados, que empresarios y políticos paguen a nuestros abuelos y a toda la gente de Lanzarote que mantiene el campo y solo recibe mijagas. Buitres.
Pues si hay tan poca parra y es tan difícil trabajarla ¿de dónde sale tanta bodega conejera?
Ahora mismo las bodegas cobran ayuda del gobierno y hechan a los empleados Ademas contratan plantilla para vendimiar, Con empleados en erte ,que asco

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