ECONOMÍA

Los guías oficiales de Lanzarote piden aprovechar el impás para regular su labor profesional

La asociación APIT en la Isla propone rebajar drásticamente los cupos en las visitas a los Centros Turísticos y controlar el intrusismo en la actividad

Visita guiada a Timanfaya, en la nueva normalidad. Foto: Manfred Hofmann.
Lourdes Bermejo 0 COMENTARIOS 24/08/2020 - 07:47

Natacha López-Braña acaba de ser elegida presidenta de la Asociación de guías oficiales de Turismo de Lanzarote APIT, un colectivo que lleva años alzando la voz contra el intrusismo que existe en este sector en la Isla y pidiendo a las administraciones medidas de control.

“La situación es ahora aun más perjudicial para nosotros que antes de la pandemia, ya que las medidas sanitarias obligatorias favorecen a los grupos pequeños de visita, que son un formato habitual de las excursiones con guías no habilitados”, explica Natacha.

A pesar de las dificultades en la pandemia, que han hecho que muchos hayan tenido que abandonar la Isla en busca de destinos más visitados en estos momentos, los guías oficiales ven en este momento una oportunidad para cambiar algunas de las malas prácticas que se han ido asentando en la actividad turística en Lanzarote.

“Los guías habilitados hemos tenido que superar unas pruebas donde se mide nuestro conocimiento sobre todo tipo de aspectos de las islas en las que ejercemos, en mi caso, todo el Archipiélago. Así, aportamos a la visita información cultural, etnográfica y hasta geológica”, explica Natacha, hija ella misma de dos profesionales.

“A veces acompañaba a mis padres a Jameos, unas excursiones que solían acabar con un baño en la piscina, hoy algo impensable”, recuerda. Natacha López-Braña se siente muy inspirada por el ejemplo de Manrique, artista al que conoció y de quien

asegura seguir sus valores: “Él nos enseñó la inmensa riqueza de Lanzarote, al margen del sol y la playa, sus colores, su arquitectura, hasta su peculiar agricultura, por la que se interesa mucho el visitante”, indica.

“Los guías debemos estar comprometidos con la conservación y el medio ambiente, por eso alguien de la tierra o que lleve años en Lanzarote podrá transmitir estos valores únicos mejor que el que llega de fuera sin ningún tipo de homologación, como es exigible con los exámenes de guía del Gobierno de Canarias”, detalla.

Aunque no es partidaria de restringir al máximo la experiencia en los Centros Turísticos, como proponen algunas voces reconocidas, la presidenta de APIT sí cree que hay que poner límites al aforo en determinados espacios. “Queramos o no somos un destino de masas, pero se puede articular la visita, no solo a los Centros sino a otros espacios de interés, protegiendo la Isla”.

De momento, durante la pandemia, la afluencia turística ha caído en picado, lo que puede ser una oportunidad, según la nueva presidenta de APIT: “Es el momento de mostrar la calidad que tiene Lanzarote”, subraya.

La COVID, que impone estrictos protocolos de seguridad sanitaria, no ha cambiado, sin embargo, el perfil social del visitante. “En mi caso no noto grandes diferencias. Trabajo con turismo francés, que es muy cultural y, si bien notamos que al principio optaban por hacer rutas particulares en coches, al final se unían a los grupos de excursión porque les interesan las explicaciones que dan los guías”.

Eso sí, la asociación cree que este es el momento ideal para imponer horarios y cupos máximos de afluencia en lugares especialmente sensibles como son algunos de los Centros Turísticos que, por otro lado han sido sometidos durante el confinamiento a una labor de limpieza y mantenimiento.

“Suelo poner el ejemplo de la Alhambra, a la que desde hace unos años solo se accede a través de reservas. Soy más partidaria de reducir los grupos de visita que de subir el precio de entrada en el caso de los Centros”, dice Natacha.

Granada “ha dado un valor añadido a sus atractivos, regulando el acceso únicamente de profesionales oficiales y ordenando las visitas”, insiste la presidenta de APIT, que explica que “los propios guías que trabajan en la Alhambra se encargan de apartar a los no habilitados, un mecanismo que en Lanzarote sería bastante simple, por ser un sitio pequeño”.

“Con que se pidiera en las taquillas el número de habilitación, sería suficiente para ejercer ese control, como se hace en otros sitios”, explica. Natacha cree que el número de visitantes debería restringirse en lugares como la Cueva de los Verdes, para asegurar una experiencia satisfactoria y el respeto al entorno.

Informaciones erróneas

La COVID favorece el trabajo de los guías que no están habilitados, ya que trabajan con grupos reducidos y en vehículos pequeños que conducen ellos mismos. “Pero no todo el que hable un par de idiomas está capacitado para hacer este trabajo, al contrario, daña mucho la imagen del destino”, asegura Natacha, que cuenta, como anécdota, las explicaciones que se han llegado a dar en las visitas a Morro Velosa (Fuerteventura), indicando que se trata de la casa de vacaciones de Manrique; o diciendo que Jameos del Agua es un Parque Nacional.

Natacha López-Braña: “Soy más partidaria de reducir los grupos de visita que de subir el precio de entrada en el caso de los Centros”

La competencia desleal se repite desde hace décadas en la Isla y ha sido el caballo de batalla de las asociaciones del ámbito de la información turística con las administraciones. Una batalla perdida, según los profesionales de APIT, que sufren desde la falta de inspectores (dos para todo el departamento provincial), pérdidas de pendrives con pruebas de intrusismo en las denuncias presentadas ante el Gobierno de Canarias hasta el “nulo interés de la administración insular”

A este respecto, no obstante, parece haber cierta esperanza. “Aunque todavía no se ha hecho nada, sí hemos notado un cambio de actitud de esta corporación en el Cabildo, una intención de afrontar esta problemática”, indica Natacha.

Los guías esperan una respuesta a su situación laboral, con los cargos mensuales de sus cuotas de autónomo llegando puntualmente y un descenso insostenible en el número de excursiones contratadas. “Hacemos una o dos al mes”, se lamenta esta profesional que toma ahora las riendas de la asociación APIT.

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