CULTURA

La historia de Shirley: escribir para dejar de huir

“Una sociedad machista es horrible. Te quitan el derecho de todo”

Foto: Adriel Perdomo.
Saúl García 6 COMENTARIOS 18/04/2021 - 08:39

Shirley Saavedra es una joven colombiana que llegó a la Isla cinco años después que sus padres. Ha escrito un libro sobre su vida para empezar a comprender: sobre el desarraigo, el abandono y las relaciones personales.

El de Shirley es un testimonio personal, un libro para exorcizar sus propios fantasmas, pero también es una voz que apenas se ha dejado oír, la de una generación que se quedó en su país, casi siempre Colombia o Ecuador, mientras sus padres llegaban a la Isla a buscar un futuro mejor para ellos mismos y para esos hijos que dejaban atrás temporalmente.

Es una historia muy repetida en Lanzarote, en aquel Lanzarote de principios de siglo del boom de la construcción, pero que se ha alargado en el tiempo y que, sin embargo, se ha contado en pocas ocasiones, Shirley aborda y expone su propia historia sin prejuicios, sin complacencia alguna y con mucha valentía.

“La vida me lo ha puesto complicado, pero me ha hecho fuerte”, dice con una sonrisa. Ella es Shirley Andrea Saavedra, pero en el libro que acaba de escribir lleva el nombre de su título, Amonet, que es una joven de 23 años, pero que fue la diosa del misterio en la mitología egipcia, una diosa que tenía el poder de la creación sin ayuda del género masculino.

Ella, en principio, solo buscaba una palabra que empezara por la palabra amor, pero se encontró con una referencia tan metafórica como textual. Dice que siempre ha escrito, desde que era niña: lo que sentía, lo que pensaba.

En esta ocasión, para llegar a esta historia comenzó por otra, por la de su padre. Empezó a escribir sobre la vida de su padre, no sobre la suya, y ese proceso le llevó a “entender muchas cosas”. “Comencé también a entender a mi madre y le dije a mi padre, ‘voy a parar’”, dice. “Y me fui de su casa porque me venían nubes, recuerdos, y me ponía mal de nuevo”, señala.

Entonces sintió la necesidad de escribir sobre sí misma: “Empecé a organizar mis recuerdos para entender lo que me había pasado”. Lo que le ha pasado, casi por encima, es la vida, su vida. Una vida aún corta, pero con muchos episodios. Shirley se quedó en Colombia con sus abuelos y su hermana pequeña, hasta que, cinco años después, sus padres volvieron a por ella y la trajeron a Lanzarote.

Después, sus padres se separaron, pasó de ser una estudiante brillante a acumular suspensos, a cambiar de casa y de hogar, a salir a la calle, a beber, a fumar... Se quedó embarazada con 14 años, tuvo a su hija y eso le cambió la vida. “A mi madre le di a leer el borrador y notaba que me miraba de otra manera, pero aun así creo que sigue sin comprenderme”.

Dice que lo único que le interesaba, la única opinión que le iba a importar sobre el libro, era la de sus padres, que por supuesto aparecen mucho en el libro y no siempre quedan bien. “Yo soy muy sincera”, dice Shirley.

Esa sinceridad la ha llevado a retratar a muchos de los hombres que han pasado por su vida, que no la han tratado bien. Desde su abuelo, con el que se quedó en Colombia, que le pegaba y la controlaba, a su padre, su pareja y otros, más o menos cercanos, que intentaron abusar de ella. “Una sociedad machista es horrible, te quitan el derecho de todo, te meten en la cabeza cosas tan absurdas -dice- y yo no me conformaba con ese papel”.

“Te acostumbras a resistir ante lo malo e incluso echaba de menos a mi abuelo, que me pegaba, pero hacía los deberes conmigo”, asegura. Por ese proceso de comprensión, al empezar la escritura del libro, dice que ahora ve la emigración de otra manera, porque antes juzgaba a sus padres por marcharse. “No sabía cómo eran capaces de irse y dejar a dos hijas”. “Después empecé a entender y hay que verse en esa situación para salir a luchar por sacar a tus hijos de allí”.

Ahora ve la emigración de otra manera: “No sabía por qué dejaban a sus hijas”

Tuvo mucha rabia y rencor, por eso y también por su convivencia y su separación: “Es feo lo que siente un hijo cuando sus padres se odian”, dice. Y la solución nunca es fácil: su padre optaba por las palabras, que le acabaron perjudicando más, y su madre por el silencio. “Nadie me explicó nada y alimenté el odio y la rabia, pero hoy lo entiendo todo -dice-, como hija solo tenía la esperanza de que alguien pensara algo bueno sobre mí”.

Creyó durante mucho tiempo que era un desastre, que “solo servía para cagarla”. “Las locuras que hacía no era por estar triste sino porque no sentía nada”, dice. Nadie se preocupaba por cómo se sentía y estaba “harta” de su casa, de sus relaciones, de su trabajo de camarera de piso... La primera vez que recuerda sentirse bien fue en un viaje a Suiza, donde vive su hermana mayor. Sintió “una gran paz”, dice.

Después se fue durante un año a Valencia y volvió a la Isla porque su padre enfermó. En Lanzarote tuvo un accidente, le operaron de la rodilla y está de baja. Su último trabajo había sido en la cocina de un centro hospitalario. Quiere retomar los estudios. Está estudiando para ser auxiliar de odontología, quiere terminar el Bachillerato de Ciencias y le gustaría poder estudiar Medicina. “Ya estoy centrada”, dice.

Y así quiere empezar de nuevo su vida. “He intentado que mis padres estén bien, pero ya está, ya no es mi responsabilidad”, dice. Cree que el libro puede servir para que algunos padres se den cuenta de que su ego puede causar daño en el bienestar de sus hijos. “Hice el libro para que esas personas entendieran el daño que pueden hacer y porque toda mi vida he huido y ya no tengo ganas de huir más”.

Comentarios

Ya no les queda nada más que inventarse, la supervivencia es jodida para todos.
Es triste ver, como algunos latinoamericanos, emigran para dar una mejor vida a sus hijos y no es así. Muchas veces continúan con el estilo de vida de sus comunidades, la chicas se embarazan jóvenes, los chicos ingresan a bandas, dejan sus estudios, y no alcanzan la vida mejor, sigue siendo la misma pobreza que tenían en sus países. Fantástico es cuando se acogen a las costumbres de los países donde emigran, estudian , se preparan. Posponen la maternidad, trabajan. De esta manera si obtendrán la mejor vida, que tanto anhelan.
Es triste ver, como algunos latinoamericanos, emigran para dar una mejor vida a sus hijos y no es así. Muchas veces continúan con el estilo de vida de sus comunidades, la chicas se embarazan jóvenes, los chicos ingresan a bandas, dejan sus estudios, y no alcanzan la vida mejor, sigue siendo la misma pobreza que tenían en sus países. Fantástico es cuando se acogen a las costumbres de los países donde emigran, estudian , se preparan. Posponen la maternidad, trabajan. De esta manera si obtendrán la mejor vida, que tanto anhelan.
Mis más sincera enhorabuena , por tu capacidad para salir adelante y sobre todo por infundir esperanza . Animo y ¿ donde se puede comprar tu libro ?. La vida en estos momentos no es fácil para mucha gente pero se sufre solo con abandonar tu casa y tu familiar .
EEEEEEEEEEEEE
Fantástico sería (2 y 3) si los países acogieran con garantías a las familias de inmigrantes.No es así. Existe una clara discriminación en los trabajos, en las escuelas, en suma, en la sociedad. Hablo desde la propia experiencia y aconsejaría a Doña Lluvia que arroje el agua sucia sobre su propio tejado.

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