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La Casa del Miedo, una historia de ayer y de hoy

La entidad trabaja en una campaña de captación de socios para avanzar en la reforma de la sede del Charco de San Ginés y ampliar la oferta de actividades

Inauguración de la actual sede, años antes de la construcción del paseo marítimo.
Myriam Ybot 3 COMENTARIOS 23/03/2019 - 07:32

Han pasado más de cuatro décadas desde que un grupo de amigos, unidos por la afición a las peleas de gallos, ocupara un inmueble ruinoso en la ribera del Charco de San Ginés para sus reuniones y tenderetes. Aquella prístina Casa del Miedo, que auspició un barquillo de vela latina y un grupo de Carnaval, es hoy una sociedad plenamente instalada en el siglo XXI, que aspira a perpetuarse sobre la defensa de las tradiciones populares de Arrecife.

Si cualquier empresa diseñara para Arrecife la ya clásica ruta turística de los mitos y las leyendas de la ciudad, no podría obviar la parada obligada frente a la Casa del Miedo y su enseña pirata. Porque, aunque todavía hay quien conserva en su memoria las reuniones en el inmueble abandonado de la ribera del Charco que daría nombre a una cuadrilla de amigos y posteriormente a una entidad cultural y deportiva, todo apunta a que sus orígenes acabarán perdidos en la bruma de la Historia.

Uno de los fundadores, ya fallecido, el abanderado a perpetuidad José Trujillo, daba cuenta en una entrevista concedida a un medio local en 1986 de aquellos primeros encuentros, una década atrás, en los que se organizaban las salidas de Carnaval, los sancochos de los sábados “y unos tenderetes por todo lo alto en los que lo pasábamos de miedo”.

El temor en el momento de cruzar el umbral de una construcción en ruinas -la de más solera del Charco, al decir de Trujillo- fue otra de las razones para el apelativo, que se ha popularizado con el paso del tiempo hasta convertirse en símbolo de la tradición marinera en la capital.

Lo recuerda José Carlos Carmona quien, junto a Jacinto Oliva, acude cada tarde a una sala de la sociedad bajo cuyo dintel puede leerse “solo para socios” y donde, con otros hombres de pelo cano y piel atezada, juegan a la baraja. Los muros que los arropan están trufados de fotos en blanco y negro de grupos de Carnaval, futbolistas en formación y barquillos de velas desplegadas.

Una de ellas, de especial significado, inmortalizó en 1975 a la primera murga de La Casa del Miedo, cuando sus integrantes todavía rodaban por garajes y locales prestados e iban ganando peso en la sociedad arrecifeña de último tercio de siglo.

La nueva sede

Tanto es así que durante el primer mandato de José María Espino en Arrecife, el alcalde se avino a la cesión en usufructo de una parcela en la ribera del Charco, tras vanos intentos de trasladar el local social a Santa Coloma. Y reconocía en el acto inaugural el arraigo del colectivo a esa zona marinera y el valor de un trabajo “que es una forma auténtica de cultura, que nace del pueblo y que va a tener aquí muchas manifestaciones”, dijo.

Durante el primer mandato de José María Espino en Arrecife, el alcalde se avino a la cesión en usufructo de una parcela en la ribera del Charco

En la puesta de largo de la actual sede, el 1 de mayo de 1987, financiada y construida por unos cuarenta socios -“25.000 pesetas pusimos cada uno”, recuerda Carmona-, estuvieron presentes también el escritor y periodista Agustín de la Hoz y un César Manrique en su mejor momento, que aportó elementos decorativos al inmueble.

De la Hoz, tal y como recoge la prensa de entonces, destacó la vinculación de la entidad con el mar e hizo pública la inminente finalización de una Historia de los barcos de vela de Lanzarote, que nunca vería la luz. También anunció la cesión a la Casa del Miedo de su archivo documental vinculado a los temas náuticos, “para que vuestros hijos y nietos puedan recordar esa vida de fervor, de grandeza y de libertad, porque el mar que nos rodea no nos aprisiona, nos libera”.

Finalmente, el presidente Manuel Gutiérrez, recitó los nombres de los fundadores: Policarpo Robayna, José Rijo, Marcial Hernández, José Dévora, Juan Martín, Tomás Oliva y él mismo, y aseguró que a los 57 socios se sumarían 20 más, “tanteando la capacidad del local”.

Ante sus paredes de cal blanca y carpintería azul y ventanas de ojo de buey, un descampado de rofe a desnivel y una lámina de agua sin barquillas. Alrededor, las pocas edificaciones marineras tradicionales y, enfrente, un skyline que daba pistas del incipiente desarrollo económico de la Isla, construcciones en obras y una casa consistorial aún por imaginar.

Treinta años después...

La Casa del Miedo del siglo XXI está enclavada en un espacio que ha evolucionado de marinero a turístico, cuyas antiguas casas terreras son hoy coquetos restaurantes y donde los enjambres de chiquillería que maltrataba balones han sido sustituidos por cruceristas armados de cámara y palo selfie a la caza del mejor plano y enlicrados y sudorosos corredores.

La Casa del Miedo del siglo XXI está enclavada en un espacio que ha evolucionado de marinero a turístico, cuyas antiguas casas terreras son hoy coquetos restaurantes

Por el camino, una nueva ampliación en el año 1981 y un vaivén de asociados, que alcanzó los tres centenares en las mejores épocas y que en la actualidad suman unos 160.

Aumentar el plantel de inscritos es una de las metas del presidente desde hace tres años, un desconocido Lorenzo Pérez que adquiere contornos e identidad bajo el nombrete de Chiri.

“Desde la etapa del anterior presidente, Pepe Tabares, ya buscábamos recuperar socios para poder mejorar la infraestructura de la Casa, ampliar la oferta de actividades y, de paso, invertir en la pervivencia de las tradiciones porteñas de Arrecife; y ahora hemos reactivado este objetivo”, explica.

En su cabeza se dibujan los planos para el cambio de los suelos, la reforma de los baños y accesos en aras de una accesibilidad total, la instalación de extractores de humo inteligentes o la conversión del salón grande en un espacio polivalente.

La hoja de servicios de la nueva dirección -de la que forma parte como vicepresidente Antonio Martín- es impecable. Además de la generosa colaboración anual con el Ayuntamiento en las fiestas de San Ginés, para las que organizan las carreras de chalanas y jolateros, las cucañas marinas y otros juegos centenarios, han ideado talleres de truchas navideñas. Y la sala donde tuvo lugar esta entrevista se convertiría, unas jornadas después, en improvisado camerino de la compañía de teatro Clapso en su pasacalle carnavalero.

Por delante, sueños en los que una barquilla de vela latina de cinco metros vuelve a surcar el océano con el nombre de la Casa del Miedo pintado en el casco y una murga infantil que agita sobre los escenarios la bandera pirata.

Para alcanzarlos, Chiri recuerda las ventajas de la asociación: descuentos en los precios de las actividades, invitaciones a los encuentros de confraternización, disfrute privilegiado de un espacio único... Y sobre todo, el saberse partícipe de un colectivo guiado por la generosidad, el trabajo conjunto y el respeto a las tradiciones populares.

Comentarios

Todo una institución q se ha convertido en patrimonio de los habitantes de la zona. Nuestras autoridades tienen q ayudarles
Admiro a la casa del miedo pero hecho en falta que no halla influido en que el charco de san Gines sea dragado para que así siempre este lleno de agua.Y de paso limpiar las piedras del puente de salida.
Alfredo, lo natural es q el charco este tal cual, mejorando la limpieza del fondo y el litoral

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