Familias Anónimas: “Cuesta mucho que la gente entienda esto”
La asociación se reúne cada semana desde hace muchos años. La realidad de las adicciones ha cambiado mucho pero las consecuencias son muy parecidas
Las reuniones se repiten desde hace años. Muchos años. Tienen una estructura fija. Cada semana tiene lugar el mismo procedimiento. Hubo un tiempo en que la mesa era más grande y todas las sillas a su alrededor estaban ocupadas. En la sesión de hoy solo hay tres mujeres, aunque suelen ser seis, ocho o 10. Siempre, o casi siempre, son mujeres: madres, o parejas, de personas con adicciones. A las reuniones puede asistir cualquiera. “A nadie se le pregunta su nombre ni su dirección”, dicen. No hay inscripción, ni socios, ni dinero en ninguna dirección: ni hay que pagar ni reciben subvenciones de ningún tipo. Se trata de hablar, acompañarse, entender y entenderse.
“Cuesta mucho que la gente entienda esto”, dice una de ellas. Como no hay nombres en la reunión, así quedan, aunque hace tiempo que dejaron el anonimato. En España hay cerca de 30 grupos y uno de ellos, que se denomina Progreso, el único de Canarias, está en Arrecife. Lanzarote fue uno de los primeros lugares de España en sumarse. Ahora hay cerca de treinta grupos y muchos más en otros países. Cada año realizan un congreso, se ven las caras y comparten sus experiencias. En el año 2012 se hizo en Playa Blanca.
Se llaman Familias Anónimas y se reúnen cada lunes por la tarde. Familias Anónimas nació en Estados Unidos a principios de los años setenta a imagen y semejanza de los grupos de Alcohólicos Anónimos, pero a estas reuniones no acuden los que tienen problemas con las drogas, sino los que sufren las consecuencias derivadas de ese abuso.
“Esto no es para los hijos, esto es para las madres”, dicen. Es una forma de intentar quitarse la culpa, que siempre acaba apareciendo en algún momento por la adicción de un hijo. “No es una enfermedad pero la llevamos en el cuerpo”, señalan. Lo que aprendemos es que no tenemos culpa, aunque sí responsabilidad, toda, nuestra, de la sociedad y de quien sea, pero no culpa”.
La historia de la droga en Lanzarote, principalmente de la heroína, tiene capítulos aún no cerrados. Mucha gente se quedó en el camino y supuso mucho dolor para las familias, que lucharon para mejorar la atención a la drogodependencia en la Isla, donde no había centros de desintoxicación y había que desplazarse a otra ciudad y hacer un gasto económico del que no se disponía, en muchas ocasiones. El coste de la insularidad también se notaba aquí. “No es lo mismo que tengas que llevar un chico a un centro de rehabilitación si vives en Sevilla y el centro está en Córdoba, que si estás en Lanzarote y tienes que llevarlo a Madrid, porque en las Islas no había nada”.
En Arrecife, recuerdan hoy, se organizaron unas jornadas para informar a las familias, con psicólogos y otros especialistas, como primer paso, y después se fue abriendo el centro de ayuda a la drogodependencia, surgieron asociaciones como Afacoda, se consiguió un local para reunirse, etc.
“Era muy difícil llegar a ayudas, las familias lo padecíamos tanto o más que los chicos y se pasaba por momentos muy difíciles y diferentes, a veces de sobreprotección y otros de echarlos a la calle...”, comentan. “Queríamos ayudarlos pero no sabíamos cómo hacerlo”. Pero lo que les recomendaron, como familias, es que tuvieran un lugar para reunirse y comenzaran a hacerlo para poner en común sus experiencias. De esa manera, se convirtieron en una de las tres o cuatro primeras reuniones de Familias Anónimas que se organizaban en España. Hoy son muchas más.
“Al principio, la gente no quería que se supiera, pero esto es algo que no se puede ocultar y menos en un lugar tan pequeño, hay que asumirlo, tampoco se puede anunciar por la calle con una campanilla, pero si se sufre esto en la familia la sabe hasta el Papa”, explican de forma coloquial.
Las reuniones empezaron en la década de los años noventa y las reivindicaciones también, de forma paralela, para tener un centro de atención y de tratamiento y más recursos, porque había un sistema en los centros de desintoxicación que no convencía a todos.
“Los que fueran a un centro, después prácticamente no podían volver a la Isla, donde habían estado, así que los desterraban, y además al estar lejos las familias no podían ir a visitarlos, por eso luchamos para que hubiera un centro aquí y empezamos a pedirlo, pero claro, no se nos hacía ningún caso. Eran tiempos en que se ponía el acento en detener al consumidor y no al traficante”, insisten.
Normas
Las reuniones de Familias Anónimas tienen sus normas, su fórmula, sus rutinas. Hay una serie de lecturas que se ponen en común. El sistema se basa en ‘Los doce pasos’, un programa clásico para grupos de apoyo que nació en los años treinta en Estados Unidos en Alcohólicos Anónimos y que se ha extendido para cualquier tipo de adicción.
A ellas les sirve “para saber cómo seguir viviendo el problema y ayudar a otras personas”, “pero hasta donde nosotras vemos que se le puede ayudar, de ninguna manera sobreprotegiéndolo”, puntualizan.
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Sede de las asociaciones Afacoda y Derecho y Justicia.
“No consiste en intentar cambiar al otro, sino en cambiarte a ti mismo”
“Esto no termina nunca”, aseguran. Las circunstancias han cambiado mucho, pero las reuniones continúan porque siempre hay otras sustancias, nuevos adictos y familias que se ven envueltas en el problema y no saben cómo reaccionar. Las más asiduas llevan muchos años pero su función principal ahora es poder ayudar, aportar sus experiencias a otras familias que sufren aún el mismo problema aunque con elementos diferentes a la epidemia de la heroína.
En Lanzarote, todo aquel que quiera asistir o esté interesado en informarse lo puede hacer llamando al número de teléfono 667 368 356 o acudiendo a la sede de Afacoda y Derecho y Justicia en la calle Ramón Franco, 11, de Arrecife, los lunes a las seis de la tarde.
En estas reuniones se aprende a ofrecer solo sugerencias, nada más. “Todos los días se aprende algo y esto vale también para saber entender a los hijos que no tienen adicciones y para vivir con esperanza. Esto funciona si sigues viniendo”, añaden. “No consiste en intentar cambiar al otro, sino en cambiarte a ti mismo”. “La primera vez que yo escuche esto dije: esta gente no está bien de la cabeza, ¿por qué voy a tener que cambiar yo?”, añade una de las participantes.
Su papel como ayudantes “no consiste en hacer algo por la persona a la que intentamos ayudar, sino en ser algo para ella”. “No intentaré ni controlarlo ni cambiar sus actos, sino que cambiaré mis reacciones a través de la comprensión y del conocimiento, cambiaré mis reacciones negativas por positivas, el miedo por la fe, el desprecio por sus actos por el respeto a su potencial interior, la hostilidad por la comprensión, la manipulación o la sobreprotección por la ayuda con amor, dándole una oportunidad para seguir su propio destino, sin interferir en la elección que pueda tomar”, aseguran.
Doce pasos
“Los doce pasos es los que nos lleva a nosotros a soltar a nuestros hijos y a ponernos en manos de un poder superior”. No se trata de una cuestión religiosa, dicen, si no de saber que los hijos no son nuestros, son de la vida y tú lo vas a ayudar. Si no se deja ayudar, no podemos ayudarle y hay que soltarlo. “Una de las cosas que decimos nosotras es que tenemos derecho a una vida mejor”.
Quien esté interesado en acudir puede llamar al 667 368 356
Este año se han incorporado dos mujeres que sufren en su familia el problema de la drogadicción en la actualidad. “La droga no solamente afecta a quien la consume, sino también a la familia del consumidor”, dicen los folletos con los que se anuncia Familias Anónimas, que ahora quieren extender estas reuniones al interior del centro penitenciario, como ya se hace con otras adicciones y también se quiere poner en marcha, con otros grupos distintos, en los centros de atención a drogodependientes.

















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