SECTOR PRIMARIO

El relevo vitivinícola: el enólogo Juan Daniel Ramírez apuesta por un nuevo vino, Akaet

El enólogo gusta de experimentar y ofrecer una singularidad distintiva con su nuevo vino

Foto: Manolo de la Hoz.
María José Lahora 0 COMENTARIOS 17/12/2018 - 05:53

El joven lanzaroteño Juan Daniel Ramírez, enólogo e ingeniero agrícola, ha apostado por la vitivinicultura para no perder los lazos con la práctica vitícola mientras prosigue sus estudios e investigaciones en torno a la enología en la Universidad Rovira y Virgili de Tarragona, donde está realizando su doctorado. También se encarga de realizar estudios genéticos como el de la variedad malvasía.

Después de poner en marcha un proyecto vitivinícola en Andorra, por la cercanía a su actual lugar de residencia, apostó por regresar a sus raíces y adquirió dos parcelas de viñas en la Isla, una en Haría y otra en Guatisea, que le proporcionan la uva para elaborar una producción limitada de un aromático vino blanco bajo el nombre Akaet.

Se trata de un vocablo toponímico “ti-terog-akaet”, que significa montaña colorada, en referencia expresa al topónimo actual de Las Coloradas, lugar en que desembarcaron los normandos y que llamaron Rubicón.

Distingue en su elaboración entre la parcela de Valle de Malpaso y Guatisea, con vendimias en distinto momento y diferentes variedades. Así, en la finca de San Bartolomé predomina la malvasía, mientras que en la finca de Haría a la malvasía se unen la diego y listán blanco.

Para esta añada ha querido innovar en la elaboración de sus vinos y la puede realizar gracias a la generosa asistencia de la bodega Tierra de Volcanes de José Antonio Rodríguez, que le permite el uso de depósitos para su producción particular.

Además de en Andorra, Juan Daniel ha trabajado en la producción vitivinícola en Chile antes de dedicarse a la tierra lanzaroteña, a donde quiso volver para su personal proyecto. Su primera añada fue en 2017, tan sólo tres años después de adquirir la parcela de Haría, de cuidarla y reconvertirla en ecológica con variedades malvasía volcánica, diego, listán blanco y listán negro, así como en Guatisea, donde predomina en un 90 por ciento la malvasía.

“De cada parcela sale un vino diferente”, señala. Por ello diferencia en el embotellado entre Valle de Malpaso y Guatisea en sus vinos blancos secos. También cuenta con uva listán negro en la parcela de Haría, pero por motivos de agenda no se ve capaz en la actualidad de adentrarse en la elaboración de tinto, dado que requiere una mayor dedicación.

Explica también que esta distinción entre parcelas no es sólo por las variedades que se asientan en la misma, sino también por el hecho de su particular ubicación. Una se encuentra situada en un núcleo de población y otra en una zona más aislada y más expuesta a enfermedades, con parcelas limítrofes abandonadas o con cultivos que pueden dar refugio a ciertas plagas que afectan a la viña y que en definitiva supone una intervención de mano de obra distinta.

Para esta añada ha optado por experimentar con la elaboración del vino Guatisea en ánfora de cerámica a fin de conferirle “un aporte diferenciador”, para que a nivel aromático y en boca los sabores sean distintos. El empleo de este material permite además “cuidar un poco más el vino”. 

“Además, al ser cilíndrico permite más contacto en superficie con el vino, que nos va a aportar unas características específicas”, detalla. También continúa elaborando sus caldos en las habituales cubas de acero inoxidable. “Pero me gusta probar cosas nuevas”.

Vino en ánfora

Busca dos perfiles diferentes de vino. Por un lado, uno más ligero con una acidez más marcada y el amargor que aporta la listán. “Es un vino más fresco, más fácil de beber”. En cuanto a la producción que saldrá del ánfora explica que persigue “un mayor cuerpo y un proceso de microoxigenación que hace que evolucione más, aunque se ha mantenido el aroma primario de la fermentación”.

Se muestra muy satisfecho de los resultados logrados con esta experiencia a pesar del riesgo de elevar el ph del vino. Su pareja y también enóloga Marta Labanda ha sido la encargada de diseñar el proceso del vino en el ánfora.

El vino Akaet se distingue principalmente por la maceración. La uva entra a cuatro grados centígrados en la prensa y cuando está a diez se realiza finalmente el prensado, independientemente del tiempo que precise para ello.

Aún trabajando en cultivo ecológico reconoce que su vino carece de certificación dado que la bodega en la que se elabora debe acogerse también a este tipo de producción, requisito que aún no cumple.

Asimismo, explica que su producción no puede valorarse como natural porque se ayuda de herramientas que están al servicio de los vitivinicultores para cuidar los caldos como el gas carbónico para evitar oxidaciones. También añade CO2 o nitrógeno a la maceración o emplea levaduras comerciales.

El diseño de la etiqueta Akaet, que simboliza la Isla, es obra de su primo Juan David Machado, artista lanzaroteño. La producción, situada entre las 1.000 y 2.000 botellas, se distribuye entre algunas de las Islas, si bien no se puede encontrar por el momento en Lanzarote una muestra de este vino nacido, elaborado y embotellado en la Isla.

Juan Daniel explica que no ha dado aún con la red de distribución adecuada que permita a sus paisanos degustar sus vinos y que achaca más al “desconocimiento que le permita tener unas armas” con las que pueda promover su marca en su lugar de origen.

Desde que comenzó con la elaboración del vino, Juan Daniel acude desde Barcelona a Lanzarote cada dos fines de semana para atender el progreso de sus vinos y espera que puedan estar listos entre enero y febrero.

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