El enorme peso del viento en la historia de Lanzarote y Fuerteventura
Alisios y sirocos han marcado muchos aspectos del territorio, la economía y la sociedad de unas islas donde los meses de calma son escasos
El encendido debate sobre los aerogeneradores ha vuelto a poner al viento en el centro de la actualidad de Lanzarote y Fuerteventura. Pero lo cierto es que es un elemento clave en la idiosincrasia de ambas islas: desde características decisivas del paisaje y la ecología insular, hasta arraigadas costumbres sociales y económicas o incluso manifestaciones arquitectónicas y prácticas deportivas están marcadas por brisas y vendavales.
Posiblemente, para mucha gente algo tan efímero y volátil como el aire en movimiento no sea un elemento capaz de dejar una profunda huella en la cultura de un lugar. Aunque es probable que esas personas no hayan vivido en las islas más orientales de Canarias, donde el viento gobierna con aplomo.
Fuerteventura y Lanzarote son ínsulas donde los surestes traen fuertes calimas y los alisios reinan durante gran parte del año. Para empezar, el viento, con el noreste como principal vertiente, ha sido una fuente decisiva para la llegada de la vida a estas islas. Los alisios y los sirocos son fenómenos claves para entender la colonización biológica de Canarias desde hace millones de años. Ya sea directamente por el aire o por su efecto en las corrientes marinas, el caso es que el viento fue el responsable de traer muchos animales y vegetales que poblaron aquellos primeros volcanes que se elevaron por encima del mar para dar forma a Fuerteventura y Lanzarote hace millones de años.
Estas islas son las más antiguas de Canarias y las únicas que comparten la misma base volcánica, de tal manera que geológicamente se las puede considerar como una sola ínsula, que se une o se divide según los niveles del mar en cada etapa histórica. También son las de mayor cercanía a África y las situadas más al norte, con lo cual sirocos y alisios pegan con más fuerza.
![]()
Lámina con un corte de un “molino pajero” con sus distintas partes, realizada por Santiago Alemán Valls. Esta ilustración se incluye en su libro ‘Arquitectura tradicional de Canarias. Un recorrido a través del dibujo’ (Ediciones Remotas).
El viento ha estado presente en casi todos los procesos históricos
La paradoja del viento es que además de ayudar a traer muchas formas de vida, también es una de las causas de la lenta desaparición de las Islas. En el mismo entorno marítimo de Canarias se han descubierto varias formaciones de ínsulas submarinas que hace miles de años todavía estaban por encima de las aguas del mar, pero por distintos efectos erosivos, con el tiempo ventoso como uno de los principales, fueron viendo como más partes de su superficie eran conquistadas por el mar, hasta terminar por debajo de la superficie. Sin llegar a tanto dramatismo, la falta de altas montañas impide a Lanzarote y Fuerteventura aprovechar las nubes cargadas de humedad que traen los alisios aunque refrescan su ambiente, mientras su fuerza y constancia aumenta la sequedad y aridez del terreno.
Corrientes oceánicas
La corriente que trae el famoso anticiclón de las Azores también han sido clave en la historia social, política y económica de nuestras Islas. El régimen de viento norte que gobierna esta zona del Atlántico siempre ha favorecido el paso de barcos, trayendo conquistadores militares y nuevas ideas de negocios. En el nuevo camino a América, Cristóbal Colón pronto descubrió que Canarias era una parada perfecta, fomentando la rica relación con el Nuevo Mundo de nuestro archipiélago. Y es muy probable que los contactos con fenicios, romanos u otros pueblos del Mediterráneo también tuvieran al viento como protagonista de su arribada a Canarias.
Casi toda la economía de exportación ha mantenido fuertes lazos con lo venteado de estas islas, puesto que en su papel de bisagra entre Europa, América y África, los distintos ciclos históricos de Canarias han estado muy vinculados con el comercio atlántico, desde los tiempos de la orchilla y la esclavitud, hasta los sectores actuales.
![]()
Juguete de viento de César Manrique.
Los brisotes también han influido en otras fuentes de recursos tradicionales como las salinas, la ganadería, el marisqueo o la caza, de la misma manera que hoy en día los alisios proveen a Canarias de un clima suave durante casi todo el año para convertirlas en un destino ideal para el turismo, su principal motor económico en las últimas décadas.
Muchos aspectos de la navegación o la pesca han estado pendientes del soplo de las endiabladas rachas oceánicas durante centurias. Las técnicas del manejo en la mar, las artes usadas para las capturas, la organización del calendario de pesca o la construcción de los barcos han dependido de su adaptación a los vientos del norte y de su capacidad para lidiar con los temidos surestes.
El auge de los deportes náuticos en Fuerteventura y Lanzarote en los últimos tiempos beben igualmente de la misma situación ventosa. La navegación a vela (desde la Latina más clásica a otras clases como J80, snipe, láser o muchas más), el kitesurf o el windsurf no solo adquieren protagonismo visual en nuestras costas, sino que también son hoy la raíz de nuevas empresas y un refuerzo para la oferta turística deportiva.
Lo mismo ha sucedido con la agricultura, donde la colocación de los cultivos o su misma selección han estado en función de los vientos. En ambas islas la vetusta arquitectura de piedra seca ofrece grandes ejemplos constructivos en función de la dirección de las ráfagas, como nateros, gavias o muros contravientos pensados para proteger a las plantas durante su crecimiento.
También la arquitectura tradicional de Canarias está fuertemente relacionada con el viento, empezando por la disposición de las viviendas, casi siempre orientadas para protegerse del noreste de los alisios. Aunque el gran símbolo de esta relación, especialmente en Lanzarote y Fuerteventura, es la ingeniería molinera en todas sus variantes; molinos tradicionales, molinas, molinos de Chicago, etc.
Durante siglos, la energía del viento se utilizó para moler los cereales de dos islas conocidas como el “granero de Canarias”: economía, agricultura y alimentación en torno a unos molinos tradicionales que poco a poco se fueron quedaron obsoletos y hoy se conservan esporádicamente bajo un valor cultural y patrimonial. No obstante, el frecuente viento de estas islas sigue moviendo grandes aspas hoy en día, las de los aerogeneradores que han ido poblando el paisaje en las últimas décadas.
![]()
Vela latina.
Los alisios han impulsado negocios, migraciones e intercambios
El viento ha estado presente en casi todos los procesos históricos, como en las erupciones de Timanfaya del siglo XVIII, trasladando al centro y sur de la isla millones de toneladas de ceniza volcánica, lapilli para los científicos y arena para los conejeros. Pero las corrientes aéreas no solo fueron claves en el reparto de ese enorme manto negro, cuando se empezaron a cultivar viñas a causa del efecto de los volcanes, las fuertes rachas obligaron a desarrollar el sistema de socos, con los emblemáticos muros semicirculares de piedra que protegen a la planta.
La huella social es igualmente profunda. El viento impulsó las velas que durante siglos llevaron a los colonos canarios a distintos puntos de emigración, destacando América, desde San Antonio de Texas, al Mar del Plata, pasando por todo el Caribe. El rastro del aire en movimiento también se nota en aspectos más inmateriales, pero decisivos de la cotidianidad de estas islas. Hay numerosos estudios que señalan las vinculaciones entre psicología y viento y, en última estancia, la fuerte presencia de alisios y sirocos han marcado aspectos de la mentalidad y de la forma de ser de la población de estas islas.
Por último, el simbolismo eólico de Canarias también aparece en casi todas las esferas culturales. Por ejemplo, hay grandes fragmentos literarios dedicados a suaves soplos o fuertes ráfagas en los libros dedicados a Lanzarote. Célebres son, por ejemplo, las líneas que Agustín Espinosa dedicó a a describir la Biología del viento de Lanzarote o el relato A merced del viento, de Ángel Guerra. César Manrique, fiel a su personalidad, le buscó el lado estético y lúdico con las grandes esculturas cinéticas que llamó Juguetes del viento y que se pueden ver en varios puntos de la Isla.
Mirando a Fuerteventura podemos encontrar también destacadas manifestaciones culturales con paradigmáticas influencias ventosas, desde el folclore a la música actual, con canciones como Fuerteventura es viento, de Víctor y La Nube o La Rosa de los Vientos, de Mestisay.

















Añadir nuevo comentario