La iniciativa, de la asociación Tribarte, cumple su primera década, en la que ha acogido en pisos tutelados a 122 jóvenes que han logrado insertarse social y laboralmente

Diez años del proyecto Imago: un salvavidas para adolescentes en Lanzarote
La iniciativa, de la asociación Tribarte, cumple su primera década, en la que ha acogido en pisos tutelados a 122 jóvenes que han logrado insertarse social y laboralmente
En la psicología analítica significa otra cosa, la imagen interna, inconsciente, pero en zoología, imago es el último estado del desarrollo de un insecto, la etapa adulta. Por eso, la asociación Tribarte escogió este término para denominar a su principal proyecto, que acaba de cumplir diez años y que nació para cubrir una necesidad que había desparecido después de la crisis de 2009 y no se había vuelto a retomar: un recurso, una vivienda para niños y niñas que habían pasado por centros de menores y que habían alcanzado la mayoría de edad y no tenían donde ir al salir del centro.
“Empezamos el proyecto muy pequeño, muy precario al principio, con una sola vivienda, y con muchísimo esfuerzo los primeros años lo fuimos sacando hacia adelante”. Esto lo dice Silverio Campos, coordinador del proyecto. Tribarte nació del interés de varias personas que ya se conocían previamente y que pretendían generar un tejido social que pudiera dejar huella.
Diez años después, la huella es evidente. Las cosas han cambiado. Han mejorado. Hoy gestionan tres pisos, tienen 16 plazas y por el proyecto han pasado ya 122 chicos y chicas. Los mayores tienen ya 28 años. Han nacido cinco niños de esos primeros usuarios del proyecto. La gran mayoría de los que pasaron por Imago sigue viviendo en Lanzarote o en Canarias y están trabajando. Los responsables del proyecto siguen teniendo contacto con ellos. Eso sí, a la mayoría también le afecta la carestía de la vivienda y más de la mitad comparte piso.
“Estamos muy orgullosos. Hemos pasado por todo, por una crisis económica súper fuerte y por un momento en que la legislación española era muy retrógrada con respecto a la situación de los chicos que venían en patera”, dice Silverio.
La legislación española también ha cambiado. “Después de mucho esfuerzo de las entidades sociales, varios dictámenes del Defensor del Pueblo y sobre todo de varias directrices europeas, se obligó al Estado español a cambiar la ley y ayudar a facilitar la documentación de los chicos y chicas tutelados”, añade. “Además, tener a chicos y chicas en centros de menores durante dos años que le damos formación, comida, alojamiento, ¿por qué no darles trabajo y que se puedan buscar la vida?”, asegura.
Hace unos años, el noventa por ciento de los chicos y chicas que salían de los centros lo hacía sin documentación, a pesar de que la Administración estaba obligada a gestionarla, y ahora es al revés, ocho de cada diez salen con documentación, con lo cual la integración es más sencilla.
La mayoría de los jóvenes que pasan por Imago son extranjeros aunque puede haber menores españoles que hayan estado en centros, salgan y no tengan red familiar. La mayoría son chicos, aunque Tribarte atiende en otro proyecto específico a muchas chicas, en una línea de intervención preferente con atención especializada para mujeres, según cuenta Nerea Pérez, educadora de la asociación.
“Todo empieza en un lugar seguro, pero no solamente es un sitio en el que ellos viven, es un sitio donde se trabajan diferentes áreas”. Se sigue el proceso de documentación, se dan talleres, se busca trabajo, el tema de la gestión del hogar, la gestión económica, incluso a nivel sanitario, todo lo que tiene que ver con la vida adulta”, explica esta educadora.
En el año 2018 o 2019 se publicó un reportaje en El País que afirmaba que en toda España había menos de 30 chicos ex tutelados que habían conseguido trabajo “y nosotros teníamos aquí tres o cinco, dependiendo de lo que se contara, si cuando lo solicitaban o cuando te lo daban, porque el proceso se alarga bastante”, asegura Silverio Campos. En ese momento se dieron cuenta de que iban por el buen camino. Y después han seguido mejorando las cosas. En 2022 llegó el segundo piso y el año pasado, el tercero.
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Mayores
Cuando cumplen la mayoría de edad, los chicos o chicas, después de pasar por tres entrevistas, si tienen buen comportamiento e interés por formarse, y si no tienen otros planes, pasan a vivir a uno de esos pisos. Viven solos aunque el trabajo de los educadores es prestarles apoyo cada día, entre otras funciones. Uno de esos chicos fue Mohamed Lamine Mandiang. Nació en Casamanza (Senegal) hace 23 años y empezó su viaje mucho antes de llegar en patera a la costa lanzaroteña hace tres años. Primero fue hasta Dakar, después a Marruecos en avión, y en ese país estuvo siete meses viviendo en la calle, con miedo a que lo detuviera la Policía y lo llevara hasta un punto alejado del desierto del que después tendría que regresar.
El recorrido no fue fácil hasta llegar a Tan Tan y el viaje en la patera, con otras 46 personas, tampoco. Fueron tres días. “Muy difícil, mucho frio, mucho viento, no murió nadie pero salimos muy cansados”, resume Mohamed, a quien le llaman Chad. Después estuvo un mes y medio en el albergue de la Santa y ya pasó al piso de Tribarte. “Lo bueno de mi vida pasa aquí, me enseñan todo, el camino, cómo me tengo que comportar con la gente...”.
“Cuando llegué no sabía ni escribir mi nombre y aquí lo aprendí todo”, dice Mohamed
Mohamed no sabía ni una palabra de español y ahora puede leer y escribir. Dice que en su país no había estudiado nunca: “Cuando llegué aquí no sabía ni escribir mi nombre y aquí lo aprendí todo”. Ahora trabaja como pizzero en el Chapó, en el Charco de San Ginés, y comparte piso con un compañero. Dice que cuando llegó al trabajo “no sabía nada” pero que le han enseñado y le han acompañado mucho.
Ya no necesita el apoyo de Tribarte, pero él sigue colaborando con la asociación cuando le necesitan. Como para cualquier adolescente, el camino ni es sencillo ni es recto. En Tribarte les “aprietan” para que sigan estudiando, para que se esfuercen, y algunos “salen rebotados” porque no lo ven, pero muchos vuelven después a decir que tenían razón.
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Estudiar
Aya Moutaraji tiene 18 años y nació en Casablanca. Es la mayor de cuatro hermanos, su madre no trabaja y con el sueldo de su padre no llega en casa. Su tía, que tiene tres años más que ella, le dijo un día que venía a Canarias, y se fue con ella. “Yo quería venir para seguir estudiando aquí”, cuenta. Sus padres no querían. Era buena estudiante. Había terminado 3º de la ESO pero pensó que si se quedaba no iba a tener ningún futuro. Llegó a Lanzarote, también en patera, con 16 años. Salió de Agadir y la travesía duró cuatro días “sin comer nada, mucho viento y muchas olas”. “Cuando estabas calentita venía otra ola”.
Se reenganchó a 4º de la ESO cuando quedaban cinco meses de curso, en el IES en Altavista. Lógicamente, no lo aprobó, pero fue aprendiendo español poco a poco. Cuando salió del centro de menores llegó a Tribarte. Ahora trabaja en McDonald’s y estudia para ser auxiliar de enfermería porque le gusta ayudar a la gente y porque ya de niña quería trabajar en un hospital.
“La gente sale porque las cosas están difíciles y la inmigración está por todos lados”
Como Aya, Mouad Zarroqi también es de Marruecos y sigue en el piso tutelado Tiene 19 años y llegó en patera al tercer intento. El primero lo impidió la Policía marroquí, el segundo lo frustró un vuelco de la barca nada más zarpar y al tercero llegaron a la costa. Estuvo ocho meses en La Santa, después en otro centro, y luego llegó al piso. Tiene 19 años y trabaja de camarero en el Hotel San Antonio. Colabora en Boluntis, los bomberos voluntarios de Tías y su intención es estudiar para ser bombero. También, como todos, quería venir “para conseguir un futuro porque allí es muy complicado”. “Para estudiar y encontrar un trabajo, por eso vine”.
Cuando a Mouad le preguntan sobre la polémica constante en las noticias sobre los menores extranjeros, dice muy tranquilo que “la gente puede vivir donde quiera” y que “hay que tratar bien a los menores porque todavía son menores y no saben nada”. “Creo que hay que ayudarles porque sin ayudas no pueden vivir, y también darles consejos y apoyarles”. Dice que los centros de menores “tienen que ser como una familia”.
Chad dice que la gente sale de su país porque las cosas están difíciles y que “la inmigración está por todos lados”, también en su país. También piensa que cuando uno llega a un lugar tiene que comportarse como las personas que residen allí.
Aya lo tiene claro. Cada uno tiene que ser responsable de sí mismo “y hacer las cosas bien”. Tienen un punto de partida más complicado que la mayoría de los jóvenes de su edad en la Isla. Dice que gran parte de los que conoce solo trabaja, no estudia, “porque si tienen una familia que les ayude y pueden vivir sin pagar nada...”. Algunos le dicen que no quieren estar con su familia y ella piensa lo contrario.
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“Presión del día a día”
Nerea Pérez destaca que “tienen que conseguir muchas cosas en muy poco tiempo” y que además de “esa presión del día a día” de aprender el idioma, estudiar y trabajar, de conocer sus responsabilidades y la convivencia, tienen que hacer “un esfuerzo mayor para llegar al estándar que es, después, vivir solo”.
Nerea Pérez: “Tienen que conseguir muchas cosas en muy poco tiempo”
También cree que estos jóvenes “viven con un estigma cuando en realidad cada día se esfuerzan por integrarse y desde su escalón hacen esfuerzos muy grandes y luchar contra ese estigma de que vinieron en patera o estuvieron en un centro de menores”.
“Pero luego la realidad, nuestra realidad, es que ellos forman parte de diferentes trabajos que todo el mundo conoce y se esfuerzan diariamente, pero es difícil convivir con un ambiente que les señala cada día”, añade.
Después de tantos años -dice Silverio Campos- lo que veo es que tenemos una sociedad que es maravillosa en algunos sentidos y en otros no tanto, somos muy desmemoriados, somos muy poco autocríticos y somos muy críticos pero con el otro, siempre intentamos homogenizarlo todo y no se puede homogenizar nada”.
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Veinte años
¿Dónde se ven dentro de 20 años? Aya dice que ella quería irse a la Península pero que, con el tiempo, le gusta la Isla y ahora se quiere quedar. Mohamed no sabe cómo será su futuro pero “de momento” se queda, y más adelante quizá vaya a otra isla diferente, como Tenerife. Y Mouad se ve como bombero, ¿Y volver a sus países? “De vacaciones sí”, dice Mohamed. Ya pudo volver después de cinco años de ausencia y todo estaba muy cambiado. “¿Tú o tu pueblo”. “Las dos cosas”, responde.















Comentarios
1 QuesiQuesi Vie, 09/01/2026 - 12:37
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