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Agentes al rescate: el servicio que da “otra oportunidad” a animales silvestres

Amputaciones por redes o tendidos eléctricos, desnutrición por ingerir plásticos, choques por deslumbramiento... La acción humana suele estar tras cada rescate, casi siempre de aves y tortugas

Isabel Lusarreta 0 COMENTARIOS 26/10/2026 - 07:21

“Soltar a un búho chico es una preciosidad. Es un bicho increíble y cuando abres la caja y ves cómo sale volando es muy, muy bonito”. Para David, esa es la parte más satisfactoria de su trabajo: “Las historias que terminan bien”. Desde que el Cabildo asumió la gestión directa del Servicio de Rescate de Fauna Silvestre Accidentada -que hasta el pasado mes de abril tenía encomendado a Tragsa-, los agentes de Medio Ambiente de la Corporación han realizado unas 240 intervenciones. La recuperación depende mucho de su estado y del tipo de animal, pero David afirma que casi el 70 por ciento consigue salir adelante.

Paco, que hace poco pudo regresar al mar, forma parte de ese porcentaje. “Es un amor de tortuga. Es de esos animales que dejan huella”, afirma Elena, que trabaja en el Aquarium de Costa Teguise y la cuidó durante meses. Fue derivada allí hace medio año para su recuperación, tras ser rescatada en la playa de Famara. Llegó con una aleta amputada por una herida antigua, pero sobre todo “muy débil”, “no era capaz ni de comer”. Descubrieron que tenía dañado el sistema digestivo -una de las hipótesis es que pudo haber ingerido plásticos-, pero con tratamiento consiguieron recuperarla.

“Estoy segura de que lo va a hacer súper bien”, confiaba Elena antes de la suelta. Ese día, el área de Medio Ambiente del Cabildo convocó a niños y niñas de la Isla para que pudieran vivir ese momento, pero sobre todo para contribuir a concienciar. “Si no hacemos un cambio y nos damos cuenta de lo que supone un plástico para estos animales, da igual los que rescatemos, porque van a seguir cayendo”, subraya Elena.

Historias con nombre

Al Aquarium de Costa Teguise llegan al año entre 15 y 20 tortugas heridas derivadas por el área de Medio Ambiente, y casi todas son ejemplares muy jóvenes de tortuga boba. Algunas, como Paco, solo pasan allí unos meses, pero en el extremo opuesto está Lourditas. Ella lleva 17 años y no regresará al mar. Cuando era pequeña se quedó atrapada en una red de pesca que le amputó dos aletas y parte de otra. “Son animales muy duros y pueden salir adelante hasta sin dos aletas”, explica David. Sin embargo, cuando las dos que faltan son del mismo lado, ya no pueden nadar con normalidad. “Tendría muy pocas opciones de sobrevivir en el medio”.

En cinco meses de gestión directa del Cabildo, acumulan 240 intervenciones

Tampoco el futuro de Jose está claro. Cuando llegó al Aquarium a finales de 2025 estaba muy débil y había perdido un ojo. Ahora está fuerte y parece haber recuperado la salud, pero cuando intentaron liberarlo en junio, vieron que se quedaba nadando en círculo. “Estuvimos más de una hora vigilándolo con los agentes de Medio Ambiente y vimos que nadaba en un movimiento estereotipado que no es normal”, explica Elena.

Al final tuvieron que volver a llevárselo al área de cuarentena del Aquarium, donde normalmente suele haber entre tres y cuatro tortugas. Otra de ellas es Blanquita, que fue encontrada por unos buceadores en aguas de Puerto del Carmen, con un saco de rafia enredado en el cuello. Todavía se ve la cicatriz. Cuando David y otro agente de Medio Ambiente acudieron a la llamada, tuvieron que cortarlo sin esperar al veterinario, ante el riesgo de que le estuviera cortando la respiración.

No obstante, David insiste en que esto no debe hacerse sin conocimiento, porque puede agravar la situación. De hecho, esa es la primera norma cuando alguien se encuentra a un animal silvestre herido: evitar manipularlo y contactar con este servicio de rescate, bien a través del 112 o de su teléfono directo (928 598 548), para que los técnicos valoren al animal y decidan qué hacer.

¿Buena obra?

Retirar el material que pueda tener enredado un animal puede causar más daños, pero también implica otro riesgo: que alguien piense “ya está, he hecho la buena obra y lo voy a liberar”, sin tener en cuenta que puede estar herido o debilitado y que no va a poder sobrevivir sin atención. Con una de las últimas tortugas rescatadas, no descartan que pudiera haber ocurrido algo así.

“Si no hacemos un cambio da igual los que rescatemos, van a seguir cayendo”

En este caso, aunque no es lo habitual, no apareció en el agua, sino varada en la orilla. “Estaba boca arriba, toda arañada por las rocas, deshidratada y súper delgada”, recuerda David, que cuando acudió a la llamada pensó que no iba a sobrevivir. La llevaron al veterinario y después al Aquarium, donde tres meses después seguía en estado crítico. “Ahora por fin ya está comiendo sola, pero nos hemos dado cuenta de que está ciega”, explica Elena.

La causa fue la desnutrición, por la falta de vitaminas. Si recupera la vista o no, dependerá de cuánto tiempo hubiera pasado en ese estado. “Puede que la recuperemos físicamente, pero que para los ojos hayamos llegado tarde”, advierten. De momento lo seguían intentando, pero en algún momento tendrán que valorar su futuro. “También hay que ver la parte del animal: ¿la tengo en un tanque ciega?”

“Lourditas”, con su aleta y media, pero con la visión intacta, sí vive así desde hace 17 años, y ya “forma parte de la familia del Aquarium”. Ella no está en la zona de cuarentena, sino en la parte de exhibición abierta al público, y según Elena es “la estrella” para las visitas.

“Lo ideal sería que estuviese en el mar, pero en este caso no es posible, así que intentamos que esté en las mejores condiciones y aprovechar para que ayude también a concienciar”, afirma. “Yo te puedo decir que mueren muchas tortuguitas y que sufren mucho, pero como de verdad te va a llegar es si vienes aquí y te digo: mira, esto es lo que ha pasado porque alguien tiró una red de pesca al mar pensando que no iba a pasar nada”.

Paco regresando al mar tras recuperarse de sus heridas. Fotos: Cedidas.

Las estrellas del servicio

Aunque las tortugas suelen tener más visibilidad, en realidad las aves suponen la mayor parte de la fauna silvestre accidentada que recoge el área de Medio Ambiente. “Aquí apenas tenemos mamíferos propios. Hay especies introducidas, pero no fauna silvestre”, precisa David.

Blanquita tenía una bolsa en el cuello y Lourditas perdió dos aletas y parte de otra

Está la musaraña canaria, pero no recuerda intervenciones, y tampoco son frecuentes con reptiles. Con lo que más suelen trabajar es con cernícalos, frailecillos, pardelas, garzas, cuervos, tarros canelos o algún paíño, según la época del año y los periodos de migración y nidificación de cada especie.

Cuando aparece un ave accidentada, la mayoría de las veces también tiene que ver con la acción humana. “Cuando se estrellan en tierra es porque se deslumbran por nuestras luces, del alumbrado público o de grandes complejos, y luego están los choques con tendidos eléctricos o telefónicos”, explica. Además, el porcentaje de supervivencia es menor. “Si es una colisión con un tendido eléctrico, es raro que viva”.

Esos choques en vuelo les producen amputaciones o graves heridas que muchas veces no se pueden tratar. “Son cirugías complicadas y si además son aves marinas, no puedes tenerlas meses en recuperación, porque no toleran bien la cautividad y no van a sobrevivir”. En casos especiales, con aves en peligro de extinción como el guirre, se han llegado a derivar a otras islas con centros especializados. “Aunque no pueda volver a volar, se queda allí como futuro reproductor. Todo eso se valora siempre para decidir”.

El resto, si pueden ser tratados, se envían después a algunos de los centros con los que tiene convenios el Cabildo. La mayoría, al Rancho Texas. Se intenta que pasen el menor tiempo posible en cautividad, pero no siempre se consigue. Allí hay algunos cuervos y frailecillos que no podrán ser liberados porque no están en condiciones de volver al medio, pero también un cernícalo cuya estancia se alargará. Él perdió las primarias, que son las plumas del extremo del ala, y sin ellas no puede volar. “No le van a crecer hasta que mude, y eso van a ser casi seis meses”.

No obstante, no es lo habitual. “Cuanto menos tiempo pasen en nuestras manos mucho mejor. Igual tiene que tener un proceso de recuperación, de llegar a su peso y coger fuerza, pero después lo suyo es que se libere y vuelva a su vida. Nosotros lo que le damos es la segunda oportunidad”, señala.

Atención veterinaria a un petrel de bulwer.

No interferir tanto

La otra causa más frecuente de intervención son avisos de pollos en apuros o caídos del nido. “En el último mes hemos tenido un pico con la salida de los petreles de Bulwer, y a medidados de octubre comienza el gran pico de casos del año, con la salida de los pollos de pardela cenicienta”, adelanta David. En estos casos, como en todos, los técnicos recuerdan que lo importante es llamar al servicio, pero no intervenir. “Que se caigan del nido o en su primer vuelo, porque todavía no están ágiles, no implica que tú tengas que cogerlo y llevártelo, salvo que haya un peligro inminente”, subraya. Por ejemplo, que estén en medio de una carretera con tráfico.

“La gente intenta ayudar con buena intención, pero puede causarles más daños”

Si la zona es segura, insiste en que “hay que dejarlo, porque su madre lo va a seguir atendiendo. Es parte del proceso natural y no debemos interferir tanto”. Sin embargo, muchas veces se enfrentan a llamadas de personas que ya se han llevado al animal del lugar. “Ahí ya tienes que acudir, porque ya se ha interferido. Ya no es posible dejarlo de nuevo en el nido y tienes que llevarlo a un centro hasta que pueda alimentarse solo”.

Además, añade otra advertencia: “Si por lo que sea lo recoges, siempre hay que dejarlo en una cajita de cartón con ventilación, haciendo unos agujeritos, y mantenerlo en un lugar tranquilo y a la sombra y nosotros iremos a recogerlo”.

Liberación de una pardela chica.

Agentes para todo

El área de Medio Ambiente del Cabildo cuenta con nueve agentes en plantilla, aunque en la práctica hay siete, porque dos se fueron a otros destinos y están a la espera de culminar el proceso de selección para cubrir esas plazas. Con este equipo se encargan de este nuevo servicio que asumieron de manera directa desde abril, mientras siguen realizando el resto de sus funciones, que incluyen desde la vigilancia de los espacios naturales protegidos, tanto de Lanzarote como del Archipiélago Chinijo, hasta la supervisión de la caza en época de veda. Además, también son quienes acuden cuando el aviso es de un animal silvestre fallecido.

En total, desde abril han retirado más de un centenar. Si son animales protegidos, después los envían al Instituto Universitario de Sanidad Animal, para hacer una necropsia y determinar las causas de la muerte, “para tener datos y estadísticas que permitan tomar decisiones si es necesario”.

Esa es la peor cara del trabajo. La mejor es cuando llegan a tiempo de salvar al animal. Por ejemplo, David recuerda una intervención con varios tarros canelos que habían quedado atrapados en un aljibe de Yaiza. “Eran patitos, bolitas pequeñas de plumas y se llevaron al centro, se alimentaron y dos meses más tarde estaban listos para ser liberados”, recuerda. La suelta fue en Janubio. No olvida la imagen de verlos salir hacia el agua, unos nadando y otro alzando el vuelo. Y tampoco la de cada suelta de una tortuga. “Cuando ves que se mueve por la arena, llega hasta el mar, le pega la primera ola y se lanza, es súper emotivo”.

“¿Qué hago yo con esto?”: las llamadas más insólitas

Ni patos domésticos, ni palomas de ciudad, ni mucho menos periquitos, canarios o cotorras. El Servicio de Rescate de Fauna Silvestre Accidentada del Cabildo solo se dedica a eso, a la fauna silvestre, aunque casi todas las semanas reciben alguna llamada con avisos de animales domésticos en apuros. “Esos son de competencia municipal, igual que los perros o los gatos”, precisan desde el área, que es consciente de que los ayuntamientos no suelen recoger aves, porque no tienen instalaciones para albergarlas.

Otras veces, la llamada no acierta al catalogar el animal: “Te pueden decir que hay una grulla, cuando aquí no tenemos la suerte de que aparezca una grulla. O no saben qué animal es y cuando llegas te encuentras un pato doméstico o un canario anillado. A lo mejor te han llamado con toda su buena intención, pero te quedas un poco en shock pensando: ¿y qué hago yo con esto?”. Por eso, siempre suelen pedir que envíen una imagen, también para saber con qué situación se van a encontrar.

En los meses que llevan gestionando directamente el servicio, los agentes se han enfrentado a situaciones de todo tipo. En una ocasión, David tuvo que desplazarse hasta un hotel de Playa Blanca, porque un huésped decía que en su terraza había una tórtola “que no volaba, que llevaba toda la mañana sin volar”. Al llegar, en cuanto el agente “dio dos pasos” más allá de la cristalera, la tórtola salió volando, cruzó la piscina y se posó tranquilamente sobre una palmera. En total, cerca del 10 por ciento de los avisos son falsas alarmas o casos que no son de su competencia. Sobre todo animales domésticos -incluyendo tortugas de Florida o galápagos adquiridos como mascotas-, pero también fauna exótica invasora, que depende del Gobierno de Canarias. Aun así, desde el área agradecen cada llamada. “La gente no tiene por qué saber y nosotros vamos a ir a comprobarlo”, subraya David. Y es que tiene claro que “la colaboración ciudadana es fundamental, porque las llamadas son el 80 por ciento de este trabajo”.

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