“Los museos deberían ser como las catedrales, templos de neutralidad”
María José Alcántara, directora del MIAC Castillo de San José
Como la propia entidad de los Centros de Arte, Cultura y Turismo de Lanzarote, el cargo y responsabilidades de María José Ancántara han vivido vaivenes propios de la adaptación a los tiempos. Directora del Museo Internacional de Arte Contemporáneo (MIAC) Castillo de San José desde 1997, cuando dependía del área de Cultura del Cabildo, se mantuvo tras la integración en la red de los Centros, y evolucionó para convertirse en directora del departamento de Arte y Producción Cultural, que da cobertura a las siete instalaciones originales y, desde su apertura, también al Islote de Fermina. Treinta años de trabajo que culminan en 2027 con la celebración del 50 aniversario del museo lanzaroteño.
-Gestionar la programación cultural de los Centros, en estos tiempos de oferta cultural en ebullición, no parece tarea fácil.
-En realidad es una tarea de equipo, de otra manera sería imposible. Formo parte del comité de dirección de la entidad pública empresarial local, la EPEL, de los Centros Turísticos. Mis competencias incluyen coordinar el control de todo lo que conlleve una acción educativa o cultural en los Centros, normalmente en Jameos del Agua y Cueva de los Verdes, ya sea de producción propia o de producción externa; en este segundo caso, tenemos que gestionar toda la documentación administrativa y de ejecución material del evento. Como tenemos una normativa de usos y servicios de cada centro, con limitaciones por cuestiones patrimoniales y de protección de los espacios, no cabe todo. La prioridad es que prevalezca la identidad y la singularidad del centro, tal y como lo creó Manrique, sin incorporar elementos con impacto visual. Se trata de una gestión en la que estamos todos alineados, encargados de centros, equipo de mantenimiento y conservación, así como quienes llevamos muchos años en esta empresa, que somos particularmente sensibles con su salvaguarda.
-Nos acercamos a la celebración del 50 aniversario de la metamorfosis del Castillo de San José en Museo Internacional de Arte Contemporáneo, cuyos últimos 30 años la han tenido a usted al frente.
-¡Sí, da vértigo pensarlo! Primero trabajé con Manrique durante dos años en la galería El Aljibe, del CIC El Almacén, contratada por él antes de que se constituyera la Fundación César Manrique, para una exposición de su obra que llamamos Pequeño Formato. En ese tiempo la galería El Aljibe participó por primera vez en la Feria de Arte Contemporáneo ARCO, en Madrid, con obra de tres artistas, Pedro Tayó, Carlos Matallana y Juan Gopar. Para mí fue una gran experiencia. La cercanía con César trasladaba el entusiasmo que transmitía en la defensa de los artistas jóvenes. Después de su fallecimiento, ya en el año 1997, presenté una propuesta al Cabildo, con Enrique Pérez Parrilla en la presidencia, sobre la base de que el Castillo no era solamente un museo para la visita al uso, sino el lugar desde el que hablar de la Isla, pensar la Isla, como decía el propio Manrique.
“Los que llevamos muchos años en los Centros somos sensibles con su salvaguarda”
-Una tesis que cobraría peso, años después, en todos los grandes museos del mundo.
-Así es. Pensar la Isla era la premisa para que los creadores, que forman una parte importante de la sociedad enormemente creativa que es Lanzarote, estuvieran presentes. El MIAC tenía que ser un espacio de pensamiento, un punto de atracción de artistas, en un tiempo en el que los Centros Turísticos se habían convertido ya en puntos de visita vacacional. Chirino aún no había creado el CAAM y César ya barajaba el ejemplo del Museo de Arte Abstracto en las casas colgadas de Cuenca, un lugar enteramente concebido, creado y sostenido por artistas y que nació al margen de la política cultural oficial. Y hoy, ante la celebración del 50 aniversario, seguimos persiguiendo esa misma ambición de complementar el museo en su acepción tradicional, con su actividad y su colección, con desarrollos mucho más multidisciplinares.
-¿Qué recuerda de aquellos primeros tiempos al frente del MIAC?
-Cuando empecé, pusimos un anuncio para ver con qué creadores contábamos, y aparecieron más artesanos que pintores, escultores o fotógrafos. Eran otros tiempos, había mucho movimiento e hicimos muchísimas cosas, como incorporar a la gente que había frecuentado desde 1974 El Almacén, que luego estuvo muchos años cerrado. Organizamos distintos ciclos: Conversaciones, Nuevo Humanismo, De palabra, donde participaban arquitectos, científicos, antropólogos, paisajistas, poetas, escritores...; la diversidad de temas a debate era una prioridad. Recuerdo el ciclo Ciudad y Política en el que periodistas de la Isla entrevistaron a los cabezas de lista de los partidos que se presentaban a las elecciones al Ayuntamiento de Arrecife, para ver qué proponían para la capital... Fue un esfuerzo de transversalidad en un momento en que casi no había nada. Ahora la realidad es muy diferente y diversa, con la incorporación de propuestas, proyectos y profesionales que amplían y cualifican la oferta cultural y de reflexión colectiva.
-Con la vista puesta en estas cinco décadas, ¿cuáles son, en su opinión, los hitos de la trayectoria museística del MIAC?
-Me gusta destacar nuestros fondos, que hoy en día tienen mucho valor, aunque requieren investigación y divulgación. Para ello hemos organizado exposiciones dentro del ciclo Artistas de la colección, dedicadas a Manolo Millares, José Guerrero, Juan Ismael, Martín Chirino o Pedro González, entre otros; algunos de los que formaron parte del inicio del museo y otros que se incorporaron después buscando dar continuidad y criterio a la colección, parte esencial de la institución. Y, como comentaba, enseguida nos volcamos con nuestros artistas, a través de proyectos colectivos y sobre temáticas muy diferentes que nos ayudaran a pensar la Isla. De manera particular, entre los hitos mencionaría sin duda la Bienal FotoArs, que iniciamos en el año 2001, como conmemoración del veinticinco aniversario de la creación del MIAC y de aquel Primer Certamen Internacional de Artes Plásticas, que Manrique puso en marcha y para el que se restauró el Castillo de San José, entonces abandonado y sin uso. Es un caso único, no conozco ningún museo que organice una bienal, porque normalmente lo hacen las ciudades. En aquella edición inaugural se incorporaron todos los municipios, con la idea de que el museo abandonara la fortaleza, un propósito que sigue alentando todas las bienales. El profesorado se implicó también muchísimo en esta aventura y nos ayudó a impulsar la idea que orbitaba la iniciativa, de que el museo no es un lugar cerrado. Nos enorgullece habernos mantenido en el tiempo con estabilidad, salvo durante el parón de la pandemia.
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“Los 50 años deben servir para hacer visibles las distintas capas del MIAC”
-Primero fue FotoArs, para las ediciones 2001 y 2003. Desde 2005 hasta 2019 se denominó Bienal de Arte Lanzarote. Encuentro Bienal. En 2022 se externalizó el proyecto, que tuvo su último capítulo en 2024 hasta ese año, con una cita que dará comienzo en noviembre.
-Sí, y que extenderemos al año 2027 para celebrar el 50 aniversario del Museo. Hemos incorporado algunos proyectos seleccionados en la convocatoria de propuestas culturales que los Centros vienen publicando anualmente, así como otros ya consolidados surgidos durante los últimos años, como la Muestra de Cine de Lanzarote o el encuentro de Fotografía y Artes Visuales Veintinueve Trece; y también acciones performativas, exposiciones colectivas e individuales, todo ello a desarrollar en la sala de exposiciones temporales del MIAC y en los distintos escenarios aportados por el acuerdo con los ayuntamientos de la Isla. Este cumpleaños nos va a dar la visión helicóptero, una perspectiva global, pero no será un recorrido real ni tampoco una memoria de las cinco décadas, sino un eslabón que nos contacte con aquel Primer Certamen Internacional de Artes Plásticas, que fue el principio de todo. En esta línea ya acogimos, en 2017, la exposición Historia de un incidente, comisariada por Gilberto González, un trabajo de documentación que parte de un artículo del crítico de arte de El País, Santiago Amón, sobre la inauguración del Museo Internacional de Arte Contemporáneo en 1976. Al acto asistió Carmen Llorca, delegada nacional de cultura del Movimiento desde 1975 hasta la disolución del organismo en 1977, lo que provocó que César Manrique fuera muy criticado. Algunos artistas retiraron su obra, y él alegó que, por la cultura y la Isla, se aliaba con el diablo. Si algo caracterizaba a Manrique era la fuerte convicción de que la educación y la cultura eran la prioridad.
-¿Qué contenidos nos trae esta Bienal de gala por el 50 aniversario?
-Haremos la presentación oficial el 10 de diciembre, con participación de personas vinculadas al museo a lo largo de su trayectoria, comisarios de arte, gente que trabajó con Manrique, creadores con muchos años pero que todavía están en activo; tendremos música, danza, gastronomía, y a partir de ahí ya empezaremos a divulgar el programa de actividades, que ocupará prácticamente todo el 2027. En las fechas previas nos adelantamos con la muestra de Rosa Vera Fluir, espacios-otros en el espacio La Cabina o la exposición Simbiosis Inmersiva, también en noviembre, una instalación audiovisual interactiva concebida específicamente para la sala de exposiciones temporales del museo, que explora la compleja relación entre humanidad y mundo natural. También hemos programado una serie de muestras, entre ellas la del Premio Canarias de las Bellas Artes 2024, Gonzalo González, con el proyecto Los lugares y las horas, que hacemos en colaboración con el Ayuntamiento de Arrecife, o la exhibición de fotografía de una importante colección generada en Canarias. Hemos querido incorporar a muchos creadores pero también a quienes forman parte del desarrollo de la Isla. De Lanzarote puedo nombrar a Rubén Acosta, promotor en su día de la Bienal Off, que ha generado un atractivo discurso y con quien ya hemos colaborado en el pasado. A través de su sello Ediciones Remotas ha presentado la publicación Naturalezas Postales, que estará en la sala de exposiciones temporales y se completará con un debate sobre el souvenir. También contamos con Pedro Ayose y su iniciativa Teleclub, que desde el año pasado es catalizador de talento joven y selecciona a una decena de creadores y creadoras, a quienes ayuda a canalizar sus ideas, al modo de un retiro artístico.
-La colaboración con los municipios para empapar de propuestas artísticas todo el territorio insular ha sido seña de identidad de la Bienal del MIAC desde sus comienzos.
-Así es, y para esta edición tenemos una propuesta de performances, comisariada por Acerina Toledo, que recorrerá distintas localidades de la Isla, y un proyecto con SAT El Jable, otro elemento vertebrador para pensar el territorio. Esta organización trabaja en la recuperación de la agricultura y en la difusión de las personas vinculadas al campo lanzaroteño; su iniciativa prevé la grabación y proyección de conversaciones con mujeres agricultoras de Tinajo. También serán objeto de diálogo otros asuntos como la gastronomía y el turismo. Somos una empresa que puede liderar un modelo de turismo cultural; de hecho la Bienal también ha servido como laboratorio de arte, paisaje y turismo, y el MIAC y su historia están vinculados a una manera de entender el territorio y la naturaleza, con el legado de Manrique como hoja de ruta.
“Que los artistas trabajen con libertad absoluta es algo que tiene que suceder”
-¿Y para cerrar los actos?
-Para clausurar el cincuenta aniversario estamos preparando un foro de debate sobre los museos y su futuro, con directores y directoras de todo el país. Formo parte de la Asociación de Directores de Arte Contemporáneo de España, ADACE; hacemos dos asambleas al año y la casuística es infinita: injerencias políticas en la selección de altos cargos, usos alternativos a los que le son propios a los museos, hay muchos temas de los que hablar. Creo que los museos deberían ser como las iglesias antiguas, templos de neutralidad; nadie pone en cuestión una catedral gótica porque sea vieja ni se cuestiona su uso. Lo admirable de los artistas es que hacen lo que quieren; su obra te puede gustar más o menos, pero que la gente se dedique a eso y trabaje con libertad absoluta es algo que tiene que suceder. Como hacía Manrique, un ser fantástico, siempre entusiasta, que nos enseñó tanto sobre la gran aventura de la vida.
-¿Ocupa el Museo Internacional de Arte Contemporáneo de Lanzarote el lugar que merece en el aprecio popular y en el reconocimiento nacional?
-Creo que todavía no se ha entendido bien el museo, no se ha entendido bien la construcción de una historia compleja. Los 50 años de vida deben servir para hacer visible las diferentes capas que han conformado el MIAC. Llevamos 50 años habitando una fortaleza y es tiempo ya de poner luz larga sobre muchas cuestiones que cinco décadas después adquieren una nueva dimensión: crisis climática, límites territoriales, migraciones, memoria, convivencia, temas que forman parte de los grandes debates contemporáneos y que hemos venido abordando en las doce ediciones de la Bienal. Y otra asignatura pendiente es la posibilidad de pensar juntos, de construir a través de la creación, que ha sido el origen del modelo Lanzarote, de transformación social a través del arte y la defensa de la cultura y la identidad.









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