Tomamos el sol todo el año y aun así hay déficit de vitamina D: así lo explican los expertos

0 COMENTARIOS 04/09/2026 - 13:29

Lanzarote presume de sol durante buena parte del año, temperaturas suaves y una vida cotidiana estrechamente ligada al exterior. Por eso puede resultar paradójico que también entre la población de las islas se detecten niveles insuficientes de vitamina D. La explicación es menos sencilla de lo que parece, y es que vivir en un lugar soleado no significa necesariamente que el organismo produzca toda la vitamina D que necesita. Los hábitos diarios, el tiempo que pasamos bajo techo, la edad, la alimentación y la forma en que nos protegemos del sol son algunos de los factores que entran en juego.

 

Tener muchas horas de sol no garantiza unos niveles adecuados

La principal particularidad de la vitamina D es que el organismo la puede producir cuando la piel recibe radiación ultravioleta B. Esta característica explica que habitualmente se la conozca como la “vitamina del sol”.

Sin embargo, disponer de muchas horas de luz no implica automáticamente recibir una exposición suficiente para sintetizarla. Buena parte de la población pasa la jornada trabajando en oficinas, comercios, vehículos, centros educativos o viviendas. En la práctica, es posible vivir en Lanzarote y pasar la mayor parte de las horas de mayor radiación solar entre cuatro paredes.

También influyen aspectos personales como la edad, el tono de piel, la superficie corporal expuesta o determinadas circunstancias individuales. Por ello, dos personas que viven en la misma localidad y siguen rutinas aparentemente similares pueden presentar niveles diferentes.

Proteger la piel sigue siendo imprescindible

Otro elemento que suele aparecer cuando se habla de vitamina D es el uso de protector solar. Los fotoprotectores están diseñados para reducir la cantidad de radiación ultravioleta que llega a la piel, algo fundamental para disminuir el daño solar y el riesgo asociado a una exposición excesiva.

Eso no significa que deba abandonarse la protección solar para intentar elevar los niveles de vitamina D. De hecho, la recomendación sanitaria continúa siendo evitar las quemaduras y proteger la piel cuando existe una exposición relevante.

En condiciones reales, además, la relación entre el protector solar y el déficit de vitamina D no puede reducirse a una causa única. La cantidad aplicada, la frecuencia de reaplicación, la ropa, el horario de exposición y el estilo de vida también modifican de manera considerable la radiación que finalmente recibe la piel.

La vida bajo techo ha cambiado nuestra relación con el sol

La transformación de los hábitos cotidianos ayuda a entender mejor esta aparente contradicción. Vivimos en territorios soleados, pero nuestras rutinas son cada vez más interiores.

Trabajar frente a una pantalla durante ocho horas, desplazarse en coche, entrenar en gimnasios cerrados o pasar el tiempo libre en casa reduce considerablemente la exposición directa. Además, la luz solar que entra a través de una ventana no produce el mismo efecto sobre la síntesis cutánea de vitamina D, ya que el cristal bloquea gran parte de la radiación UVB.

Por ello, los especialistas insisten en que el clima de una región no permite conocer por sí solo el estado de vitamina D de su población.

Alimentación, análisis y suplementación

La vitamina D también puede obtenerse mediante la dieta. Está presente de manera natural en determinados alimentos, especialmente pescados grasos, y puede encontrarse en productos enriquecidos. Sin embargo, la alimentación no siempre permite cubrir por sí sola las necesidades individuales.

Cuando existen dudas sobre posibles niveles bajos, la opción adecuada es consultar con un profesional sanitario, que puede valorar si procede realizar una analítica y cómo interpretar el resultado. No es recomendable asumir un déficit simplemente por síntomas inespecíficos ni empezar a tomar dosis elevadas sin supervisión.

En algunos casos puede recomendarse suplementación. Existen diferentes presentaciones de vitamina D, pero la dosis y la duración deberían ajustarse a las necesidades de cada persona, especialmente cuando se utilizan cantidades superiores a las habituales.

El equilibrio importa más que vivir en un lugar soleado

El caso de Lanzarote resume bien la cuestión: tener sol disponible durante prácticamente todo el año no garantiza que todas las personas reciban la cantidad de radiación necesaria para mantener unos niveles adecuados de vitamina D.

La clave está en considerar el conjunto de factores —rutina diaria, exposición solar, protección de la piel, alimentación y circunstancias individuales— y evitar soluciones simplistas. Ni tomar el sol sin protección ni recurrir automáticamente a suplementos constituye una respuesta universal. Cuando existe sospecha de déficit, la valoración profesional sigue siendo la forma más fiable de determinar qué medidas son necesarias.