
Gracias, Juambi y Domingo Concepción, por tanto amor a esta tierra

El otro día estuve en el merecido y entrañable homenaje a Domingo Concepción, luchador infatigable por la defensa del patrimonio natural y cultural de Lanzarote. Un emotivo acto que, como dijo valientemente Toni Rguez., debía haberse hecho en vida de Domingo, en un acto institucional que debería representar el reconocimiento de una isla a una persona y su trayectoria, y no un espectáculo de poses de políticos que no tienen que estar obligados a decir siempre unas palabras protocolarias, algunos de los cuales son responsables de lo que Domingo tanto criticó.
En este caso es el pueblo de Lanzarote, quien recordarán su enorme labor y las chinijas y chinijos de esta isla, que podrán disfrutar y conocer nuestras bellezas naturales: las pardelas, avutardas, zarapitos, tabobos, engaña, los jables o malpaíses, gracias a su labor de investigación y protección. Unos valores que se han ido perdiendo bajo los designios del cemento y el egoísmo. Algo que Domingo conocía bien y que lo movió a entregar parte de su tiempo a la lucha ecologista, al colectivo El Guincho y a la defensa de esta castigada tierra, a pesar de sufrir las consecuencias de sus honrosas convicciones.
Hoy el pueblo majorero de Fuerteventura se despide de otra gran persona, el amigo Juambi Cabrera, otro luchador incansable en defensa de nuestra cultura. Desde la rondalla de Tetir, que es mucho más que una agrupación folclórica, un espacio de encuentro, de investigación, para conservar y proyectar nuestras tradiciones, de manera intergeneracional, al mañana. Desde la asociación de vecinos, en unos tiempos en que la gente no participa, donde se han ido perdiendo el encuentro entre las personas, donde más que nunca el camino para otro mundo mejor, pasa por esas iniciativas, muy lejanas del espectáculo en que se ha convertido la política institucional. Juambi, junto con otras personas comprometidas y casi contracorriente, era consciente de que la única forma de no perder la democracia como proyecto de igualdad y solidaridad es recomponiéndola desde abajo.
Agradezco su invitación, junto a María Elena, a leer el pregón de las fiestas de Tetir, en honor de ese querido pueblo que tanta gente valiosa y digna ha dado. Juambi también dedicó su vida a la gente menuda, con uno de los oficios más bellos que hay, la educación. Como maestro de escuela y como promotor de un tipo de enseñanza alternativa, directa, en lo local, uniendo generaciones.
Juambi pensaba en el futuro de su isla, tan cambiada casi de repente. También representaba el África que llevamos dentro. Vivió la importante emigración majorera al Sáhara desde niño y la convivencia entre iguales, más allá de religiones y culturas. Juambi estuvo en el lugar desde donde trajeron a la fuerza a sus antepasados. Reconocía de niño estos jables y camellos, el cobijo, el gofio y los valores en las dos orillas. Sabía que las playas del Sáhara están más cerca de Gran Tarajal que de Corralejo a Cofete. No fue solo por eso, por lo que Juambi se comprometió toda su vida por la causa del pueblo saharaui, sino por su enorme sentido de la solidaridad, y de lucha contra las injusticias.
Juambi sabía de los problemas del compromiso hoy, sabía que los poderes más grandes del planeta, EEUU, Israel y Marruecos, están ahí enfrente, a unos pocos kilómetros de nuestras costas preparando guerras no tan futuras, entrenando, en nuestras aguas y cielos, armamentos y tecnologías para borrar del mapa a pueblos como el palestino o el saharaui. Sabía que la lucha contra el campo de tiro de Pájara tenía que ver con militarizarnos y el sometimiento de nuestra voluntad como pueblo.
Quienes hoy centran su discurso de odio en la llegada de personas de afuera, sobre todo contra las más humildes, que huyen de la miseria que la propia Europa ha generado en sus países y continentes, son los que han impuesto un modelo insostenible que ha arrasado con lo mejor de nuestro territorio para engrosar su ilimitada avaricia. Un modelo que es el que crea las condiciones de una inmigración exponencial al calor del lema crecer y crecer. No es la gente que viene a trabajar, a huir del hambre, incluso jugándose la vida, y a resolvernos no pocos problemas, con trabajos precarios, cuidando de nuestros mayores, los responsables de este modelo contra lo que tanto lucharon gente como Domingo y Juambi, sino otros que también vienen de afuera, pero sobre todo de la Europa opulenta, grandes empresarios que han comprado terrenos y voluntades, que han extorsionado o conseguido favores de instancias políticas y jurídicas, campando a sus anchas desde los años sesenta del pasado siglo. Pero también son responsables algunas gentes de aquí, que, tras un discurso de canariedad y de una falsa defensa de la identidad, envueltos en romerías y trajes típicos, jugando a la napolitana o pasándose por luchadas y apañadas, venden su tierra, como quisieron hacer con Tindaya. Nuevos ricos, caciques de hoy, emulando viejas pleitesías.
Hay una pequeña frase que define perfectamente lo que eran Juambi y Domingo, que entre la gente canaria no necesita de más explicaciones. En apenas dos palabras se concentra tanta honradez y dignidad, tantos valores que desgraciadamente se han ido perdiendo en estas dos islas. Juambi y Domingo eran, sobre todo, buena gente.
Pero sus ideales eran muy fuertes e insobornables, a pesar de la sencillez y serenidad de ambos. Importaba el mensaje y la convicción, sin grandes aspavientos. Esa tranquilidad que le caracterizaba, esa sonrisita algo socarrona y esa profunda amistad que iba generando a su alrededor hoy continúa en tanta gente que lo quiso y lo quiere.
Gracias, Juambi y Domingo, por haber mantenido con tanta inteligencia, firmeza y honradez la identidad de estas dos islas majoreras. En el homenaje a Domingo se sentía esa Lanzarote profunda, de toda esa gente que reconocemos en nuestra particular historia y otra gente buena dispuesta a defender un pueblo que casi va desapareciendo bajo los designios del turismo. Seguro que ahora mismo, con el homenaje de la rondalla de Tetir en la despedida de Juambi, se vive esa presencia de pueblo, que aún está vivo y reconocible a pesar de tanta destrucción de nuestro terruño y de esta acelerada aculturación. Gracias Juambi, por defender nuestra cultura y nuestros valores a pesar del desprecio lingüístico que cada vez más nos rodea y nos aleja de nosotros mismos, los fest, los runing. Gracias, Juambi y Domingo, por ayudar a este pueblo a achicar agua de especulación e ignominia de este bote que no solo ayudaron a mantener a flote, sino que alumbraron la idea de que algún día pondría rumbo a un mundo mejor.











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