Quizá esté a tiempo el presidente del Cabildo de aprender algo del pasado. Del juego de trilero de su predecesor y compañero de partido, Pedro San Ginés, le ha caído uno de los mayores problemas a resolver durante su mandato: el ciclo integral del agua.
A base de forzar la situación, desde el propio concurso de acreedores hasta el concurso del agua, después el negociado, luego la connivencia total, el secuestro de una desaladora… etc., la situación del agua es la que es: un desastre. Lo que aportó San Ginés al agua fue tierra y el resultado inevitable es barro.
Oswaldo Betancort parece que va por el mismo camino. Ha tomado una decisión y está empezando a intentar forzar la situación para que se ajuste a su decisión, no al revés. Para traspasar el servicio a otra empresa le piden que suba las tarifas, las mismas tarifas que se empeñó en no subir antes de tomar esa decisión.
Él solito se ha metido en una especie de callejón sin salida. Los argumentos de la Comisión de Precios para no subir las tarifas tenían que ver con el volumen de pérdidas en red. “La ineficiente gestión llevada a cabo que implica que cada año se obtengan mayores porcentajes de volúmenes de agua no registrada”, y por tanto “el consiguiente perjuicio que supondría para el ciudadano el hecho de aprobar la modificación de tarifas solicitadas”, dijo la Comisión.
Según la Comisión, se conseguiría equilibrar el déficit a partir de un porcentaje de pérdidas menor del 46,5. Resulta que el último dato de pérdidas, de esta pasada semana, vuelve ser demoledor: más del 55 por ciento. La situación no ha cambiado. El Cabildo estaba satisfecho con aquella decisión de la Comisión de Precios y pretende ahora que la Comisión diga lo contrario para facilitar la transición a otra empresa.
Por si no se ha entendido bien: que los abonados, muchos a los que ni siquiera les llega el agua a menudo, tengan que pagar más para que una empresa privada pueda obtener un posible beneficio por un bien que debería ser público.












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