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30 años de Consejo de la Reserva de la Biosfera: entre el esplendor y el silencio

El mayor foro de debate que ha tenido la Isla cumple tres décadas, muy alejado de la fuerza de sus inicios. Testigos directos de esa evolución reconstruyen su historia

Isabel Lusarreta 0 COMENTARIOS 18/02/2026 - 06:46

“Son muchas las incógnitas que quedan por despejar, pero iniciar la andadura del Consejo es imprescindible para que el galardón obtenido merecidamente, y lucido con orgullo, no esté vacío de contenido”. El entonces presidente del Cabildo, Juan Carlos Becerra, pronunció estas palabras el 22 de abril de 1996, cuando se celebró la sesión constituyente del Consejo de la Reserva de la Biosfera. La Isla había recibido ese reconocimiento de la Unesco tres años antes y este órgano, que cumple ahora tres décadas, se creó para “impulsarlo y desarrollarlo”.

La siguiente sesión del Consejo tardó casi un año y medio en celebrarse, y en medio se produjeron dos cambios en la Presidencia. Fue casi un preludio de los avatares a los que iba a estar sometido el principal órgano de debate con el que cuenta la Isla desde entonces, que vivió en sus inicios su época de mayor esplendor.

“Éramos la envidia del resto del Archipiélago y de parte de la Península. El Consejo fue una cosa novedosa, porque fue el primero que se creó en Canarias. Era la expresión del sentir de la isla de Lanzarote en su conjunto. Está todo el mundo representado ahí, desde la clase política, las universidades, los sindicatos, las asociaciones ecologistas, las asociaciones de vecinos... y eso significaba una forma de debatir”, recuerda el que fuera secretario general de CCOO en Lanzarote, Ramón Pérez Farray, que participó en aquella primera sesión constitutiva y a día de hoy, 30 años después, sigue formando parte de este órgano como representante de los sindicatos.

“Éramos la envidia del resto del Archipiélago y de parte de la Península”

Sin embargo, Pérez Farray lamenta que “esa capacidad de convocatoria, ese debate permanentemente que teníamos en la sociedad conejera, eso ya no existe, ya no está”. El pasado año solo se celebró una sesión del Consejo, de carácter extraordinario, y no es la primera vez que ocurre. Incluso ha habido años en blanco. “Es como si le cortas las alas a alguien que quiere volar. Si me mandan los escritos pero no se convoca el Consejo y no se celebran reuniones, la gente no se puede expresar ni se puede discutir sobre los temas importantes que preocupan a la Isla”, cuestiona.

El vaticinio de Prats

La segunda sesión del Consejo de la Reserva de la Biosfera se celebró el 15 de septiembre de 1997, ya bajo la Presidencia de Enrique Pérez Parrilla, con un único punto en el orden del día: Acuerdo que proceda sobre el documento inicial Lanzarote en la Biosfera, una estrategia hacia el desarrollo sostenible de la Isla. Fue la primera de muchas sesiones del Consejo en las que intervino el redactor del Plan Insular de Ordenación del Territorio de 1991, Fernando Prats, que también había elaborado ese nuevo documento.

“Los turistas crecerán a tres millones”, advirtió Prats en una sesión en 1997

“En las encuestas de opinión que conocemos, el 48 por ciento de los entrevistados manifiestan su convencimiento de que la situación actual empeorará. Nos enfrentamos a una larga fase de expansión en cuanto a la afluencia turística por varios motivos: Lanzarote sigue estando entre los diez o quince destinos más atractivos, el capital está interesado en invertir y la Isla tiene suelo de acuerdo con el Plan Insular como para doblar el número de camas. ¿Qué puede ocurrir? Se han analizado cuatro campos y dieciocho variables y los resultados no son alarmantes, pero si preocupantes”, advertía ya entonces Prats, adelantando una cifra: “Los turistas crecerán a tres millones”. No se equivocaba. Esa cifra se superó ya en 2017, y desde entonces ha seguido creciendo.

También alertaba sobre la “fragilidad social y ambiental” que traería esa situación, creando “marginalidad” y problemas en el medio, en recursos como la energía y el agua o en la gestión de residuos. Por eso planteaba “anticiparse a los problemas” con este documento, a partir del que elaborar propuestas a corto, medio y largo plazo. Con debate, y con peticiones de acceso a toda la información conforme avanzara el proceso, pero el documento se aprobó por unanimidad.

Ana Carrasco, gerente del Consejo de la Reserva de la Biosfera.

Años intensos

En los años siguientes, el Consejo de la Reserva de la Biosfera cogió impulso y empezó a celebrar cuatro reuniones al año en 1998 y en 1999, y aumentó hasta seis y siete sesiones anuales entre 2000 y 2002. Ya en la tercera sesión, celebrada el 18 de marzo de 1998, fue nombrada como directora gerente Ana Carrasco, que como técnico venía desempeñando labores de coordinación, y que desde entonces ha seguido en el cargo, como testigo directo de la evolución de este órgano.

“Algunos políticos no entendían que la sociedad pudiera opinar”

De aquellas primeras sesiones, Carrasco recuerda que había “mucho respeto” y “mucha escucha”: “Las sesiones eran largas, con presencia de público y ocasionalmente pancartas en el salón de plenos, pero nada de crispación. Se decía que el ambiente era mucho mejor en una sesión del Consejo que en un pleno del Cabildo”. También “el asombro de algunos políticos, que no entendían que la sociedad pudiera opinar”. Incluso había “alguna persona que decía que la legitimidad en las decisiones se conseguía en las urnas”.

Ramón Pérez Farray coincide, y subraya lo que a muchos les costó aceptar que las asociaciones de vecinos pudieran hablar en el Consejo: “Parecía que eso no cabía, pero sí. Ahí estamos todos representados, toda la sociedad de Lanzarote, y se discutía. Unas veces más acertados que otras, como es normal, pero había un interés, era algo activo”.

La Isla estaba en pleno debate sobre la contención del crecimiento y la moratoria, que se aprobó en el año 2000, y esos temas se abordaban de forma recurrente en el Consejo. “Quizá esa fue la época más fuerte, cuando estaba la isla más efervescente”, apunta Pérez Farray. Ana Carrasco también destaca “la cantidad de temas que la sociedad organizada proponía para ser tratados en las sesiones” y “la cantidad de expertos externos que participaron” en ellas: “Lanzarote estaba en plena ebullición social y se notaba”.

Sesiones históricas

Si tuviera que destacar una sesión entre las más de 80 celebradas hasta la fecha, la primera que se le viene a la cabeza a Ana Carrasco, porque fue “un lujo y las intervenciones fueron de altura”, es la que tuvo lugar el 21 de junio del año 2001. “Se trae al seno del Consejo para su debate un proyecto que por sus dimensiones va a afectar al futuro de Lanzarote y a la dinámica de contención iniciada por el Cabildo, y pienso que se deberían analizar las repercusiones para la Isla y para su propio modelo de desarrollo”, anunció al iniciar el debate el presidente, Enrique Pérez Parrilla. Se refería al proyecto urbanístico de Maciot Sport, que pretendía construir seis campos de golf y mil viviendas en el municipio de Yaiza, entre Femés y Las Breñas.

“Ese debate permanente que teníamos en la sociedad conejera, ya no existe”

Hasta ese día, el grupo de gobierno del Cabildo no había mostrado un rechazo explícito al proyecto. Afirmaba que estaba “estudiando el tema” y que aún no tenía “una posición oficial”. Sin embargo, la presión social que se había desatado y lo ocurrido en aquella sesión del Consejo terminó de inclinar la balanza. Ante un público que abarrotó el salón de plenos y flanqueados por una pancarta que desplegó Foro de Lanzarote -con el mensaje “En defensa de Lanzarote y su futuro, no a la destrucción de Maciot”-, prácticamente todos los integrantes de este órgano dieron un no rotundo a Maciot.

En su defensa solo salió el representante de los empresarios turísticos de Lanzarote, Francisco Dorado, que se quedó solo en sus argumentos. Tras su intervención, llegó un aluvión de críticas de la asociación ecologista El Guincho, de la Fundación César Manrique, del representante de los sindicatos y de otros colectivos y representantes del ámbito académico, pero también de todos los partidos políticos, sin excepción. PSOE, PIL, CC y PP rechazaron el proyecto, que recibió 15 votos en contra y solo uno a favor. Antes de la sesión, el presidente había aclarado que lo que surgiera de allí no sería vinculante. Sin embargo, al terminar el encuentro cambió de opinión: “Ha sido muy vinculante”.

El Cabildo nunca autorizó el proyecto y quizá por eso, por la repercusión directa que tuvo y por la unidad que mostró la Isla en ese rechazo, esa es la primera sesión que se le viene a la memoria a Ana Carrasco. Sin embargo, también recuerda otras, como “las sesiones sobre la moratoria turística, la contención del crecimiento o la ecotasa, que estuvieron marcadas por debates intensos”; así como las reuniones en las que se abordó el cambio de modelo energético. Y sobre todo, una que para ella fue la más emotiva: “Con cariño recuerdo a los vecinos preocupados de La Degollada solicitando que se parara el proyecto de la machacadora en la zona”. Ese proyecto también se frenó.

Ramón Pérez Farray, histórico miembro de Comisiones Obreras, y Fernando Ruiz, de la Fundación César Manrique.

El declive

Para Ramón Pérez Farray, el declive del Consejo de la Reserva de la Biosfera comenzó hace años. “La sensación que tenemos en el sindicato es que eso se está dejando morir de forma intencionada”, sentencia. “El Consejo debería reunirse cada dos meses, pero no cumplen con lo que establece el reglamento. Parece que a la clase política no le interesa que esto funcione y ha hecho que se vaya muriendo de cierta manera”.

El año 2005 fue el último en el que se celebraron seis sesiones. En 2006 se celebraron tres, y en 2007 ninguna. En 2008 -cuando se debatía sobre la ejecución de las sentencias que habían declarado ilegales decenas de licencias hoteleras y se presentó el informe de legalidad urbanística-, se celebraron cuatro sesiones, todas ellas de carácter extraordinario. Después, la cifra ha ido oscilando entre una, dos o tres sesiones al año en el mejor de los casos, con dos excepciones: en 2015 y en 2020 tampoco se celebró ninguna reunión de este órgano.

“La sensación que tenemos en el sindicato es que se está dejando morir”

“El Consejo ha pasado por varias fases. Ha influido la inestabilidad política y el talante de cada presidente o presidenta, porque no deja de ser un órgano presidencialista”, señala Ana Carrasco. “Ha habido cargos públicos que no creían en la participación, otros que no le han dado importancia al Consejo y otros que lo ven como un órgano bastante incómodo”.

En su opinión, el Consejo de la Reserva de la Biosfera empezó a perder peso “cuando los debates se politizan y los partidos políticos se olvidan que no están en un pleno”, y también “cuando las decisiones tomadas no son tenidas en cuenta o se hace lo contrario a lo decidido”. Además, cree que “influye el ánimo de la sociedad civil, de las organizaciones que han formado o forman parte”.

El propio Ramón Pérez Farray admite esa parte de responsabilidad. De hecho, recuerda que los miembros del Consejo pueden pedir sesiones extraordinarias, aunque “eso significa que tienes que estar contactando con otros” para conseguir el porcentaje necesario “y haciendo un trabajo que no nos corresponde”. “De forma habilidosa, también por la pasividad de los que formamos parte del Consejo, todo hay que decirlo, han conseguido callar a todo el mundo. ¿Eso significa que todo se está haciendo bien y que estamos todos muy contentos? Pues no, para nada”.

Potencial

Para Pérez Farray, hay muchos temas que deberían estar tratándose en este órgano, tanto en materia territorial como con los problemas de la vivienda, del agua o de las infraestructuras. “Es una pena que se coarte el derecho de los ciudadanos a participar y a proponer. Todo se lo guisan y se lo comen ellos. Yo que lo he vivido desde el primer momento en que se constituyó ese Consejo, es que ni me creo la pasividad que hay ahora”.

“Ha habido cargos públicos que lo ven como un órgano bastante incómodo”

Ana Carrasco, por su parte, cree que la última sesión celebrada el 6 de octubre de 2025, la única que se convocó ese año, “fue importante porque se dio a conocer el borrador del nuevo PIO y los miembros de la Junta Rectora pudieron decir lo que pensaban y proponer aspectos a incluir”. En su opinión, “si se mejora el documento, Lanzarote ganará”.

Respecto al futuro de este órgano, cree que puede llegar a tener el mismo peso que tenía en sus inicios, pero admite que “en una sociedad donde los problemas son cada vez más complejos y difíciles de solucionar, el ánimo va menguando; y además está la pérdida de credibilidad en las instituciones públicas y las fricciones partidistas”. No obstante, sigue creyendo en su potencial y defiende que aún hoy, “desde fuera de la Isla, el Consejo es un lujo”.

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