
Lanzarote: una isla al límite y una política que ya no responde
Lanzarote atraviesa una de las etapas más delicadas de su historia democrática reciente. Detrás de los discursos oficiales y las cifras maquilladas, la realidad es contundente: una isla desbordada, un territorio sin rumbo claro y unas instituciones cada vez más alejadas de la ciudadanía.
El crecimiento desordenado, la presión turística sin control, la emergencia habitacional, el deterioro de los servicios públicos y la pérdida de poder adquisitivo no son fenómenos aislados. Son las consecuencias directas de años de mala planificación, de decisiones sin consenso social y de una política que ha dejado de pensar en el largo plazo.
Hoy Lanzarote no sufre una crisis puntual, sufre una crisis estructural de modelo, un sistema político agotado.
Los grandes partidos han convertido la gestión de la isla en un tablero de intereses cruzados, donde pesan más los pactos de despacho que las necesidades reales de los ciudadanos. La isla se gobierna desde la inercia, no desde la estrategia. Se improvisa donde debería planificarse, se reacciona donde debería anticiparse.
Mientras tanto, los jóvenes no pueden acceder a una vivienda, la sanidad pública se colapsa, el territorio se degrada, los salarios pierden poder frente al coste de la vida y la ciudadanía pierde confianza en quienes gobiernan.
Este distanciamiento entre poder político y sociedad es el síntoma más grave: cuando la gente deja de creer, el sistema deja de funcionar.
Por todo ello, Unidos por Lanzarote se convierte en una alternativa que vuelve a ser imprescindible. En este escenario, la razón de ser de Unidos por Lanzarote cobra hoy más fuerza que nunca.
Unidos por Lanzarote nació para defender los intereses de la isla por encima de cualquier sigla, para poner a Lanzarote en el centro de las decisiones y para construir un proyecto propio, coherente y valiente.
Hoy, cuando el modelo muestra claras señales de agotamiento, la isla necesita una fuerza que no dependa de órdenes externas, ni de estructuras ajenas, ni de pactos que comprometan su identidad. Necesita una voz que no se conforme, que no se calle, que no negocie el futuro de Lanzarote a puerta cerrada.
Estamos ante un momento decisivo. La isla ya no puede seguir por el mismo camino sin pagar un precio irreparable. Cuando una sociedad llega a este punto, no se trata solo de cambiar nombres, se trata de cambiar el rumbo. Lanzarote está enviando señales claras. Lo que está en juego no es una legislatura, sino el futuro mismo de la isla.
Unidos por Lanzarote siempre ha sido una herramienta al servicio de la ciudadanía y cuando una isla siente que nadie la defiende como merece, la historia demuestra que surgen nuevas etapas. Tal vez estemos más cerca de una de ellas de lo que muchos creen.
Laureano Álvarez (Unidos por Lanzarote)











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