Lanzarote bajo el mar pero sobre el papel
Geoparque edita ‘Un tesoro bajo el mar. Lugares de interés geológico submarino’, que describe doce lugares submarinos de gran valor
Son doce, aunque el libro también recoge alguno más aún sin catalogar y finaliza con un capítulo llamado La frontera en el que se invita a que la investigación debe continuar para revelar nuevos paisajes. Se trata de los paisajes submarinos de Lanzarote, los más desconocidos y los más inaccesibles, ahora un poco más accesibles gracias al libro editado por el Geoparque Lanzarote titulado Un tesoro bajo el mar. Lugares de interés geológico submarino, con dirección de Javier Alonso y que incluye fotografías de él mismo, de Rafael Mesa y de Jesús Javier Medinaveitia, además del diseño de Araceli Pintos.
Entre esos doce hay lugares como el Delta lávico holoceno del Charco del Palo, con unas “extraordinarias morfologías submarinas”, o la Cueva litoral del Jameo de Guatiza, también conocida como Cueva del Agua, o bien las Morfologías erosivas litorales en el Delta lávico de Puerto del Carmen o incluso el Delta lávico pleistoceno de la Marina de Arrecife. Cada uno de ellos, fotografiado, explicado en dos idiomas y localizado en un mapa.
El libro comienza como un encargo del Geoparque, que ya había hecho una monitorización de los Lugares de Interés Geológico submarinos, con la idea de hacer una exposición fotográfica, que se inauguró en 2022 en Puerto Calero y en Marina Lanzarote, y que ha acabado evolucionando hasta convertirse, en una segunda fase, en este libro, a cuyas presentaciones también acompaña un documental en vídeo realizado durante las inmersiones.
Cuando se inauguró la exposición, de los doce lugares, Alonso solo había podido visitar once, porque se le resistía la baja de Famara, por el oleaje, pero para el libro sí pudo descender. En esta ocasión renovó las fotos en todos los lugares para documentarlos un poco mejor, porque hacen faltan más inmersiones: “Los 45 minutos de la inmersión te dan para ver lo que puedas”, explica.
“La idea es acercar el Geoparque oculto a la gente, para valorarlo, porque la gente sigue echando anclas y arrastra el sebadal, o le da igual tirar una valla de hotel en medio del Geoparque. Y eso es lo que se pretendía”, señala. El libro intenta poner en valor cada lugar, difundir sus propiedades e intentar que se integren en el patrimonio personal de la gente. El subsuelo marino de Lanzarote es semejante, en su variedad, a la superficie terrestre. Pasa lo mismo, puedes ver cosas muy distintas: cuevas, cornisas, arenales, sebadales...
“En tierra hay muchos hitos geológicos muy interesantes y lo curioso es que también en el fondo del mar existen esos mismos lugares”, dice Alonso, que enumera túneles, jameos o cuevas... Y añade que también se puede hablar de que se esté deteriorando su estado de conservación. En sus inmersiones, han analizado el estado de basura que se pudieran encontrar, que ha sido casi inexistente excepto en Arrecife, pero también otras posibles afecciones como la abundancia de barcas o el flujo de buceadores. “Por ejemplo, en Puerto del Carmen es una locura, ahora mismo hay que gestionar eso de una manera mejor, porque hay miles de buceadores a la semana”, añade.
Alonso destaca también el Jameo de Guatiza, que “lo había visto en superficie”, pero no había pasado por el túnel submarino, o una calle submarina en Mala, “que es una preciosidad, con dos paredes verticales que te acompañan varios minutos mientras buceas”, o unas cornisas en Playa Blanca.
Y, por supuesto, el Roque del Este, “que es un sitio que si no es por un proyecto de biología submarina o de geología es imposible ir”. Lo califica como espectacular, “como una catedral submarina”. “Hay una boca azul que te deja o no entrar en función de la corriente que viene del otro lado y cuando entras hay una oscuridad total y lo único que ves es la salida azul oscura en el otro extremo. Es impactante esa oscuridad y cómo tus focos van llenando de luz y vas descubriendo escalones, descubriendo cómo se abre un dique en el fondo, porque realmente aquello es el desplome de la estructura que hay arriba, que es el campanario. Sentirte ahí dentro es un privilegio y un reto”, explica.
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Jameo de Guatiza. Foto: Rafael Mesa.
“La idea es acercar el Geoparque oculto a la gente, para valorarlo, porque la gente sigue echando anclas y arrastra el sebadal”
Dice que ha aprendido muchísimo haciendo este libro. Geoparque Lanzarote le facilitaba la información del Instituto Geológico Minero de España, “y con esas pistas tenía que buscar esos lugares, buscar la morrena de lava, el frente progradante... Toda esa terminología me permitió aprender un montón y sacar fotos de lo que era importante”, asegura. Para las inmersiones, ya sabían previamente lo que tenían que buscar, identificar y fotografiar. Por eso, al contrario que en la mayor parte de la fotografía submarina, la fauna no es la protagonista, aunque si aparece, mejor aún.
El libro pretende poner en valor estos lugares, difundirlos y destacar su valor geológico. Se puede convertir en una herramienta para los centros de buceo, ya que el libro se puede obtener de manera gratuita en la oficina de Geoparque, en el Monumento al Campesino, y porque la mayor parte de las personas interesadas en el libro, que han asistido a las presentaciones, pertenecen a centros de buceo.
Profesor
Javier Alonso ha sido, hasta su reciente jubilación, profesor de la Escuela de Artes y Oficios Pancho Lasso, y hace muchos años que se dedica a grabar videos submarinos. “La fotografía es parte de mi vida desde jovencito. Ya vi el cometa Halley con 20 años y le estuve haciendo fotos en analógico”. Pero, además de la fotografía, siempre han estado ahí la astronomía y el buceo, así que ha ido combinando sus pasiones. “Siempre he estado haciendo fotos nocturnas o vídeos submarinos”. Dice que en el fondo, en el del mar, le interesa más el vídeo que la fotografía, porque permite seguir viendo el comportamiento de los animales.
“En tierra hay muchos hitos geológicos muy interesantes y lo curioso es que también en el fondo del mar existen esos mismos lugares”
“Igual que la astrofotografía te pide determinadas cosas, la fotografía submarina también, por esa poca luz que hay ahí abajo, la turbidez, las corrientes, los movimientos de los peces, y cambia el enfoque, el tamaño aparente... Ya sólo disparar con flash, porque normalmente no hay luz suficiente para los objetos, hace que salgan todas las partículas en suspensión y entonces hay que saber poner el ángulo de los flashes, la potencia adecuada... Hay mucho de ensayo error”, explica.
La Baja de las Gerardias, junto a Montaña Clara, es una inmersión muy exigente “porque todo empieza a 30 metros prácticamente y 40 es tu máxima profundidad”. “Cuando llegas allá abajo estás haciendo todas las fotos que puedes pero se te agota el aire en la botella, empieza la descompresión, porque sólo tienes 10 o 15 minutos y con ese tiempo tienes que lidiar con la posición de los flashes, las partículas... Son demasiadas cosas que hay que tener en cuenta”.
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El Río. Foto: Jesús Javier Medinaveitia.
La frontera
El penúltimo apartado del libro es La frontera, lo que hay más allá de los cuarenta metros de inmersión, para lo que hace falta ser un buceador más técnico o experimentado. Para ese apartado le pidió una colaboración a Álvaro Roldán, que retrata el manto de coral negro que se extiende en las profundidades y que está estudiando un grupo de científicos. “Queríamos que se pudiera ver lo que pasa más allá de esa frontera, como los corales látigos, que por cierto están creciendo ahora en la fajana de La Palma, cuando no era típico de esa isla y mucho menos a esa profundidad”.

















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