19
Mar
2019
Saúl García

No está claro si son informaciones que nacen y crecen gracias a la oferta o a la demanda, pero en cada convocatoria electoral se extienden más. Están en la frontera ente el interés general (que lo pueden tener) y el interés particular. Son aquellas informaciones sobre las ausencias, sobre los descartes, sobre quién no va a estar en las listas. Esas noticias que llevan a que sean los ciudadanos los que se preocupen de los problemas de políticos, y no al revés.

Ante una cita electoral, conocer algo más sobre los que van a estar en las listas, es noticiable. Sin duda. Pero están triunfando las informaciones sobre los que no van a estar. Y lo hacen en todos los ámbitos geográficos. En los últimos días nos hemos enterado de quiénes ya no son amigos de Casado, Sánchez y Rivera y quiénes quieren que lo sean. Si nos centramos en las palabras de los titulares de estas noticias, no parece que se trate de la elaboración de unas listas electorales. Todas son palabras de titulares de la última semana en diversos medios nacionales: depuración, purga, blindaje, imposición, veto, castigo, laminación, revolución, escabechina...

Muchas de estas noticias están publicadas tomando parte, indisimuladamente, por los agraviados, por los que no van a estar, los que se han ido antes de los que echen o los que han mantenido la esperanza hasta el final. Esto de la elaboración de las listas ya está a medio camino entre un reality show y un talent show. Desde luego es un show. Se podría decir que la famosa democracia interna es para la democracia lo que la música militar es para la música.

Hay ex ministros del PP que no aparecen en las listas, ministros del PSOE que aparecen donde había otros y cargos de ambos partidos que se dejan querer por Ciudadanos. También hay ejemplos locales. He estado a punto de sentir lástima por Carlos Floriano, Martínez Maíllo, Fátima Báñez, Soraya Rodríguez o todos los ‘susanistas’ que se han quedado sin optar a un cargo en Andalucía. En una de las crónicas sobre la ‘purga de sorayistas’ del PP se puede leer: “El hecho de que no se contara con ellos llevó a algunos de los antiguos sorayistas a buscarse un lugar fuera de la política y así lo han hecho ahora otros al saber que no iban en las listas”. Qué crueldad, por favor, tener que buscarse un lugar fuera de la política.

Frente a la lástima ha triunfado la ilusión, porque la vida no acaba ahí. Ni siquiera la política acaba ahí. Siempre hay opciones y basta con ver ejemplos bien cercanos en Lanzarote. Unos han optado por marcharse, otros por callar, otros por crear otro partido y otros, como Juan Manuel Sosa, por volver a CC, de donde salió para irse a Nueva Canarias, pero ahora integrado en San Borondón.

Pero nadie ha llegado a la maestría de la diputada del PP por Fuerteventura, Águeda Montelongo, que no ha dado tiempo a sus seguidores para que se consolidara el disgusto. En diciembre aseguraba: “Voy a seguir en la primera línea política del PP para 2019... y primera línea es encabezar una lista”. El 11 de marzo, hace una semana, anunciaba que se iba del PP y decía: “Si me preguntan si me voy a otro partido pueden descartarlo”. “No tengo ningún partido, siempre he pertenecido al PP”. Este lunes aparecía junto a Domingo González Arroyo presentando el nuevo partido Gana Fuerteventura. Montelongo, como los sorayistas de la crónica y como tantos y tantos otros, hace tiempo que se buscó un lugar fuera de la política. Es cierto que dentro de las instituciones. Es cierto que dentro de un partido. Pero fuera de la política.

01
Mar
2019
Saúl García

Yaiza recibió hasta cinco premios de embellecimiento. En 1969 y 1979 fue Premio Nacional de Conservación del Ministerio de Obras Públicas. En 1978 recibió el tercer Premio Nacional de Turismo de embellecimiento y mejora de los pueblos españoles del Ministerio de Comercio. En 1979, el Premio de embellecimiento de pueblos, caseríos, patios y jardines canarios y en 1981 el Áccesit del Premio Nacional del Turismo. En 1982, en las fiestas de Los Remedios aún se entregaba un Premio de 25.000 pesetas a la casa más cuidada del municipio. Y después creció Playa Blanca.

Da la impresión de que se quiere repetir el modelo. Da la impresión, de hecho, de que se quiere blanquear la Reserva de la Biosfera como si fuera un concurso de limpieza. El Cabildo ha iniciado una campaña de concienciación ciudadana que se llama ‘Cuidando Lanzarote’, orientada a conservar limpia la isla. Habló el presidente en su presentación de la necesidad de que “tanto las administraciones públicas como las personas que aquí residimos y los turistas que nos visitan apoyemos con una actitud cívica y respetuosa con el medio ambiente la ardua labor realizada por estos trabajadores, auténticos guardianes custodios del territorio, lo que sin duda contribuirá a mantener tanto Lanzarote como La Graciosa en las condiciones que merecen”. Está muy bien que la Isla esté limpia pero cuidarla y mantenerla en las condiciones que se merece es otra cosa y depende más de decisiones políticas que del esfuerzo ciudadano. Y en ese campo estamos lejos del premio.

La identificación de limpieza con la ausencia de basura a la vista es una concepción tan limitada como antigua. Si hablamos de limpieza en serio tenemos que hablar generar menos residuos, de consumir menos recursos naturales y de liberar menos emisiones a la atmósfera. Tenemos que hablar de decrecer, la palabra maldita. Y para eso hay que cambiar el modelo turístico y el modelo de consumo, algo que no se hace en dos días. Con tres millones de turistas al año no se puede tener una isla limpia. Cuidar la Isla en serio es empezar a aplicar políticas valientes que garanticen que no se va a seguir creciendo.

La Reserva de la Biosfera se otorgó en 1993 no porque la Isla estuviera limpia o sucia sino porque se había aprobado dos años antes un Plan Insular de Ordenación que apostaba por contener el crecimiento y que desclasificaba miles de camas. Han pasado 25 años y ahora es aún más evidente que es necesario impedir que se consoliden los derechos edificatorios de las miles de camas que quedan por construirse si se quiere mantener la Isla en las condiciones que se merece. El Cabildo, el que impulsa la campaña de limpieza, no sólo no tiene previsto hacer nada parecido sino que ha aplaudido la Ley del Suelo de Canarias.

La campaña está pagada con los Fondos de desarrollo de Canarias (Fdcan), que se podrían emplear, en caso de que hiciera falta, en posibles indemnizaciones si se aplicara un mecanismo de desclasificación de suelo. Pero estamos en otra cosa. Con los 25 años de la Reserva de la Biosfera está pasando lo que va a pasar con el centenario de César Manrique, que a muchos les interesa afrontarlo desde la parte menos controvertida de cada uno. Celebramos solo su parte externa: de César su estética y de la Reserva, la limpieza. Así que eso no es una campaña de limpieza, es una campaña de blanqueo.

17
Feb
2019
Saúl García

El 13 de junio de este año, Pedro San Ginés habrá logrado completar veinte años seguidos como consejero del Cabildo de Lanzarote. La primera vez que fue elegido fue el sexto consejero de los seis que sacó Coalición Canaria en una candidatura que encabezaban Juan Carlos Becerra y Pedro de Armas. El primer acuerdo de gobierno de aquel mandato fue el llamado Pacto por Lanzarote, firmado para evitar que gobernara el PIL de Dimas Martín, que ganó las elecciones con siete consejeros. Dos años después el pacto se rompió y el PIL hizo presidente de nuevo a Enrique Pérez Parrilla. En ese PIL estaba el otro político que comparte la virtud de la constancia con San Ginés, durante estos veinte años: Luis Arráez.

San Ginés, en aquel mandato, fue consejero del grupo de gobierno durante dos años y de la oposición otros dos. En 2003 se quedó otra vez agarrado a la brocha y salió el quinto de cinco. A pesar de todos los cambios de presidentes (Dimas, Mario Pérez, Docal, Francisco Cabrera, Inés Rojas y dos más accidentales), CC siempre estuvo en tareas de gobierno hasta 2007. Ahí San Ginés protagonizó su primera gran polémica, una de las que nunca ha superado, con el intento de crear una Sociedad Anónima para los Centros de arte, cultura y turismo. Fue su primer encontronazo con trabajadores del Cabildo. A alguno se le puede haber olvidado (a él seguro que no) pero en la Navidad de 2003 los trabajadores se encerraron durante varios días en el Cabildo, apoyados en aquella ocasión por todos los comités de empresa. San Ginés y el PIL tuvieron que echar marcha atrás y se acabó creando la EPEL de los Centros en base al dictamen que hizo Antonio González Viéitez.

Durante la presidencia de Manuela Armas, entre 2007 y 2009, San Ginés fue portavoz de la oposición y desde 2009 es presidente. Estro quiere decir que, excepto un breve periodo entre 2001 y 2003, San Ginés cobra un sueldo del Cabildo desde 1999. Es decir, es su trabajo. No es funcionario ni personal laboral pero es su trabajo. En veinte años no ha salido del Cabildo. No es raro, por tanto, que crea que, de alguna forma, el Cabildo es un poco suyo o que es su empresa. Y por eso hace las cosas que hace.

El presidente lleva una política de personal muy personal. Cuando no le gusta lo que hace algún trabajador, primero toma la decisión y después busca los argumentos. Esa arbitrariedad le cuesta a la institución pública que se pierda la eficacia en algunos departamentos, y en ocasiones le cuesta dinero, cuando los trabajadores ganan los pleitos. El año pasado había 210 pleitos en los tribunales de trabajadores contra el Cabildo, por muy diversos motivos. La ventaja que tiene San Ginés es que aunque actúe como si fuera su empresa, no lo es, así que no responde con su patrimonio.

Hace poco se le ocurrió despedir al presidente del comité de empresa de los Centros, Antonio Bonilla, porque puede y porque quiere (y porque se lo puso fácil), pero antes había sido la destitución del jefe de la Oficina del PIO o la del ingeniero del Consorcio de Emergencias. El presidente va repartiendo destituciones o premios, en forma de incentivos, en función de la lealtad. No disimula mucho: los trabajadores buenos son los que no le ponen pegas y los malos, los que sí.

Su última ocurrencia ha sido la de destituir al asesor de Grupo Podemos, Dani Cabecera. Técnicamente lo puede hacer, porque es asesor de la presidencia, aunque no lo había hecho nadie. Hasta ahora los grupos elegían a una persona para las labores administrativas y la presidencia lo respetaba, pero ahora San Ginés, a través de Arráez, decide a quién se castiga si se porta mal. La única novedad, en realidad, es que lo ha hecho con un asesor de otro partido. Dice que le ha llamado corrupto pero no ha anunciado ninguna querella. No le hace falta porque es más eficaz ejercer el poder que pedir justicia.

La destitución, que es una cacicada de libro digna de quien ya se maneja en la institución como en su empresa, esconde además un elemento perverso. Cabecera critica a San Ginés en una entrevista que le hacen, no porque sea asesor en el Cabildo sino porque es concejal en Arrecife. Es una crítica política, hecha en el ámbito político. No es la crítica de un asesor al asesorado pero el presidente, que no sabe separar los campos, responde como un superior jerárquico, no como un rival político. Una definición de poder arbitrario dice que es aquel que representa la voluntad personal del titular de un órgano administrativo que obra impulsado por sus pasiones, sus caprichos o sus preferencias. Pues ya tenemos una definición y un buen ejemplo.

07
Feb
2019
Saúl García

Entre mayo de 2009 y noviembre de 2010, la UCO detuvo a cinco directivos de Urbaser en el caso Unión. Uno de ellos era el gerente en la Isla y los otros cuatro eran directivos de Madrid, entre ellos el que era en aquel momento director de explotación y obras y el que fue número dos de la compañía y director de servicios internacionales cuando fue detenido.

Esta pieza aún no se ha juzgado pero lo que se investiga es que Urbaser, con ayuda de funcionarios del Ayuntamiento, tuvo acceso a las ofertas del resto de empresas que optaban al concurso e incluyó a última hora unas mejoras que le permitieron ganarlo. Como contraprestación, la empresa habría pagado 50 millones de pesetas iniciales a varios cargos públicos, 180.000 euros después al jefe de la Oficina técnica y numerosos regalos y viajes ala ex alcaldesa. A su vez, la Oficina técnica permitía que la cuantía del contrato subiera cada año con una fórmula que no entendía nadie. También se investigan facturas infladas o por servicios que no se hacían.

Por si hubiera alguna duda de que los directivos iban por libre, que el soborno no era política de empresa, Urbaser está emplazada como responsable civil subsidiario y responde de una fianza de 9,7 millones de euros. El auto de que dio por finalizada la investigación llegó a la conclusión de que se adjudicaron a esta empresa “de manera ilícita” al menos 8,4 millones de euros. El contrato de recogida de basuras costaba unos 700.000 euros al mes, “uno de los más caros de España”, según ese auto, para tener, curiosamente, una de las ciudades más sucias, según la observación diaria de las calles.

Con estos antecedentes, la lógica invitaba a pensar que el futuro para Urbaser en la Isla iba a ser muy negro. Era una empresa del Grupo ACS que hace dos años compró una firma china, Firion Investments. Gestionaba la limpieza de Arrecife desde 2002 y cuando estalló la operación Unión era el único contrato que tenía en Lanzarote. Pues bien, desde entonces han sido todo éxitos.

Aunque parezca mentira, en 2014 se volvió a llevar el concurso del Ayuntamiento de Arrecife por otros doce años más y cada año cuesta ese contrato más de cinco millones. Cuando se hizo esa adjudicación, Urbaser mantenía varios pleitos contra el Ayuntamiento, al que el reclamaba 17 millones de euros, de los que Arrecife reconoció el pago de 11. Desde entonces, han sido varios los expedientes abiertos, no culminados, por incumplimientos graves del contrato. Cumpla o no, Arrecife no es una ciudad limpia.

Sus méritos le han llevado a adjudicarse hace cuatro años el contrato de limpieza de los jardines en Teguise por 824.000 al año y el año pasado sumó la limpieza viaria, de playas y espacios públicos de Playa Blanca y el servicio de recogida selectiva de residuos de toda la Isla, con un coste anual previsto de 1,7 millones de euros, que seguro que acaba subiendo.

Así están las cosas. A Urbaser, en la Isla, le va mejor que nunca. Algunos de los implicados en esa trama ya no están en su puesto de trabajo por otras causas judiciales y los que eran cargos públicos ya no lo son ya no son cargo público. Al menos tres de los detenidos, los que tenían cargos más altos, siguieron ocupando esos cargos en la empresa. Por otra lado, Las sospechas sobre la compañía no se limitan a Lanzarote. Se le relaciona con la operación Púnica, Lezo y con tramas de corrupción en Olot u Orihuela. Pero todo esto no parece afectarle, ni a esta ni a otras grandes empresas, que siguen colonizando contratos en todos los niveles de la Administración: loca, autonómico y estatal.

Lo mejor de todo es que no les hace falta ni acudir al soborno. Todo es legal. Les alcanza con hacer ofertas muy por debajo del precio del concurso con una fórmula imbatible, que consiste en reducir al máximo el coste del personal de dos maneras: contratando menos gente y pagando lo mínimo que se exige. Así son los departamento de I+D+I. Y aprovechándose de que la fiscalización de las administraciones suele ser deficiente y de que cualquier diferencia se dirime en los Juzgados años después.

Y así tenemos después a alcaldes y otros cargos presumiendo de ahorrar un dinero a la administración gracias a que hay trabajadores que cobran 800 o 900 euros, que a su vez son los que pagan los impuestos y disfrutan, o sufren, de los servicios que prestan estas empresas tan aparentemente baratas. Y poco después tenemos a los mismos alcaldes diciendo que van a ser implacables persiguiendo los incumplimientos de estas empresas pero que tienen las manos atadas porque el pliego de condiciones estaba mal hecho.

A esta privatización de los servicios más esenciales, que ya nadie cuestiona, se le llama búsqueda de la eficiencia y optimización de los recursos públicos. También se le puede llamar estafa y tomadura de pelo, que es más corto y más acertado, pero es verdad que queda más feo.

31
Ene
2019
Saúl García

Partamos de una premisa: si se busca una confluencia es porque se considera que hay una apuesta política muy similar. Así que el programa, programa, programa no es el escollo. De hecho, aunque es cierto que se ha tratado de conformar un programa conjunto a lo largo de numerosas reuniones, no se ha oído a nadie argumentar que el problema es el programa. Luego el problema debe de ser otro.

Menos mal que sabemos que se trata de la nueva política porque, si no, cualquiera podría pensar que se parece mucho a la vieja. Hagamos inventario: peleas intestinas por el poder, sospechas o evidencias de inflar los censos a última hora (véase pucherazo), críticas a muerte en redes sociales (esto ya es más nuevo, antes era en la radio), acusaciones de disidencia (aunque nadie utilice ya esta palabra), acusaciones de traición, acusaciones de ser un submarino de otro partido, acusaciones de trabajar para el enemigo, acusaciones de querer estar solo por un sueldo, divisiones, negociaciones paralelas a dos bandas, falta de transparencia… Está saliendo muy completita esta temporada de La Confluencia. Si la produce el PSOE no le sale mejor.

Vamos al grano. Podemos, en Lanzarote, no ha tenido paz interna desde 2015. Los desencuentros de otros lugares también se han producido aquí. Es curioso que hablemos de personas que quieren gobernar para mejorar la vida de los ciudadanos (dice la teoría) y que sean incapaces de limar sus diferencias. No es la mejor carta de presentación, pero es humano y así es la política: la vieja, la nueva y la futura. Además, y eso les acaba pasando a todos, cuando la vida institucional entra por la puerta, la orgánica salta por la ventana.

El secretario insular no ha sabido, no ha querido o no ha podido alcanzar una cohesión. Ha repetido lo que hacen la mayoría de los líderes: rodearse de unos pocos fieles y olvidarse de los demás. Es más cómodo para lo cotidiano pero acaba pasando factura. Es decir, le ha faltado mano izquierda. También le ha faltado encontrar el momento para girar desde la sátira, la denuncia y el papel de vigilancia del poder a adoptar un cara más institucional, hacia alguien dispuesto a parecer una persona que pueda gobernar para todos.

El traslado de los métodos de protesta al pleno no ha funcionado. Es un papel necesario pero hay que medir bien. Han puesto el foco en políticas clientelares y en prácticas corruptas, que las hubo y las sigue habiendo, y es importante hacerlo, pero precisamente para afrontarlas hay que intentar sumar, no aislarse. Y les ha faltado, a ellos, y probablemente a todos, identificar los problemas más acuciantes y actuar en consecuencia: atraerse a los pocos movimientos sociales que van quedando.

En el capítulo de la prosa seca, no firmar la moción de censura ha acabado pasando factura. Es cierto que era un dilema sin solución: iba a pasar factura si la apoyaba (el gobierno que saliera de ahí podía haber llegado a ser un remedio peor que la enfermedad) e iba a pasar factura si no la apoyaba, pero la elección final tenía una incoherencia narrativa: si se basa el discurso en que hay que desalojar a San Ginés del poder, pues hay que desalojar a San Ginés del poder. Ahora bien, una cosa es que no haya autocrítica (nunca la hay) y otra es presentar una oposición interna que ni siquiera es leal, ante la opinión pública, al trabajo realizado y que compra de forma acrítica las tesis del enemigo. A eso se le llama no saber el terreno que se pisa. Y lo que ya es inaudito es, en una elección interna, admitir que ha habido injerencias de personas de otros partidos y dar por buenos los resultados a pesar de ganar por un solo voto.

Izquierda Unida tuvo poca representación en 2015 y tampoco le ha sacado partido. Tuvo un candidato al Senado, en confluencia, que parece que no va a repetir y que, o no ha hecho gran cosa, o no lo ha sabido transmitir. Y ahora parecen los más empeñados en encontrar una confluencia en la que casi nadie cree y que ni siquiera garantiza obtener mejores resultados que si se presentan por separado. O más bien que todo apunta a que los resultados serán peores. El último intento es el de ponerle un nombre, Lanzarote en pie, convocar una asamblea, e intentar reflotar la idea. Al menos, como marketing, es lo mejor que podían hacer.

¿Y qué decir de Somos? Si algo tenía a su favor, aunque no es una virtud en sí misma, era la juventud de sus candidatos. La gran ventaja de esta circunstancia, y no es poco, es que no se les podía juzgar por su pasado. Hasta ahora, claro: es una circunstancia que caduca. Somos nació ya como una confluencia en sí misma (ANC, Vecinos Unidos, Aldem, Alternativa Ciudadana) y ha acabado pareciéndose más a una reunión de cargos públicos. Cuatro años después solo queda Somos pero no porque los otros se hayan integrado, sino porque se han ido desintegrando. Y eso empezó a pasar muy pronto. Se han quedado a mitad de camino de casi todo.

En 2003 Alternativa Ciudadana logró al Cabildo 3.161 votos y un consejero. Cuatro años después, la suma de Alternativa e Isla Alternativa dio como resultado 36 votos más pero un consejero menos. En 2011 fueron 2.206 votos y un consejero y en 2015 Somos obtuvo 3.125 votos, con dos consejeros, pero es que Podemos logró 5.623 y tres consejeros. Un gran salto cualitativo. Cuatro años después cuando la izquierda debía afrontar las elecciones con mayor expectativa que nunca, desde su mejor posición, las cosas están como están: de confluencia en confluencia hasta la derrota final, compañeros.