10
Jun
2014
M.J. Tabar

El taller de carpintería de ribera del maestro Agustín Jordán (Arrecife, 1967) es objeto de deseo para amantes de la cultura naval procedentes de diferentes países del mundo. El italiano Lucca dejó Rusia para aprender a trazar barcos y concluyó que era “lo mejor” que había hecho “en veinte años”. Le siguieron Klaus y Tomo, un ingeniero de motos japonés.

Tomohisa Hirayama (Tokio, 1973) ha sido camarero, cocinero, albañil, repartidor de periódicos, recepcionista de hotel y programador informático. En ese último empleo duró menos de un mes “porque no podía aguantar hablar con la pantalla ocho horas al día”. Más tarde comenzó a trabajar como ingeniero de motos de una conocida firma japonesa. “Era un buen empleo, pero me aburría la rutina, así que decidí irme de la empresa y de Japón”.

Tomo viró y puso rumbo hacia el carpe diem. “Quería probar la vida del mañana imprevisto. Mandé mi Kawasaki a Canadá y viajé por allá, recorrí Estados Unidos y México”. Durante ese año y medio cosechó experiencias diversas. “Viajar no es siempre divertido; uno siempre es forastero y a veces nadie te ayuda. Lo bueno es que puedes conocer mucha gente. Lo malo es que siempre tienes que despedirte de ella”. Cansado de los constantes adioses y sin dinero para continuar, regresó a Japón con un nuevo proyecto: aprender español. Reunió dinero durante seis meses y se mudó a Granada.

En Cádiz conoció al maestro Agustín Jordán, que estaba impartiendo un curso de carpintería de ribera. La pasión del carpintero y el innato romanticismo de Tomo formaron la ecuación perfecta. El nipón decidió construir su propio barco. “Me gusta mucho la estética de la madera: es un material primitivo, que se convierte en un barco que cruza un océano. Una pasada”.

Tomohisa Hirayama aprendió la técnica de la carpintería de ribera de Agustín Jordán

Tomohisa prefiere arrepentirse de hacer cosas, que lamentar no haberlas hecho. Abandonó un empleo fijo en un taller mecánico granadino para trazar y construir un pequeño barco de dos metros de eslora en Lanzarote. Hizo el bote él mismo, “hasta la última tacha”, siempre con la supervisión y ayuda del maestro Agustín.

El pasado 8 de mayo, la playa de la Disa, con el Telamón como testigo del momento, acogió la botadura del barco. “La quilla, la roda, el codaste y las cuadernas son de sapeli y las tablas del casco son de pino”, explica Tomo, que diseñó su embarcación para ser contemplada y no para echarse a la mar. “Como el objetivo no era navegar, diseñé un barco de eslora pequeña pero con la forma de un barco grande. Lo importante es que tenga una forma compensada de proa y popa para que flote recto en el agua”, explica.

La parte más delicada del proceso fue entablar el barco. “Hay que medir muy bien las curvas de cada parte del barco con un compás. Eso se llama ‘fasquiar’, es una técnica muy artesanal e interesante”, añade.

Ya está de regreso en Granada, con la maqueta del que será su próximo barco. “Hoy mi pasión es el mar. Creo que es un medio severo, que siempre rechaza al ser humano. No es nuestro mundo, pero me gusta y quiero aprender a navegar. Soñar no es nada malo, ¿no?”.

Entre 1986 y 2012, el maestro Agustín Jordán (Arrecife, 1967) construyó 27 barcos de diseño propio y practicó 120 reparaciones. Ha impartido cursos en el Salón Náutico de Barcelona y realizado demostraciones en la European Seafood de Bruselas. Su pasión por el trazado y la construcción de barcos es extremadamente contagiosa. La próxima semana viajará a Cartagena para realizar labores de mantenimiento en un barco de vela, en compañía de Jacobo Costas, un carpintero de ribera itinerante que recuperó el Hidria Segundo de un desguace de Vigo. El Hidria es el único barco de vapor en funcionamiento de España, una pequeña joya del patrimonio marítimo español. Ha acogido abordo campamentos de ecoturismo, gracias a la pasión de su armador y del micromecenazgo.

[Contacto: 928 802 462  / 634 294 630 / agustinjordanromero@gmail.com]

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