23
Jun
2015
Saúl García

El nuevo grupo de gobierno (de momento) será el mismo que el anterior (CC-PSOE). El presidente, también. El Cabildo es el mismo. Igual que el protocolo. También lo son esos lugares comunes que nunca desaparecen. Aunque sólo repiten cuatro consejeros, hay más caras conocidas. El pacto va a seguir siendo un reparto de áreas a pesar de que se ha vuelto a repetir que no lo será. San Ginés ha caído, una vez más, uno por uno, en todos los vicios que llenan sus discursos. En la forma y en el fondo. Todo sabe a deja vu… y sin embargo, huele a nuevo. 

En esta nueva corporación parece que van a ocurrir otras cosas. Algo se ha movido, o algo se está moviendo, y deja un aroma poco conocido.

De los 23 consejeros, sólo cuatro juraron (dos del PP y los del PIL y Nueva Canarias). El resto prometió, y cinco de ellos incorporó coletillas a su promesa. Los de Somos lo hicieron por imperativo legal, recordando a Takbar Haddi y añadiendo frases como “no a la corrupción y sí a las acciones cargadas de ética” (Paz Cabrera, que llevaba una camiseta con la frase “No estoy dispuesta  a que me roben el alma”) o “por una Canarias libre y socialmente justa” (Tomás López). Pablo Ramírez, de Podemos, también lo hizo por imperativo y legal, y tanto él como sus dos compañeros, tras la obligada lealtad al Rey, añadieron “y a los ciudadanos”. Carlos Meca dijo que prometía especialmente cumplir el artículo 47 de la Constitución, que da derecho a una vivienda digna.

A los miembros de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca no les dejaron entrar al salón de plenos con la pancarta pero permanecieron de pie durante toda la sesión, vigilados de cerca por dos seguritas. Pedían que les dejaran la pancarta como se permitió no hace tanto pasar a las pancartas contrarias al petróleo. El otro símbolo presente, en el pleno de los símbolos, fue la bandera de las siete estrellas verdes sostenida por miembros de Somos. Y se podría añadir un símbolo más: los representantes de las Fuerzas Armadas, con asiento reservado en la fila central, junto a cargos y alcaldes elegidos en las urnas.

Si la vestimenta quiere decir algo, y lo dice, los consejeros varones llevaban chaqueta y corbata, excepto los tres de Podemos y Somos, que ni chaqueta ni corbata. En cuanto a las consejeras, si se hubiera elegido a diez personas al azar para que las clasificaran por partidos, de derecha a izquierda, según su indumentaria, hubieran acertado ocho. Y en los extremos las diez.

Cabrera (PIL) fue capaz de meter en la misma frase, como “batallas en las que la Isla está enfrascada”, a Stratvs, el Rancho Texas, su delfinario y las prospecciones

Entre símbolos y promesas, y ya con presidente nuevo (o el mismo), tomó la palabra Benjamín Perdomo, de Ciudadanos, el más joven de todos. Empezó su discurso prometiendo una oposición responsable para, un minuto después, calificar a Coalición Canaria como “cobardes y tiranos” por el decreto sobre el alquiler vacacional. Dejó una perla, que “la exportación de vino es la única manera de mostrarnos al mundo”. Le siguió Juan Manuel Sosa, el de mayor edad, y al que sólo le faltó decir que va a estar calentando banquillo para lo que se le necesite. Manuel Cabrera, del PIL, se transformó en jefe de obras para comparar Lanzarote y Fuerteventura en caminos, canales y puertos y piscinas municipales, y fue capaz de meter en la misma frase, como “batallas en las que la Isla está enfrascada”, a Stratvs, el Rancho Texas, su delfinario y las prospecciones petrolíferas. También planteó cambiar el aeropuerto a otro lugar para construir en Guacimeta una ciudad deportiva y un nuevo Hospital. Para ser del nuevo PIL se parece mucho al de antes.


Mary Paz Cabrera, consejera de Somos Lanzarote.

Tomás López hiló un buen discurso partiendo de la ilusión, pero fijado en una realidad “poco idílica”. Se centró en los más desfavorecidos, en la dicotomía récord turístico-récord de paro y levantó los primeros aplausos cuando habló de la privatización de Inalsa. Citó a Manrique (que siempre asoma en los discursos; en esta ocasión también con Benjamín Perdomo, Meca y San Ginés) para recoger su herencia, igual que la del 27-S de 2002 o la de la lucha contra el petróleo, y  prometió ser constructivo para hacer “una sociedad más feliz”.

“En el PP ya hemos hecho una profunda reflexión”, dijo su portavoz Saray Rodríguez, que también afirmó que luchan contra la corrupción “en todo momento”. Criticó las fórmulas de prometer el cargo por imperativo legal “por la moda de rebelarse frente al sistema”, y se autodenominó heredera “del espíritu de la Transición de esta hermosa nación”, en un pleno que de los símbolos pasaba a las herencias. También hizo una alusión a San Ginés para que “aparque y haga que otros aparquen las políticas de salón”.

El portavoz de Podemos, Carlos Meca, presentó su candidatura a jefe de la oposición y recordó a El Guincho, la Fundación, los vecinos de La Degollada, a la PAH y a Alternativa

El portavoz de Podemos, Carlos Meca, presentó su candidatura a jefe de la oposición. Le recordó a San Ginés su discurso del 9 de junio de 2011 para decirle que su nivel de cumplimiento de lo prometido entonces era del cero por ciento. Levantó los segundos aplausos volviendo a recordar la privatización de Inalsa y, puestos a recordar, recordó al 15-M y su frase favorita: “Si no nos dejan soñar no les dejaremos dormir”, para amenazar con no dejar dormir al presidente si sus políticas se alejan de las necesidades de los ciudadanos.

El pleno de los símbolos demostró por sí solo que hay un camino entre el dicho y el hecho porque mientras Meca insistía con énfasis en su amenaza no velada, sino de desvele, entre el público dormitaba sin pudor un alto mando de Aviación, con uniforme y medallas incluidas. Meca también dijo: “Estamos aquí para lograr que se escandalicen” y quizá para empezar, nombró al “cacique con nombre de flor”, aunque se refería al efecto que pueden provocar las políticas del gobierno. Ahí San Ginés le recordó que fuera terminando, anticipando lo que va a ser un duelo dialéctico, o como se diga, permanente. Siguiendo con las herencias, Meca terminó recordando a El Guincho, a los vecinos de La Degollada, la Fundación César Manrique, a la PAH (segundo aplauso) como símbolo de dignidad y coraje, y a Alternativa Ciudadana, por luchar doce años en solitario “y con quien ahora caminaremos juntos”.

Los discursos de José Juan Cruz, del PSOE y de Luis Arráez, de CC, no pasarán a la historia (ni a la de mañana). Cruz, que no necesita micrófono, recordó que hay 150 puntos en el programa electoral conjunto y Arráez soltó, como carga de profundidad, que “Lanzarote es el mejor lugar del mundo”.

Y llegó el discurso del presidente. San Ginés nunca defrauda y sorprende poco. Dice todo aquello que cualquier asesor le diría que no dijese (y que probablemente se lo haya dicho), incluido el comienzo en que advirtió que no tenía el discurso definitivo, que se había repartido a la prensa. Se salió poco del discurso escrito (sólo eliminó una referencia a la triple paridad) que tenía once folios y que tardó en leer 27 minutos. En el folio dos, este cronista ya había anotado “ya se va enfadando”, y en el 3 “ya está nervioso”. El tono fue a más. A más cabreo. Terminó refiriéndose a que “Lanzarote siga avanzando y los que aquí vivimos seamos más felices”, pero quien viera el discurso por televisión y sin voz nunca hubiera podido adivinar esa referencia.


Pedro San Ginés, presidente del Cabildo.

San Ginés no defrauda porque siempre acude a sus mantras: la verdad, el crecimiento como persona y como político, la altura de miras, el perdón por los errores (los que ha cometido y los que cometerá) y los charcos en que se mete sin necesidad. Recuperó él solito, seis años después, la frase del cantinero del chiringuito para intentar explicar (aclarar) que no dijo lo que dijo. La explicación que no hay por dónde cogerla: ni por el contenido ni por el lugar ni por el momento. Aludió de nuevo a sus fantasmas, a los “mercenarios de siempre”, dijo, y lo retiró para decir “a los interesados de siempre”, que es lo que ponía el discurso, y entre las pocas cosas que añadió fue una felicitación a Tomás López, en lo que parece su táctica para dividir a la oposición.

Entre las pocas cosas que San Ginés añadió a su discurso preparado fue una felicitación a Tomás López (Somos), en lo que parece su táctica para dividir a la oposición

A Carlos Meca le dijo que no espera absolutamente nada de él. “A esos sólo me cabe decirles hoy, con toda claridad y mirándoles a los ojos (y lo hizo) que no afronto su presencia en este pleno con temor alguno”, arrancando algunos abucheos respondidos con aplausos (los únicos que recibió). Y a su socio le dijo que asume el pacto “condicionado por la desconfianza” e hizo un reconocimiento público a Gutiérrez y Caraballo. Eso sí, lo dijo todo desde el crecimiento personal.

Centró gran parte de su discurso en contestar, sin que le hubieran aludido, a los nuevos partidos: realizó un juego de palabras con los nombres de los partidos de la oposición para reclamar que CC y PSOE también forman un frente popular, habló de los desahucios y prometió una reunión con la PAH para afrontar el problema con rigor pero sin crear ningún “rimbombante organismo”. Dijo que en 2009, cuando él accedió a la presidencia, ya hubo un cambio “a mejor” en las formas de hacer política o aseguró que el Cabildo lleva décadas con políticas de rescate ciudadano.

Por lo demás, hizo poco balance del pasado y prometió  cuatro intervenciones en los Centros de arte, cultura y turismo (una en Timanfaya, dos en Jameos y el Museo submarino), llegar al 20 por ciento de energías alternativas en 2020, dar un compás de espera para aprobar el PIO, aumentar la transparencia, fortalecer con Fuerteventura el eje oriental y algo que debe tratarse, sin duda, de un error, que es decirles a los artistas lo que tienen que hacer, “contextualizando la creación artística en la realidad social de la Isla y encauzando los esfuerzos creativos hacia dos objetivos claros: el enriquecimiento de la oferta turística y de la promoción exterior desde la cultura y la concienciación del arte de nuestra condición de la Reserva de la Biosfera”.

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