12
Jun
2015
Saúl García

Pues en las elecciones del cambio, las de la incertidumbre, las del giro a la izquierda, las de la renovación, el cambio generacional, y cualquier otra etiqueta más que se le quiera poner… al final el resultado se parece mucho, pero mucho, a un resultado ya conocido.

El pacto, como era previsible, aunque se haya dado la vuelta al círculo para amagar con otro pacto, será CC y PSOE. Era de sobra conocido el pacto PSOE-PIL y un poco menos el CC-PIL (ya que en este caso funcionaba más el traspaso que el pacto) con el apoyo del PP. Ahora estas tres fuerzas han bajado, aunque siguen ganando, y necesitan unirse para alcanzar el poder. También son de sobra conocidos los resultados que ha ofrecido la política de estos partidos, así que no habrá grandes sorpresas. Dentro de tres años y medio, si es que dura, volverán a romper para escenificar que sus políticas son muy diferentes. O quizá todo cambie antes, después de las elecciones generales. No es probable.

La continuidad se ha producido en el fondo y en las formas. Sigue siendo entrañable la imagen de unos negociadores fotografiados en un hotel o en una terraza, cuando las decisiones las toman otros.   Y la única información conocida (y demandada) sigue siendo el reparto de áreas. No lo esconde nadie: no se sabe bien adónde se quiere ir, o para qué, pero se sabe qué parcela de poder se quiere mantener.

Las liberaciones, los sueldos, también seguirán como siempre. Tantos miembros del grupo de gobierno = tantos liberados, independientemente de las áreas que se gestione. Quizá haya una operación cosmética y se rebajen el sueldo en un tanto por ciento. Es lo de menos.

Otra cosa que no cambia es el rescate al PIL. Por enésima vez se le daba por muerto y por enésima vez es rescatado. Su líder histórico y tres de sus miembros acaban de ser acusados de asociación ilícita (dedicada a delinquir)  por hechos ocurridos hace seis años. El mes pasado, el mismo líder seguía participando en mítines, y ahora parece que sus dos hijos se van a retirar de la vida pública. La táctica sigue siendo la misma: agarrarse a un clavo ardiendo. Hace años, para escenificar que Dimas ya no estaba, tuvo que dimitir como presidente, luego se dio de baja del partido, luego puso a sus hijos…, pero siempre ha seguido controlando. Ahora quizá sólo aspire a influir. ¿Es un avance?

Y por último: los pactos siguen revelando la forma de gobernar. Hay alergia a gobernar en minoría. Se sigue pensando que la tranquilidad la dan los números y no el talante, la actitud. En esta Isla, que practica la máxima del liberalismo económico (laissez faire, laissez passer, dejar hacer, dejar pasar) pero no en el campo económico, sino en la política de pactos, la política sigue sin convertirse en el arte de convencer. Se acerca más bien a la capacidad de sumar... y mirar para otro lado.

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