18
Abr
2017
Saúl García

El Consejo General del Poder Judicial abrió en 2011 un expediente a un juez de Santa Cruz de Tenerife, Álvaro Gaspar, por redactar una sentencia en verso que se apartaba de los cánones jurídicos y suponía "un agravio personal de un juez a un ciudadano". La afectada se había quejado no sólo por la ausencia de prosa sino porque el fallo no tenía "ninguna fundamentación jurídica". Y porque (nota del autor) la sentencia no le era favorable.

Considerando que la ausencia de fundamentación en autos o sentencias abunda, hay que concluir que el delito del juez (en sentido figurado) fue la elección del verso. No es lo mismo la justicia poética que la poesía justiciera. El magistrado, aficionado la literatura, podía haber optado, como tantos compañeros, por la prosa y sus figuras retóricas. Abundan en las sentencias las comparaciones, las hipérboles, metáforas, antítesis, repeticiones, énfasis o paradojas, y aún más las perífrasis, alusiones y eufemismos, mientras que sólo los más aguerridos se atreven con el hipérbaton, la aliteración o el epíteto, y los más veteranos con el sarcasmo y la ironía.

El juez Salvador Alba, siempre a la vanguardia, acaba de inaugurar un género. El auto en el que anula las grabaciones iniciales del caso Unión Lleó no sólo incluye figuras retóricas, sino que es en sí mismo una figura retórica: una alegoría.

Con una alegoría se puede explicar de forma comprensible algo conceptual, se puede concretar lo abstracto. Una alegoría nos expone una realidad pero nos remite a otra. Los filósofos recurren a alegorías para explicar sus teorías sobre la realidad. Así ha de entenderse, por tanto, el auto de Alba. Como una alegoría sobre sí mismo.

Por ejemplo, cuando argumenta que no hay prejudicialidad penal respecto al caso del robo de autos que instruía el juez Lis, sancionado por el CGPJ, dice: "Sobran argumentos sobre si el Juez que investiga esas diligencias previas se encuentra o no sancionado o investigado en el Tribunal Superior de Justicia, pues ello poco tiene que ver con lo que plantea hoy el acusado, ya que el hecho de que un Juez de Instrucción esté investigado en un proceso penal no le resta validez a los actos procesales de este Juez ni a las instrucciones que tramite, y desde luego a las resoluciones que dicte".

O cuando defiende que se vulnera la intimidad de Fernando Becerra porque esperaba poder sobornar sin que le grabara nadie, como es lógico: "Se llevó a cabo (la grabación) de forma preordenada a la obtención de pruebas materiales de un delito que se sabía se podía cometer", "se hizo de forma subrepticia y teledirigida y no de forma espontánea". O mejor aún: "Quien no sabía nada de la grabación ni de lo que buscaba el señor Espino, ni siquiera tenía ni idea de haber sido denunciado por éste, era don Fernando Becerra, quien realizaba manifestaciones espontáneas, amparadas desde luego, como dijimos por su poder de exclusión, o por su expectativa razonable de privacidad. De hecho, don Carlos Espino rechazó reunirse en una cafetería o lugar público, lo que sin duda llevaría a don Fernando Becerra a entender preservada la intimidad en su conversación".

No me digan que no les recuerda a nada.

O incluso esta: "Al aparecer en dicha grabación el nombre del acusado don Luis Lleó, sus derechos fundamentales se han visto afectados por dicha grabación, porque si Fernando Becerra tenía una expectativa razonable de privacidad, desde luego lo que no puede un tercero que ni acude a la reunión es pensar que la misma se va a grabar, que su nombre va a salir a la luz, y ello por las manifestaciones de don Carlos Espino o don Fernando Becerra, sin más indicio de su implicación que la propia grabación".

Y en este caso ya son dos veces las que aparece en una grabación el nombre de Lleó, sin que esté él en la reunión. La primera es ésta, que la ha anulado Alba, y la segunda, curiosamente, la grabó él mismo en septiembre, y decía a un compañero sobre el futuro judicial del empresario lanzaroteño: "Espérate, espérate. Hay cuestiones previas ahí... ¡Cuidado!".

Pero no hay por qué ir sólo a lo literal. Las alegorías también se construyen como una sucesión de metáforas y suelen tener un sentido didáctico. Es posible que el magistrado quiera ilustrarnos, hablando de lo concreto, sobre el mundo que no conocemos. Puede que, en esta alegoría sobre su propia situación, nos quiera alumbrar oponiendo el mundo real, no al imaginario, sino al que nos podemos imaginar que hay detrás (o en paralelo) a sus últimas decisiones judiciales.

Hay que reconocer, eso sí, que el juez Alba ha escogido con mucho acierto el género literario con el que trasladar sus teorías sobre la realidad, porque si lo hubiera hecho en verso hace tiempo que lo habrían expulsado de la carrera judicial.

9 Comentarios

Magistral
Hacía mucho tiempo que no leía un artículo periodístico tan bueno. Enhorabuena a su autor.
Genial
aunque la situación no es para reír, me has alegrado el día por tu sagacidad, socarronería y retórica.
Es mejor la juez podemita, no te jode
Es curioso que sea el mismo magistrado Alba (¿hay otro en Canarias?) al que usted y su periódico glosaban triunfalmente sus autos desestimando solicitud de nulidades anteriores y apreciaba su ciencia jurídica.
Brillante en fondo y forma.
Magnífico retrato
Me ha costado encontrarlo, una vez leído, solo me cabe felicitar a su escritor. De lo mejor que se ha hecho sobre el controvertido Magistrado.

Añadir nuevo comentario