31
Jul
2015
Saúl García

“Si nos deshiciéramos de todos los limpiadores, basureros, conductores de autobús, cajeros de supermercados y secretarias, por ejemplo, la sociedad se detendría en seco. En cambio, si al despertar una mañana descubriéramos que hubiesen desaparecido todos los muy bien pagados ejecutivos publicitarios, consultores empresariales y directores de capital riesgo, la sociedad seguiría funcionando como antes; en muchos casos, probablemente un poco mejor. Conque, para empezar, los trabajadores necesitan reclamar un sentimiento de orgullo y valor social. Hacerlo supondría un gran paso adelante para reivindicar que los sueldos y las condiciones de los trabajos mal pagados deben mejorarse a fin de reflejar la importancia que tienen en la vida de todos nosotros”.

Este un extracto del último capítulo, el de las conclusiones, del libro Chavs, la demonización de la clase obrera, de Owen Jones. El libro es de 2011 pero su contenido sigue vigente. De hecho, el autor afirma que las cosas han empeorado desde entonces.

Jones parte de la base de que la clase obrera, que sigue siendo mayoritaria, asiste a un discurso público en el que se le demoniza, principalmente desde los medios de comunicación (cuestión que merece un libro aparte) y se le hace responsable de su situación por decisiones individuales, como si las decisiones políticas en los últimos años no hubieran tenido ninguna influencia sobre la desigualdad social. También destaca la idea que se intenta inculcar desde el poder de que todo depende de los méritos de cada cual y de que “todos somos clase media”, así como que las ilusiones de la clase obrera deben centrarse en la posibilidad de ascenso social y no en la mejora conjunta de las condiciones laborales y de vida de su clase. Y mientras tanto, las condiciones laborales y los derechos no hacen más que disminuir. Especialmente llamativa es la descripción de cómo una tasa de paro elevado interesa al capital para desactivar las protestas sociales, ante el miedo a perder el empleo, y poder así mantener los sueldos y los derechos bajo mínimos.

En Chavs, (una palabra despectiva para designar a los británicos blancos de clase obrera), Jones describe la situación y la historia de Gran Bretaña, pero si se lee en esta latitud, uno no puede evitar hacer analogías. Se pueden hacer entre las políticas de los conservadores en Gran Bretaña, privatizando, promoviendo la vivienda privada frente a la pública e intentando (y consiguiéndolo) debilitar a los sindicatos (con algo de ayuda propia), con las políticas que hecho dese 1996 y desde 2012 el Partido Popular, cuyas decisiones y efectos han sido similares.

También se pueden hacer analogías entre la pérdida de representatividad en la clase obrera del Partido Laborista con esa misma pérdida en el PSOE. Ambos partidos se centran en la clase media y ponen sus esfuerzos en la defensa de derechos identitarios (mujeres, homosexuales…) pero no de clase. En España esa identidad se puede extender al origen (hay una izquierda muy preocupada de la nación, sea la que sea). Eso hace que su electorado potencial sea menor y que las aspiraciones de la clase obrera las aprovechen partidos de extrema derecha, que al menos en Gran Bretaña, comienzan a seducir al electorado.

El libro es muy recomendable y nunca viene mal conocer un poco mejor a esos chavs y sus problemas. Entre otros motivos porque son, en gran parte, los que llenan los hoteles de esta Isla.

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