27
Nov
2013
Saúl García

1. Como nos hemos acostumbrado a que se acceda  a un cargo público por interés particular o para defender intereses particulares de otros, parece que ya no damos la suficiente importancia a que haya cargos elegidos por un partido que deciden abandonar su disciplina y quedarse con el acta. De hecho, en Lanzarote es la norma. Desde 2011  han sido Jorge Quintero, concejal del PP en Teguise, que acabó dimitiendo un año después al no encontrar acomodo, Nayra Callero, muy preocupada por el caso Bárcenas, Emilia Perdomo, la única concejal del PIL 2007-2011 no imputada (a pesar de que se esforzó con el kilo solidario) y ahora Sergio Machín, que se le van agotando las puertas donde preguntar “qué hay de lo mío” y Mónica Álvarez, que no le gusta que le griten en las reuniones (como a todos, por otra parte). Nivelazo.

La excepción fue la de José Luis Aparicio y Ginés Quintana. Quedarse con el acta es un acto que habla por sí solo de cómo entienden estas personas el juego democrático (como un juego), pero también habla muy mal de la debilidad de los partidos, de los criterios con que se elaboran las listas y de cómo se gestionan los grupos de gobierno. Nada nuevo.

2. La actuación del PSOE en el grupo de gobierno del Cabildo no pasará a la historia. Habrá que revisar las contrataciones del Cabildo a ver si figura como asesor del grupo socialista Don Tancredo (o Rajoy en su defecto). Parece que formen parte de un experimento para redactar un manual sobre cómo seguir cobrando el sueldo pasando desapercibidos, aprobando lo que sea aunque no se parezca a lo que apoyaban antes.

Si los de arriba se atrincheran rebelándose, estos lo hacen cumpliendo fielmente el pacto, sin más. Falta de lealtad no se les puede reprochar, ni a su partido ni a su presidente. Si se hubieran ido no cobrarían el sueldo, es cierto, pero dejarían de ser actores imprescindibles de un esperpento en cuarto creciente y puede que hasta estuvieran más satisfechos. Quién sabe.

3. Otra forma de atrincherarse es la de San Ginés, la clásica, que para eso es el presidente. En cuatro años ha pasado de decir que nunca aspiró a la presidencia a buscar refugio en la ley, la normativa, los técnicos o la abstención de Alternativa Ciudadana. Para él es una cuestión de números. El que tenga más que lo demuestre.

Altivo y torpe a partes iguales, es incapaz de sentarse a negociar (eso que obliga a aceptar parte de lo que quiere el contrario) pero sí de buscar la forma de obtener una mayoría. Convocar dos plenos para unas ayudas de emergencia educativa y no lograrlo es de antología del disparate. Eso sí, aunque no consiguió una solución, consiguió una excusa. Suficiente para quien se conforma con pensar que tiene la razón. El día que deje de ser presidente prepárense porque pondrá a cada uno en su sitio.  Donde cada uno se merece, como debe ser.

P.D: La cuestión es atrincherarse. La pregunta es para qué.

Comentarios

Atrincherarse para no verlos es dejar que sigan disponiendo a su antojo. Atrincherarnos todos juntos para saltarles al cogote es una buena opción. El problema es que nos hemos acostumbrado en esta isla a poner en entredicho a todo el mujndo que somos incapaces de ponernos de acuerdo. Si hay ideas deseamos saber quien las lanza, sean aquellas buenas o malas. Si no nos gusta el de la ide le abadonamos, y así no hay forma de hacer piña contra aquellos.

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