
Rafael Fuentes
Fotos/Vídeo:
Manuel de la Hoz
[Viernes,
5 de diciembre de 2008] [08.20]
Si las paredes del Bar Tin-Tan hablasen sin duda podríamos conocer en profundidad una parte importante de nuestra reciente historia indisciplinada, parrandera, desorganizada, mujeriega, ingeniosa, alegre, simpática, bondadosa, generosa y muy trabajadora y profesional. Son cuarenta años de la vida de un sitio y de las gentes que le dan identidad.
En ocasiones, por el color de los que concurren a la tertulia y el calor del debate apasionado, mucho se asemeja el Bar Tin-Tan a la Sociedad de Naciones.
Una de estas frías mañanas de diciembre, al filo de las ocho, sobre la compra del Manchester City por parte de la Familia Real de Abu Dhabi, la más próspera de los Emiratos Árabes, y dando buena cuenta de una tapa de tortilla, departía Domingo Noda con Juan Leandro Rodríguez al fondo de la barra: “desembolsaron una cantidad parecida a lo que cuesta el 30% de Repsol”, exageró Domingo Noda. Y continuó: “ahora quieren comprar a Iker Casillas”. Al no encontrar a su derecha entusiasmo por el fútbol, rápido rebobinó tirando balones fuera: “y de lo de Esperanza Aguirre, ¿qué me dicen...?”.
En 1969, cuando este puerto de gorfines y roncotes recién empezaba a disfrutar de agua corriente y se pretendía ciudad preparándose para el turismo de lujo con el Arrecife Gran Hotel, don Agapito Gutiérrez y Baldomero Díaz, que no eran pareja artística ni cuadrilla que apañara chapuzas de albañilería sino suegro y yerno, respectivamente, nacieron al Bar Tin-Tan. En el mismo local, antes hubo una tienda de comestibles que regentaron los hermanos Padrón, y una modesta cantina.
Enrocadas detrás de la puerta, según se entra a la izquierda, dos voces conocidas hablan sin que haya consenso de lo mal que está la economía hasta que, ocurrente, uno de los ponentes despierta la hilaridad de los que allí se encontraban al elevar los decibelios de su argumento por encima de la barra: “que hay crisis no lo digo yo, lo dice la tortilla del Tin-Tan que ya pasan de las ocho y todavía queda media”. Al parecer antes del frenazo en la construcción era imposible conseguir un pedazo de tortilla después de las seis de la mañana. Enseguida se terminaba. Cuando no se la comían los albañiles y los taxistas lo hacían la policía y los escayolistas o los empleados del bingo...
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Varios años antes de que se edificaran las fincas colindantes, y de que la municipalidad de este sitio trazara las calles que lo envuelven, el Bar Tin-Tan se erigió esquina en la carretera de San Bartolomé. Nació en el epicentro de los andurriales que en tiempos separaron el Muelle Chico del Cuartel de Infantería, y viceversa. Y a medio camino también de los estercoleros y de las barriadas de nueva planta que comenzaban a configurarse.
Una gracia impresa de la revista digital El Agitador, sobre el culo al aire que dice el Alcalde de Teguise le dejó el Consejero de Medio Ambiente y Política Territorial del Gobierno de Canarias al no incluir en la discutida Ley de Medidas Urgentes el feo e ilegal asunto de los hoteles sentenciados, circula entre un grupo de clientes habituales y miembros de la Murga Los Gorfines. Éstos, los murgueros, que nunca dejan títere con cabeza, echan unas risas y desayunan garbanzas mientras sueñan canciones para el próximo carnaval...
En los primeros años de la década de los setenta, cuando la estación de guaguas fue trasladada desde las antiguas cocheras de las calles de Triana y Portugal hasta las naves que la empresa de transporte fabricó en un solar inmenso que había enfrente, donde antes se hacían labores de clasificación y empaquetado durante las zafras de la cebolla, el Bar Tin-Tan terminó de adquirir su condición de kilómetro cero en el perezoso despertar de la bisoña ciudad.
Sentado al fondo, debajo de un graffiti que recuerda a ‘Cho Juan', don Antonio, funcionario que fue del INEM, estudia la prensa despacio y con buena letra. Acodados sobre el tablero de otra mesa, cuatro profesores del Pancho Lasso charlan de temas intrascendentes. Es la hora del recreo. Sin embargo, justo al lado, Santiago Alemán sienta cátedra de humanidad y filosofía ante un grupo de alumnos interesados en sus estudios y que, en número, doblan el aforo de la mesa además de compartir inquietudes y un desayuno de trabajo...
Don Agapito Gutiérrez y Baldomero Díaz acostumbraron al Bar Tin-Tan desde pequeñito a levantarse pronto, presto y ligero para abrir sus puertas y atender con esmero las demandas de su variada clientela. Desde las cinco de la mañana, incluso antes de que cantaran los gallos cuando aún funcionaba la estación de guaguas que había en sus proximidades, despachaba sus humeantes calderas para agasajo y regocijo de un abanico de apetitos.
“Juanito, ¿te acuerdas de cuando íbamos a la escuela de don Valeriano?”. Es Polo Pérez, que terminó su turno en AENA y, disfrutando un botellín, espera por el sancocho que le están preparando para llevarse a casa. Marcelo Bruno, un uruguayo que acaba de conocer el Tin-Tan, le dice a Miranda Tavella, italiana y pastelera de un cinco estrellas que lo acompaña: “las albóndigas están buenísimas”, y ordena otra tapa...
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A Juan José Gutiérrez le salieron los dientes en el Bar Tin-Tan y ya hace años que empezó a perderlos. Desde 1996, él es el titular del negocio que allá por 1969 montó su padre. En la actualidad, con ayuda de su cuñado Juan Leandro Rodríguez, y de su hija Nieves Davinia Gutiérrez, y en ocasiones también de su otro hijo y de su compañera y socia en la vida, atienden a los viejos clientes de don Agapito Gutiérrez y que aún conservan –“los que todavía viven”- y a los hijos y nietos de éstos. Y que cada día vienen a derretirse en jugos gástricos ante la veintena de opciones alimenticias que aquí ofrecen.
Y es que para muchos el día y la nutrición comienza con un desayuno en este bar con solera.
Dice Juan José Gutiérrez y no le falta razón al hombre: “tenemos unos concejales que son unos tollos...”.
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