
Rafael Fuentes
Fotos:
M. Tavella/R. Fuentes
[Martes, 11 de noviembre de 2008] [08.15]
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« ...¿Qué tienen en común un comedor escolar en Costa de Marfil, una cooperativa de cultivadores de té en Kerala (India), un molinero de Lanzarote (Islas Canarias, España) y un banco de semillas de Xochilmilco en México? Las diferencias son grandes, comenzando por las geográficas. Pero tienen en común algunas cosas, la primera es que tienen que ver con la producción alimentaria. Se trata por lo tanto -otro elemento común- de cuatro de las ‘comunidades del alimento' que participan en Tierra Madre, el encuentro internacional que acompaña –en años alternos- al Salón del Gusto organizado por Slow Food...».
Así se expresaba Marina Forti en El sabor de la Tierra, un artículo de prensa que publicó la edición impresa del periódico italiano Il Manifesto el viernes 24 de octubre. Añadía la periodista la definición de ‘comunidad del alimento': “se trata de personas de distintas agrupaciones que cultivan, transforman, comercializan el alimento y con frecuencia también lo cocinan, primando los productos locales y las prácticas tradicionales, en la búsqueda de un recurso sostenible con la tierra y de la recuperación de los conocimientos y experiencias acumuladas”.
El último molino de la Isla al que se refiere en su artículo la periodista italiana no es otro que el ‘Molino de José María Gil', ubicado en el casco urbano de San Bartolomé, y que todavía está en funcionamiento gracias a los desvelos de don Esteban Gil Cejudo, viejo molinero e hijo de don José María Gil, histórico músico y hombre de preclaro conocimiento, prodigiosa memoria y extraordinaria afición a nuestra música tradicional, que fue el lazo de unión entre la tradición y la renovación folclórica de las islas.
El próximo 2009 se cumplirán noventa años desde que don José María Gil adquiriera la vetusta propiedad, que todavía empleaba energía eólica para mover la piedra, y modernizara la vieja industria para la molturación de cereales y legumbres anexando nuevas construcciones donde instaló un molino de fuego en el que la fuerza motriz no la proporcionaban animales ni los elementos, sino un motor inglés. Aún sigue produciendo gofio.
El nonagenario molino tiene una modesta producción de gofio de las variedades mezcla –trigo, millo y un poco de cebada-, millo y millo especial –doble tueste-, que los herederos de don José María Gil distribuyen en el mercado local bajo la denominación comercial ‘Molino de San Bartolomé'. Las viejas instalaciones también prestan sus apreciados servicios de tueste y molienda a muchos agricultores y otras industrias y familias de esta Isla.
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Jorge Perera, joven molinero que atiende las molturaciones y otras labores y obligaciones en el histórico molino, explica las propiedades nutritivas y los valores energéticos que atesora el gofio. También detalla las excelencias del producido en el molino de San Bartolomé: “Siempre aconsejo a las madres que utilicen el mezcla, elaborado con millo, trigo y un poco de cebada, para preparar los biberones de sus bebés. Es el que mi madre me daba cuando era niño, aunque ahora me gusta más el de cebada”. Sin embargo, “hay muchísimas familias, principalmente de Tinajo, que prefieren el gofio de legumbres de nuestra tierra: garbanzos, arbejas, judías, chicharos...”, añade el molinero.
También dice Jorge Perera que fueron don Esteban Gil Cejudo y Domingo quienes lo enseñaron a querer y a respetar su profesión. Y que llegado el día, allá por 2043, es desempeñando su empleo de molinero en esta industria de San Bartolomé como le gustaría alcanzar la jubilación laboral. Aunque como bien afirma el periódico italiano, el ‘Molino de José María Gil' dejará de producir gofio y cerrará definitivamente sus puertas, a menos que la comunidad de Lanzarote apueste por reafirmar el valor de esta cultura local.
Molino de José María Gil
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El ‘Molino de José María Gil' o Molino de ‘Cho Félix' –nombre por el que era conocido- se ubica en el casco de San Bartolomé y fue edificado en 1870 por don Baltasar Martín, secretario que fue del Ayuntamiento de San Bartolomé. Luego pasó a manos de don Fermín Rodríguez Bethencourt hasta 1919, que don José María Gil adquiere la propiedad.
Desde el punto de vista histórico el ‘Molino de José María Gil' representa la cultura cerealística de Lanzarote, específicamente se relaciona con el cultivo de cereales y su tratamiento a través de molturación para la fabricación de un alimento que se remonta a la cultura aborigen, el gofio. Se trata de uno de los pocos molinos, en sus inicios de viento, que se conservan en Lanzarote.
En cuanto a la etnografía, el molino representa la preparación de un alimento arraigado y antiguo, en una maquinaria antigua, con estructura y funcionamiento que se remonta al pasado, en energía eólica. Destaca en el paisaje rural-urbano de San Bartolomé; y la cercanía del mismo con la Molina de don Juan Armas, que se encuentra en su entorno.
Respecto a su arquitectura, se trata de un edificio de tendencia circular de tres plantas, en el que sobresale la carpintería, los vanos y las antiguas aspas de madera. Actualmente no se utiliza, si bien necesita de restauración.
El ‘Molino de José María Gil' ha sido objeto de incoación de varios expedientes de declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, y por diversos motivos ninguno ha prosperado hasta la fecha. El primer intento sería mediante Resolución de fecha 6 de marzo de 1991, de la Dirección General de Cultura, del Gobierno de Canarias, a favor de ‘El Molino' de San Bartolomé. Días más tarde, el 25 de marzo, la Subdirección General de Protección del Patrimonio Histórico, dependiente de la Dirección General de Bellas Artes y Archivos, informa de la anotación preventiva del Bien en cuestión. Y el 12 de abril de aquel mismo año, el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna informó favorablemente.
No obstante, por Resolución de fecha 14 de febrero de 1995, la Dirección General de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias revoca el acto de incoación de expediente de declaración del Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento a favor de ‘El Molino' de San Bartolomé. La revocación se justifica en el hecho de que el expediente se incoa por la Dirección General de Cultura el 6 de marzo de 1991, cuando ya se habían transferido a los Cabildos las competencias en materia de Patrimonio Histórico -el 21 de abril de 1990-, produciéndose, por tanto, un vicio formal determinante de la validez del acto.
Mediante la Resolución 1744/98, de fecha 14 de octubre de 1998, de la Presidencia del Cabildo Insular de Lanzarote, se vuelve a incoar expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, a favor del ‘Molino de José María Gil', término municipal de San Bartolomé. El 11 de octubre de 2002, otra Resolución de la Presidencia del Cabildo Insular, la número 2919/02, procedía a la apertura del trámite de audiencia y traslado de la incoación, al haber resultado de imposible cumplimiento la práctica de notificación personal a las personas que relacionaban en un anexo por ser desconocido el lugar de notificación.
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El miércoles 25 de agosto de 2004, el Boletín Oficial de Canarias, publicaba un anuncio de la Presidencia del Cabildo de Lanzarote fechado el 26 de julio de 2004, por el que se hacía pública la Resolución 1969/03, de 11 de junio de 2003, relativa a la incoación de un nuevo expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, a favor del ‘Molino de José María Gil', término municipal de San Bartolomé. El expediente anterior se consideraba caducado con efectos de 14 de junio de 2000.
Así están las cosas en la actualidad respecto al ‘Molino de José María Gil' aunque la Memoria de Información del Documento de Avance del Plan General de Ordenación de San Bartolomé, donde habla del Patrimonio Etnográfico de ese municipio, diga que este elemento del patrimonio histórico ha sido declarado Bien de Interés Cultural y que posee la máxima categoría de protección y reconocimiento.
Si bien es cierto que más allá de la protección de los elementos físicos, que también, los expedientes de declaración de Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, como es el caso del ‘Molino de José María Gil', deberían contemplar, exigir y garantizar una actitud activa de puesta en valor del Bien en cuestión.
Tierra Madre 2008
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Volvamos al principio. A Tierra Madre. Desde el jueves 23 hasta el lunes 27 del pasado mes de octubre, la ciudad italiana de Turín acogió el desarrollo del encuentro mundial de la red Tierra Madre, que este año celebraba su tercera edición. Al mismo tiempo, y en ese sitio, también aconteció el VII Salón Internacional del Sabor.
Durante cinco días productores y profesionales del sector agroalimentario mundial que representan un modo distinto y más complejo de entender la alimentación de calidad, es decir, “atenta con los recursos ambientales, los equilibrios planetarios, el aspecto organoléptico de los productos, la dignidad de los trabajadores y la salud de los consumidores”, tuvieron la oportunidad de discutir sobre las grandes temáticas de la producción alimentaria.
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Fruto del proceso de crecimiento del movimiento internacional Slow Food o comida lenta, y convencidos de que “comer es un acto agrícola y producir es un acto gastronómico”, en 2004 nacía Tierra Madre. Una red mundial concebida “para dotar de voz e imagen a los campesinos, pescadores y ganaderos que pueblan nuestro mundo. Y aumentar la conciencia de lo precioso de su labor en las comunidades de productores y en la opinión pública. Y proporcionar a los productores argumentos superiores para realizar su labor en mejores condiciones por el bien de todos nosotros y del planeta. Para que sigan existiendo tierras fértiles donde germinen y crezcan plantas y animales aptos a esos ambientes particulares, y no dopados con sustancias químicas que los hagan fructificar o engordar artificialmente. Y personas que cuiden las tierras, los saberes y los alimentos que conservan el gusto de nuestra infancia”.
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En esta ocasión, a los campesinos, ganaderos, pescadores, artesanos, transformadores, cocineros y representantes del mundo académico que tradicionalmente acuden al evento, se les unieron más de un millar de jóvenes del Youth Food Movement; grupo formado por estudiantes de varias universidades estadounidenses, jóvenes productores, cocineros y activistas comprometidos con la defensa de la comida y la cultura alimentaria.
El Convivium Lanzarote Slow Food también estuvo en Turín.
* Traducción del italiano por Ricardo Araya
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