
Juan Pérez Parrilla
[Martes, 7 de octubre de 2008] [08.10]
Un santo
Cuando Uno terminó su juego, los dioses menores sintieron en su interior el deseo de no hacer y el ansia por lo infinito; perdieron su identidad y se fundieron con Uno. Y Uno lo ocupó todo y se bastó a sí, en su omnipotencia.
Concebido con la intención básica de economizar, en nada parecíase aquel sobrio barracón a los templos magnificentes del Quinto Mundo. Ni imágenes ni símbolos; una sola entrada, doce amplios ventanales, un estrado en declive y dos mil literas funcionales.
Era cuarto y aunque ese día el local pertenecía a los escamitas, podía verse entre ellos bastantes amorfos, venidos por el interés que siempre mostraban por oír a Pepe.
Llegada su hora Pepe abandonó su litera y reptando penosamente subió al estrado; en medio de la favorable quietud, apoyó la cabeza en sus patas delanteras, abrió su mente a los presentes y dijo:
“Amadísimos hermanos, queridísimos amigos, de nuevo ante vosotros para interceder por el Quinto Mundo, quiero antes de nada disculparme por los escasos resultados de nuestra lucha. Reconozco la soberbia de nuestra esperanza. Sé que el universo entero es a Uno lo que una brizna de hierba, pero yo os digo; unámonos, ayudemos a los luz y sombra, y hagamos de esa brizna una selva exuberante, y acaso, cuando todos vayamos de la mano, alcancemos la gloria de ser notados por Uno. En lo que a mí respecta, me siento hermano de todos los seres inteligentes del universo y jamás podré gozar de la paz sin fin, mientras alguno de estos hermanos camine lejos de la verdad. Y repito...".
Así habló Pepe a sus acólitos las dos mil horas que duró su discurso. La luz de los tres soles que iluminaba la estancia, mostraba a los presentes el humor viscoso que de sus ojos fluía.
Un ingenuo
Soy un ente de las tinieblas que no sabe de luz, y soy contador, además, de almas oscuras. Podría ser feliz en mi simple oscuridad, sin atisbos de luz, si lograra entender a Uno y a Dos, mi amo.
Mientras, el grano madura. En menos de una eternidad ya estará lista la cosecha; mis números lo dicen y mis graneros esperan. Yo, el Contador, espero con ansias el momento. Lo que Uno desprecie será la gloria de Dos, mi amo. Y nunca habrá paz y acaso la guerra, traiga consigo la revisión de esta locura.
Un curioso
- ¿Algún micro chip, Anta?
- No señor, su cerebro no está manipulado. Sus procesos mentales son enteramente naturales.
- ¿Y es el espécimen previsto?
- Sí señor, salvando las distancias, es pastor como tú.
- ¿Y todo eso; la gloria, el infierno etc.?
- Son asuntos de fe, mi señor.
- ¡Que fe, ni fe! ¡Recomponedlo y traedlo a mi presencia!
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