
Valdi García
[Jueves, 28 de diciembre de 2006]
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Tan lentamente que casi no podemos comprenderlo,
la naturaleza se cierra sobre sí misma
danzando para siempre en un círculo inconcebible
que contiene toda la realidad.
La vida se posa sobre las arrugas de la tierra yerma
Y borra de su rostro las catástrofes como una profecía
que nos obliga a soñar, como irrefutable y divino
aliento de libertad.
Entretanto, la muerte completa el milagro
como una amante asesina que en su negro útero alberga
las cenizas fecundas del instante que se va
transformándolas en semillas
que sueñan con crecer afortunadas
en medio de la tierra prometida.
Pero no existe espada que deshaga el nudo primero
que nos amarra ferozmente a la tierra,
no hay fuego que nos haga desaparecer.
Después del último paso dormiremos
en esa nada imposible que todo lo cubre,
seremos como el polvo que evoca el pasado,
etéreos y desintegrados
volveremos a la cuna.
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