Identidad

 

Fran Pérez

Graffiti de Valdi García
[Jueves, 28 de diciembre de 2006]

 

 

 

 

 

La identidad es el salmo de los tontos, no aman la vida los tontos, aman el orden, no gustan de modificaciones, su dios es la geografía ordenada de la emoción, la humanidad resulta más fácil de archivar así, y en una gran empresa como la nuestra es preciso que todo esté bien archivado, es la gran maquinaria del todo en su sitio, cada uno en su color y en su tribu, sin confusiones, mientras tanto, por qué no?, juguemos al golf, a gastar el agua en el ocio complementario de unos turistas presuntamente aburridos, mientras también bailemos, las catarsis folklóricas de romerías sin piedad estarán ahí para recordarnos lo que somos, y qué somos? bailarines por mandato político, y nostálgicos, profundamente nostálgicos, la nostalgia es un peligroso lugar al que conviene ir de vez en cuando, para oler, nunca para quedarse, porque, ¿qué es más importante?, ¿saber quienes somos o quienes dejamos de ser?, el presente, todo presente, siempre da una oportunidad a cambio de una renuncia, pero no faltarán los politifolklóricos entonces con su pastoral del buen canario, esos hábiles gestores de la identidad metidos a reinventar la tradición para no perecer en la mediocridad inmobiliaria, y algunos temerosos les seguirán, y cerrarán filas como quien cierra un libro que nunca ha leído, y cambiaremos nuestra digna identidad humana por un catálogo descriptivo del buen nativo de una tierra única, ese es el señuelo de la rapacidad política canaria, sin embargo todos los problemas seguirán sin resolver, y la impotencia, esa gran marca "identitaria", continuará definiéndonos aun más que el paisaje, a todos, a los venidos y a los aquí nacidos, todos nos acurrucaremos fielmente bajo el manto de lo imposible inevitable, días ásperos para la gran tribu humana que habita en esta madre isla que teme perder la identidad, y en ese miedo habita la ignorancia, ignorancia europea, asiática, latina y africana, porque nadie nunca pierde su identidad, porque la identidad no es una vitrina, ni un saco que se rompe, la identidad es nuestra belleza y nuestra miseria transformándose al ritmo de un presente histórico que exige algo nuevo cada vez.

 

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