UNA HOJEADA A LA HISTORIA

 

Estudiantes en la Edad Media

 

Manuel Hernández Avero

[Miércoles, 8 de agosto de 2012]

 

 

 

Durante la Edad Media, los muchachos acudían a la universidad a partir de los 14 ó 15 años. Antes de esa edad los adolescentes se formaban con un ‘maestrescuela' o un profesor particular, generalmente en su localidad natal o un lugar próximo. Luego se trasladaban a alguna ciudad que tuviera universidad –las más prestigiosas eran Oxford y Cambridge en Inglaterra, París y Toulouse en Francia, Bolonia y Pauda en Italia, y Salamanca y Coimbra en los reinos hispanos-, aunque también iban a escuelas que no gozaban del estatuto universitario. Las universidades se dividían en facultades de Artes, Derecho, Medicina y Teología.

Los jóvenes estudiaban durante aproximadamente seis años en la Facultad de Artes, donde cursaban disciplinas que se dividían en dos grupos el trivium que comprendía gramática, retórica y lógica, y el quadrivium que incluía aritmética, geometría, astronomía y música. Las lecciones se basaban en escritos de autores antiguos que habían sido adaptados con fines pedagógicos, y los alumnos bebían memorizar los textos para (según la metodología escolástica imperante) poder reproducirlos y discutirlos no con un sentido crítico, sino demostrando tan sólo que los habían comprendido. Las prácticas eran escasas, pues predominaba el conocimiento teórico de las materias. Los libros tenían precios poco accesibles, pues en casi todos los casos consistían en ejemplares lujosos, copiados y encuadernados a mano. Los estudiantes también podían consultar los libros en las bibliotecas de las universidades.

Los exámenes tenían lugar sólo cuando el estudiante pretendía conseguir un título. El más básico era el de bachiller, seguido por el de magíster que, en teoría, proporcionaba el derecho a ser profesor en cualquier universidad de la Cristiandad. Una vez conseguido este grado, el magíster podía continuar estudiando para convertirse en doctor. El doctorado en Artes era el más breve – su duración era de cuatro a seis años- y se vinculaba a la enseñanza. El doctorado de Medicina, que exigía unos diez años, tenía una clara función práctica. Quien elegía Derecho, dedicándose al estudio de las leyes durante 12 ó 13 años, podía después convertirse en burócrata, e incluso acceder a la corte de algún rey o aristócrata. El más complejo de los doctorados ere el de Teología, que exigía un mínimo de 15 años de estudios.

Como vemos, el tiempo que un estudiante pasaba en la universidad podía prolongarse una década e incluso dos, lo que hizo de los estudiantes un grupo social particular. Podían permitirse llevar una vida libre, en la que la pereza, las apuestas, las aventuras amorosas, las juergas, las gamberradas, las riñas callejeras y las borracheras eran frecuentes.

En la Edad Media, el nivel de vida en las ciudades en general, y en las universitarias en particular, era bastante alto. Cuando a ello se unían las salidas nocturnas, los dados, las tabernas y, en suma, los elementos de una vida disipada, las deudas comenzaban a acumularse. Un ejemplo del bullicioso ambiente de los estudiantes medievales se encuentra en las conocidas tunas españolas. Ante la falta de recursos, muchos estudiantes tocaban y cantaban en las tabernas pidiendo a cambio dinero, vino o la ‘sopa boba', esto es, las sobras de comida, por lo que se les llamó ‘sopistas'. Los sopistas, que desde el siglo XVI comenzaron a ser conocidos como ‘tunos', tenían fama de pícaros y bribones, pero divertían a las gentes y conseguían bastantes dádivas, aunque muchos los tratasen de holgazanes.

Las primeras universidades europeas surgieron en el siglo XII. Se organizaron como corporaciones (en latín, universitates) de profesores y alumnos, con derecho a gobernarse autónomamente.

 

 

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