Marcial Riverol
[Martes, 17 de julio de 2012]
Comentaba, días atrás, que las medidas de ajuste, recorte, o cómo quieran denominar a lo anunciado por el gobierno central, me coge con una actitud de conformidad, como la de aquel que sabiéndose perdido y que no hay salida, espera a tocar fondo para que ello le permita coger impulso y comenzar de nuevo.
Esta suerte de resignación por las medidas de Madrid, nada tienen que ver con una supuesta simpatía por el partido a quien toca gobernar en estos momentos, pues habría estado igual de plano si hubiera sido otro color político quien protagonizara el momento que nos está tocando vivir.
Motiva esta actitud de impotencia, un encadenamiento de hechos enmarcados en el ámbito de lo local, entendiendo que la suma de lo local de aquí, con lo de allá, ha propiciado los más dolorosos momentos de la democracia, en términos económicos, y que hacen referencia al robo sistemático que se ha venido produciendo, de todas las formas posibles, en las arcas públicas.
Algunos lugares, desafortunados ejemplo de la golfería, han venido destapando situaciones nada sutiles de enriquecimiento vinculadas a actos ilegales, choriceo, cobro de comisiones, con toda suerte de subterfugios, en el que se han enredado particulares, empresas, políticos y, he aquí la madre del cordero, técnicos de las administraciones públicas.
Se ha dicho de forma insistente que las actuaciones delictivas vinculadas al saqueo de los recursos públicos no habrían sido posibles sin la participación de los trabajadores de las administraciones implicadas (ayuntamientos, cabildos, gobiernos autonómicos…)
De ahí que en las causas judiciales abiertas por corrupción, tengan una representación de cada uno de los actores de los distintos sectores enunciados, ya sea en forma de jefe de una oficina técnica como de un interventor.
Durante décadas, todos hemos tenido conciencia de que las cosas no pintaban bien, y ello sin que pudiéramos demostrar que, efectivamente, se cobraban comisiones, se bajaba la calidad de los materiales de las obras o simplemente se inflaban los presupuestos. La inmediata riqueza de empresas constructoras, los vehículos de alta gama de algunos personajes, y algunos signos más de ostentación, levantaron sospechas durante años, pero la complicidad de parte de la ciudadanía ha propiciado mantener una situación que viene durando demasiado, y que, desgraciadamente, continúa.
Tengo la certeza de que ha sido, y es, la obra pública la mayor fuente de ingresos de los corruptos, tanto cuando se ha fraccionado una obra en partidas pequeñas para poderla contratar directamente, tal y como se viene haciendo, a los cómplices de fuera de las administraciones, como cuando algunas empresas han tenido la información que permite hacerse con las grandes obras, principalmente de infraestructuras, y repartir comisiones hasta con el tato. Obras disparatadas de presupuesto donde todos han pillado. Y de esto, por aquí, se sabe mucho.
Sin ese concierto con los técnicos de la casa, todo el choriceo habría quedado en nada, y no ha bastado con la limpieza que ya se ha realizado, pues dentro, si bien continúan algunos, vemos también como entran otros.
Años atrás se fue imponiendo un estilo, no ya el de comprar los favores de los técnicos de las administraciones, que se hizo y se hace, sino poner a personas de confianza dentro. En algunos casos esto no era necesario, pues hay funcionarios dóciles totalmente pringados, a los que todos acuden en busca de favores, que continúan en sus puestos de trabajo haciendo lo que siempre han hecho. Pero claro, en otros ha resultado más complicado, y de repente vemos como algunos técnicos de la cuerda de los grandes poderes privados, aparecen contratados en algunas áreas de las administraciones, manejando una información esencial de gran valor en la calle.
La justicia no ha terminado con ellos, la justicia, difícilmente acabará con algunas de las fórmulas de la corrupción, y, entretanto somos más pobres, más cutres, y, a algunos, el que nos recorte el sueldo Rajoy, nos coge con la cara de pasmo observando cómo no hay forma de acabar con esta panda de golfos y chorizos, clase política incluida, que no permite avanzar un sólo paso. Y yo, que los veo cada día en mi ayuntamiento y en mi cabildo, es que me deja sin capacidad de reacción.
De poder, invitaría a revisar los presupuestos y las obras realizadas por las administraciones desde años atrás, ya sea de carreteras, obras hidráulicas, paradas de guaguas, compras de farolas o de ascensores, pintado de edificios, rehabilitación de espacios, jardinería..., y a ver que sale.
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