Juan Pérez Parrilla
[Viernes, 6 de julio de 2012]
Allá va Juan de Dios cual pobre hidalgo sin montura, a la pata la llana, dejando sus huellas sobre la rubia arena de Famara, cantando a dúo con Chucho su fiel escudero, más alegres que unas pascuas. Ignorantes ambos, el uno por lego y el otro por perro, de que allá cuando el de Aquino la pifió y que aquello de Magíster Díxit es un inefable cuento de hadas, al menos ahora, en este país. Aquí los dirigentes no siempre nos guían a buen puerto, a veces nos hunden hasta las orejas, y aún así tendrán prerrogativas que jamás tendremos nosotros, los hundidos. Como el serrucho al carpintero, la herramienta más usada por la mayoría de los políticos, es la mentira; muchas son tan burdas y descaradas que llevan implícitas el convencimiento por parte de ellos, de que somos idiotas, y son tan frecuentes que uno llega a preguntarse y preguntar ¿seremos idiotas, tú?
Don Juan no arriesga el tipo como don Favila; escopetazo al canto y elefante al piso como si de un mosquito moruno se tratara ¡qué imagen, Señor, qué imagen! Al máximo auditor de la corte suprema, (1) se le hace dimitir por malversación de caudales públicos ¿pero qué es eso de una dimisión negociada? ¡a la puñetera calle y a la cárcel si hubiere lugar! además de feo el asunto empieza a oler mal, podría darse el caso de que algunos más tengan el paraguas enredado. De los mentores espirituales de Nuestra Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana vale más no hablar, siguen soñando con la Vida Eterna, como si Dios fuera tonto, sin limpiar la Universal y Sagrada Institución de politiqueos, pederastias y de algún que otro obispo que se va de putas a hoteles de lujo y playitas soleadas, con el dinero de Cáritas.
Y como estamos tan contentos, nos bajan el sueldo, nos hacen trabajar más horas aumentando de paso el paro, nos suben los impuestos y nos recortan once mil millones de euros en Educación, Sanidad y Prestaciones Sociales por falta de medios y, no obstante, hablan de avalar un rescate de unos sesenta y dos mil millones de euros, de momento, a cajas y bancos maltrechos por una mala gestión, cuando menos. De ese montón de dinero, incluido un anticipo ya finiquitado y una campanita nueva, al parecer La Cofradía del Santo Barón se llevará veinte y tres mil quinientos millones para ir tirando, el resto será para otros bancos anémicos y alguna que otra caja comatosa. A los cinco millones de parados que los parta un rayo, muchos de ellos sin ayuda estatal alguna. Por como nos arrequintan las clavijas, da la impresión de que los culpables del desastre económico que nos está amargando la vida somos nosotros, los trabajadores, y no los que cortan el bacalao. Como diría Juan de Dios: ¡Estos periquitos nos han perdido el respeto y nos están llenado la cachimba de mal tabaco! Por otra parte, con tanto decir y desdecir, con tanto que si esto, que si lo contrario, empezamos a creer que el patrón navega sin rumbo y cuando esto sucede, casi siempre el barco se va de proa al marisco.
A todas éstas, Juan de Dios y su fiel compañero, después de casi dos horas de marcha, dos fumadas y tres tragos, Chucho sólo dos, apenas habían llegado frente al final de la urbanización Los Noruegos. La demora tiene su explicación; a los dos kilómetros de marcha, después de la segunda fumada y tragos correspondientes, nuestro hombre se empeñó en enseñarle a Chucho unos pasos canarios. Con la Folía Suelta tuvo grandes dificultades; a pesar de que era capaz de seguir el ritmo ayudado por el castañeteo de los dedos del viejo, al levantarse y sostenerse parado con las dos patas de popa y al mismo tiempo girar a la par que su amo, de continuo se caía. Con la Isa Corrida le fue mucho mejor; picando la pata de estribor de proa con la de babor de popa y viceversa, lograba un gracioso contoneo, amén de la alegre carrerilla de nuestra querida isa. Al principio le costó, pero nuestro hombre con la mayor paciencia del mundo lo llevó hasta donde estaban sus huellas y la señales de arrastre de sus patas y le dijo: ¿ves, aquí te equivocaste? Esto es lo más fácil del mundo, Chucho, es como un merengue arrastrado pero dando saltitos. Vamos a probar de nuevo, y una cosa te voy a decir; comer sí comerás, pero si lo haces mal otra vez, lo harás en seco. Naturalmente esta vez le salió a la perfección, y para celebrarlo ambos se revolcaron sobre la arena.
Durante el tiempo que duró el desarrollo de la magistral lección de danza autóctona, comenzaron a entrar en la playa grupos de alumnos y alumnas de las escuelas de Surf con sus correspondientes monitores y monitoras, y algún que otro paseante nativo. No bien se hubo levantado nuestro hombre de la arena, se oyó un grito lleno de ansiedad y alegría ¡Jean de Dieu! ¡Jean de Dieu! y apenas se hubo girado para ver quien le llamaba, se encontró colgada de su cuello a Josephine Rien de Vérité, (2) veterana monitora que le dio tal beso de tornillo, que Chucho la atacó mordiéndole la tona de babor, pues pensó que aquella tía loca se estaba comiendo a su amo. La sangre no llegó al mar porque Josephine llevaba puesto un pantalón de neopreno bastante grueso y Chucho, siempre caballero con las damas, mordió para asustar y no para hacer daño. Una vez más, Juan de Dios, como un hábil desfacedor de entuertos, supo capear el temporal y salirse de rositas; después de un concienzudo chequeo a mano metida de la tona afectada por el mordisco, diagnosticó que tanto ésa como su gemela estaban en perfecto estado para realizar cualquier actividad terrestre o marítima, siempre y cuando fueran tratadas con la delicadeza que a su aterciopelada suavidad correspondía. Luego la abrazó con fraternal cariño y la consoló con tiernas palabras al oído; finalmente con caballeresca suficiencia y dos cariñosas nalgaditas, la empujó hacia sus alumnas, cual aguerrido caballero que entrega la princesa a su reino, después de haberla rescatado del malvado dragón.
La filípica del viejo zorrocloco a Chucho fue un fraude de juzgado de guardia; cuando la fafantona Josephine, que a pesar de haber cumplido la cincuentena aún estaba de buen año y mejor ver, se hubo separado unos pasos, nuestro hombre aparentemente cabreado, se fue donde Chucho con el índice tieso. Teatro puro, no era un índice acusador, era un índice batuta con el cual le marcó el ritmo de esa cancioncilla tan conocida y que a tantos niños hizo felices hace unos años; “Mueve el muñoncito, Pepe Luis, mueve el muñoncito Pepe Luis”. Cuando el inteligente cánido oyó como su amo a soto voz se la cantaba, con la rapidez del rayo dobló las patas delanteras y empinó el trasero para que su amo viera como movía el ridículo y minúsculo muñón que le dejó el mentecato que le amputó el rabo al nacer. A Josephine y sus alumnas que contemplaban la escena desde cierta distancia les pareció que Jean de Dieu amenazaba con matar a Chucho y que éste de rodillas le pedía clemencia. El muy laja del viejo, que sabíase observado por Josephine y sus alumnas, como un consagrado actor alcanzó el clímax de su actuación; con la diestra en la frente y la siniestra en el corazón, hizo la estatua unos instantes, como si dentro de sí mismo se celebrase una singular batalla entre la razón y el sentimiento, luego, de repente, se dejó caer junto a Chucho abrazándolo tiernamente. Ante la fría razón, ganó el sentimiento generoso y fetén.
Víctores y aplausos resonaron en la playa, y un japonés que pasaba por allí gritó ¡Banzai! y se quedó tan pancho. El aclamado Juan de Dios, como si lo hiciera cuatro veces al día, se quitó la gorra de pana listada que le regaló Margarita Quieromás cual si fuera el chambergo de un Mosquetero de la Reina e inclinando la cerviz y doblando el espinazo, saludó con tal gracia y elegancia que el personal arreció en sus aplausos, y dos forofos del fútbol que llegaron atraídos por el rebumbio gritaron ¡España! ¡España! ¡No hay dos sin tres! ¡Y que viva la madre que nos Parió!
Con los pantalones a media canilla, el porsiacaso al hombro, el velillo bajo el brazo, a su vera Chucho y otra batallita ganada, nuestro viejo roncote de nuevo camina por la orilla con arrogante virilidad y una elegancia natural que vaya al carajo el Rey Sol de la France, como dijo Josefhine un día de vino y rosas, más bien de vino y marisco. Serían las diez de la mañana y por como había llenado la marea sabía que ya no podría entrar en el Rincón para subir a su cueva secreta. La sierra de piedras de Las Bajas medio cubiertas por el mar se lo confirmó.
Y como es un hecho evidente, confirmado por los sabios conejeros, que Dios no desampara al que cría, cuando Juan de Dios atravesaba la playa para montar su caseta Fru-Fru, hecha con tres miriñaques de seda del Siglo Diecisiete y treinta dos barbas de ballena, vio al final del camino que rodea la urbanización Los Noruegos y que llega bajo el mismo Risco, a la furgoneta de su hijo Antonio toda cerrada pero con su toldo ya puesto a sotavento. Encendió el móvil y aparte de varias llamadas perdidas halló veintitrés mensajes de sus hijos que decían todos; por favor, llama a mamá. En lugar de llamar a su mujer llamó a su hijo Antonio para que le dijera a su madre que estaba bien y que la llamaría más tarde. Lo primero que le dijo su hijo fue; por favor llama a mamá que está muy nerviosa porque dice que ayer estabas tan desjaretado como el día que murió Franco.(3) ¿ Qué te pasó ese día, viejo? Su padre le dijo que después de treinta y seis años no se acordaba de nada y hablaron de otras cosas. Al menos su hijo, éste le advirtió que las llaves de la furgoneta estaban cubiertas con un poco de arena por la parte de dentro de la rueda del chofer, que dentro tenía comida y agua para un mes. Que se podía quedar el tiempo que quisiera, al menos hasta que se tranquilizara. Que no debería subir a la cueva hasta que él le cambiara los mosquetones de la escala de gato, por otros de acero inoxidable pues los que tenía estaban medio podridos. Que si dormía debajo del toldo que cerrara la furgoneta con llave. Que debajo de las colchonetas había dos botellas de ron. Perdona, hijo tengo que cortarte, voy a ver la ballena. Media hora después le llamó su hijo; me engañaste con la ballena, ya, le dijo el viejo, era un cachalote, y volvió a cortarle.
A la una de la tarde o cosa así, bien comidos y bebidos, tendidos en sendas colchonetas a la sombra del toldo, nuestros héroes apenas podían mantener los ojos abiertos. Chucho quiso levantarse pero su amo no lo dejó. Ahora a dormir que estamos hechos polvo. Tu sueña con Lulú la Pija que yo soñaré un cuento. Si lo sueño tierno entre rosa y naranja, será para mis gemelitas del alma. Y el viejo se durmió y empezó a soñar, primero soñó el título “Naso y Sona” y después soñó el texto: "En el Sahara Occidental Español, al norte de Las Almenas, donde llaman El Camellito, un costerito de primer viaje, de unos ocho o diez años, mas guapito que un San Luis y un viejo costero con más de mil tempestades a sus espaldas, escondidos tras unas rocas, esperaban que un viejo moro de barbas blancas, dos moras jóvenes y tres guayetes terminaran de abrevar su ganado compuesto por cabras y ovejas. También traían una pareja de camellos adultos, dos majalulos y un guelfito precioso, con una lana tan blanca y anillada como la del borreguito que acompaña en los cuadros piadosos al Niño Jesús...".
(1) Los substantivos y adjetivos lindantes con esta nota, debieron ser escritos con la letra inicial en mayúscula. Que don Guillermo Díaz Plaja nos perdone, hoy no estamos por la labor.
(2) Ese mote se lo puso Manolito el Perfumado, porque según él tenía implantes hasta en las orejas. El veredicto de Manolito debe aceptarse con reservas, pues dijo lo dicho cuando Josephine lo arrió en banda, después de vivir de ella durante diez años. Al parecer el tal Manolito hacía agua por los alefrices. Nadie que tenga dos dedos de frente negará la musicalidad y elegancia de la lengua francesa, pero el español que hablamos en mi barrio es más practico y gracioso. Verbigracia; Josephine Rien de Vérité en mi barrio viene a ser Pepa la Mentirosa.
(3) El mismo día que murió Franco, a Juan de Dios le dieron tan tremenda tollina en la puerta de la iglesia, entre siete claro está, que estuvo quince días acostado entre algodones. Y todo porque le llevó una carretada de flores a la Virgen del Carmen para agradecerle el favor.
Nota: Esta quinta entrega de "Cosas de la mar y más" fue enviada a DiariodeLanzarote.com el 28 de junio.
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