UNA HOJEADA A LA HISTORIA

 

Leyenda Negra: Felipe II

 

Manuel Hernández Avero

[Lunes, 25 de junio de 2012]

 

 

 

 

Felipe II fue objeto de terribles acusaciones sobre su política, pero también sobre su vida personal, acusaciones que han resultado tener gran eficacia. Podría decirse que el Rey Prudente perdió la batalla de la imagen, en su época y mucho siglos más allá. Ello fue así, en parte, porque tuvo la mala suerte de enfrentarse con enemigos de tanta talla que hoy son considerados en sus respectivos países como auténticos héroes nacionales. Tal fue el caso de Guillermo de Orange, líder de la guerra de independencia de los Países Bajos contra el dominio español; de Isabel de Inglaterra, que galvanizó la resistencia inglesa contra la Gran Armada española en 1588; o de don Antonio de Portugal, pretendiente al trono luso cuando Felipe II lo ocupó en 1580.

En 1581, ante el enconamiento de la guerra de Flandes, Felipe II promulgó un edicto en el que ponía precio a la cabeza de Guillermo Orange. En respuesta, el líder holandés publicó ese mismo año lo que se considera la primera gran muestra de la leyenda negra en el reinado de Felipe II: su famosa ‘Apología'. En cuanto al rey, lo acusaba de adulterio (por su relación con Isabel Osorio), de incesto (por haberse casado son su sobrina Ana de Austria) y de ser el asesino de su propio hijo don Carlos y su mujer, Isabel de Valois. Estas dos últimas acusaciones, las más graves, eran totalmente infundadas. Todos los rivales y enemigos de Felipe se valieron de ellas, como el propio don Antonio de Portugal en la edición de su propia ‘Apología', de 1582.

Otra fuente de la leyenda negra de Felipe II fue su secretario Antonio Pérez. Tras caer en desgracia y verse perseguido con episodios dignos de una buena película de acción de nuestro tiempo, huyó a Francia, donde publicaría sus famosas ‘Relaciones'. En este escrito tildaba al rey de gran tirano, mezquino y vengativo, y lo incriminaba en el asesinato en 1578 de Juan de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, hermano del monarca y gobernador de los Países Bajos.

Los soldados hispanos eran presentados como portadores de terribles enfermedades contagiosas (la sífilis se le llegó a llamar viruela española).

Contra Felipe II también se vertieron continuas acusaciones de fanático dogmatismo y de intolerancia extrema en materia religiosa, sobre todo, como es natural, en los países protestantes. Entre los numerosísimos ataques contra el Santo Oficio destaca el escrito de un teólogo protestante español que, bajo el seudónimo de Gonzalvus, publicó en Heidelberg en 1567 una ‘Exposición de algunas mañas de la Santa Inquisición española', donde ponía de manifiesto las practicas más extremas del Santo Oficio, denunciando lo injusto y cruel del procedimiento y solidarizándose en gran medida con las victimas. Pero también se denunció al propio rey, a quien, entre otras muchas crueldades, se acusó de haber asesinado a su propio hijo.

Aunque hoy nadie sostiene con seriedad las tremendas acusaciones de la leyenda negra, el hecho de que esta visión negativa de la historia de España, y de Felipe II en particular, trascendiera durante tanto tiempo y en tantos escenarios, tiene que ver con que esta leyenda tenía algún fondo de verdad.

 

 

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