TRIBUNA

 

Dos librerías históricas

 

Antonio Lorenzo

[Miércoles, 4 de abril de 2012]

 

 

 

 

Aunque ya conocía que iba a suceder, me causó gran tristeza el llegar a la calle Real y encontrar cerrada la puerta de la Librería España.

Tengo gratos recuerdos de las dos primeras de las que yo tengo conocimiento. La librería de doña Nélida en la calle que comunicaba con el Charco de San Ginés, hoy denominada Fernández Ladreda, en un viejo edificio que fue derribado para construir, junto con otros, el Cine Atlántida, desaparecido en un incendio. Tengo un recuerdo muy nebuloso de un local no muy grande lleno de libros, lápices y libretas, regentado por una señora muy mayor, doña Nélida, cuya imagen se difunde en mi memoria.

Posteriormente, también en mi niñez, el establecimiento en el mismo local en que ahora ha muerto, la Librería España, a iniciativa de don Manuel Cabrera. Lo recuerdo perfectamente por acompañar a mi madre, que se surtía de libros y material para su escuela de San Bartolomé. Más de una vez como hijo de una buena cliente, don Manuel me obsequió con un pequeño cuento.

Durante muchos años, ya posteriormente en manos de otros propietarios, pues don Manuel se había trasladado a Santa Cruz de Tenerife con su esposa maestra destinada a aquella capital, la que creo, única librería no solo de Arrecife sino de Lanzarote en la época, fue donde comprábamos los utensilios de escritura, y los pocos libros de entretenimiento que, en aquella etapa de crisis y grandes penurias, llegaban a Lanzarote.

Recuerdo que con mi buen amigo, ya desaparecido, Perico Schwartz, comprar las novelas del Oeste Americano y sobre todo, las de un guerrero, héroe del aire, Bill Warner, piloto de aviones de un futuro aún no alcanzado o los ‘colorines' de Juan Centella o de El Coyote. También algún libro de distracción pues los de enseñanza los tenían en exclusiva los profesores del Instituto.

A don Manuel Cabrera, en mi época de estudiante lagunero, lo visité en alguna ocasión, en compañía de mi otro amigo Antonio González, en su pequeño establecimiento de la Rambla de la capital tinerfeña, en que recordábamos, y don Manuel añoraba, su Arrecife.

 

* Cronista oficial de Arrecife

 

 

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