Marcial Riverol
[Viernes, 23 de marzo de 2012]
Es probable que de no haberse dado marcha atrás a posibles extracciones de crudo en las costas valencianas, habríamos tenido que afirmar que la única posición honesta, en su intención de sacar los recursos energéticos fósiles existentes en territorio o aguas españolas, es la del partido popular. De no haber sido por la renuncia al asunto valenciano, de lo cual se deduce, o una extraordinaria falta de criterio, o el ejercicio de una pasmosa arbitrariedad, me habría tenido que tragar la decisión gubernamental como un acto de rigor. Otra cosa es que sea bueno o no para los intereses o el modo de vida en las islas, o para la biodiversidad y el medio marino. En el marco de tal lectura, hay que precisar que la presunción del supuesto rigor viene dado por la apuesta que en este país se ha realizado por servir a las multinacionales petrolíferas, por tanto, ya que dependemos de tal variable, obtengamos nuestro propio petróleo en el mismo territorio en que lo consumimos.
La afirmación anterior va pareja con idéntica falta de rigor del gobierno de Canarias, cabildos y ayuntamientos, cuando parecen haber cerrado filas, más que contra las extracciones en aguas canarias, contra el gobierno central, donde debe subyacer lo de ganar puntos por aquello de la permanencia en el poder, y por lo de cargarse al ministro canario que ha alcanzado altísimas cotas de poder. ¿Nos habríamos opuesto a una extracción en el Cantábrico? Decididamente, no. El tiempo de coalición ha terminado, y eso es algo que sus componentes conocen, estando por cerrar un ciclo político, y, o lo hace el PSOE o lo hace el PP. El desgaste de este último frente a la piña que conforman los otros dos partidos en el gobierno de Canarias, supondrá el éxito de los adversarios. La potencial pérdida de votos beneficiará a los dos partidos gobernantes que igualmente hacen causa común contra el PP, por lo cual, lo que le queda al partido popular es la mayoría absoluta en una futura convocatoria electoral o no tocar poder en mucho tiempo
A coalición, sabiéndose perdedora, le conviene las malas relaciones de sus socios de gobierno con el partido popular, porque siempre podrá ser llave para un nuevo gobierno en Canarias. Tocar poder, vamos.
El escenario se tiñe, ya no de negro, sino de color político exclusivamente y no me cabe duda de que si el petróleo y el negocio dependieran de coalición, estarían en una posición muy diferente, pues los hechos, por aquello de la arbitrariedad practicada en los años de gobierno de CC, resultan reveladores. Desgaste de Soria y nada más.
De acuerdo con que suena a burrada, y que algún concienciado habrá en el panorama público, pero no podemos sustraernos a realizar una reflexión en torno a cómo hemos crecido y cuáles son las apuestas que Canarias como comunidad ha realizado para evitar la dependencia del petróleo. Ninguna, más allá de la aventura herreña.
Somos como el resto, ni mejores ni peores, y del mismo modo que no deseamos realizar esfuerzo alguno en contemplar las cuestiones que nos estorban y que preferimos ignorar, hasta ahora nos hemos dejado llenar los tanques de los vehículos sin preguntar la procedencia del fuel, ni lo que supone en costes medioambientales su extracción. Se desprende la misma conclusión, que como no lo vemos, nos da igual lo que les pase a otros.
Ahora hemos visto las orejas al lobo, y nuestra actitud ha sido la misma que la del presidente del cabildo de Gran Canaria, Bravo de Laguna, cuando llegó a afirmar que mientras no se extrajera en las costas de Gran Canaria, le parecía bien. En el fondo, aparte de la extraordinaria dosis de insolidaridad del dirigente grancanario, exactamente igual se ha movido la clase política y algún sector de la población, siendo la única diferencia la de la distancia del yacimiento: “mientras yo no lo vea...”.
Hemos decidido depender, en todos los aspectos de la vida, del petróleo, porque no ha habido el menor interés por otras apuestas. Seguiremos desalando nuestra agua con el petróleo que encochina costas lejanas, que acaba con la diversidad de mucho mares, que devasta selvas de las que no queremos saber nada. Gastamos plásticos que forman un continente marino muy lejos de aquí que impide toda forma de vida. Empaquetamos la verdura con petróleo… Actuamos de igual modo cuando no deseamos conocer la procedencia de las maderas que consumimos, más allá de saber que proceden del exterior. Otra cosa sería que talaran el pinar de Tamadaba para suministrar madera a la construcción, y ahí sí que seríamos guerreros pues nos tocan lo nuestro.
De lograr evitar las extracciones, mucho me temo que volveremos a nuestra placidez habitual, consumiendo, a mansalva, el petróleo que sacan en otras latitudes y que todo lo arruina. La victoria sería política, para “los que le ganaron el pulso a Soria” y sería leída en clave electoralista.
La victoria de la población tampoco será un éxito porque volveremos a nuestra complacencia, ajenos al horror, no queriendo ninguna información de las atrocidades que se cometen por un producto perecedero, finito, y del que forzosamente vamos a tener que prescindir a medio plazo, y, por supuesto, no hay victoria para el territorio que seguirá en la espiral de degradación a causa de aquel recurso fósil.
En lo que a mí respecta, no quiero riesgos en mi mar ni en el de nadie, y mi posición está contra las extracciones, pero también en una apuesta real por otros recursos energéticos. Tampoco quiero a la clase política que sufro, pero parece que contra eso no puedo luchar.
El turismo seguirá salvando nuestra economía, pero la patraña que somos seguirá ahí, y también, sin excepciones, la basura de lo público, sólo comparable al chapapote del que nos habremos librado en el mar. Sólo en el mar.
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