Antonio Lorenzo
Cronista oficial de Arrecife
[Jueves, 26 de enero de 2012]
Siguiendo mi costumbre no me referiré al Cabildo como institución política de la que, para bien o para mal, en este último caso lamentablemente, mucho se ha hablado, se habla y posiblemente, espero que solo para bien, se seguirá hablando.
Me refiero al antiguo edificio del Cabildo de la calle Real, sin duda el más emblemático de carácter político y administrativo de nuestra ciudad. Y es que, hace unos días leía que finalmente se va a iniciar su restauración, por existir las condiciones legales y económicas que lo permitirán.
Hace unos años, cuando reprochábamos amistosamente a una importante representante de la institución del deterioro del edificio con azulejos arrancados, puertas y ventanas de maderas nobles sin conservación e incluso cristales rotos, nos informaba del absurdo legal de que las normas ‘protectoras' de nuestro patrimonio, ponían obstáculos a esa restauración. Al parecer ya se han superado esos obstáculos legales y económicos y pronto nos sentiremos satisfechos de la nueva cara de tan importante inmueble.
Por circunstancias afectivas tenemos un especial cariño al edificio y a las personas que han sido protagonistas de su historia.
Recuerdo de mis visitas infantiles por razones familiares, la escultura en madera representando una mujer sentada con pañuelo de Pancho Lasso, el cuadro de una escena de El Quijote de don Juan Reguera en el rellano de la escalera y el bodegón de César en el Salón de Actos. Pero también el afecto a las personas con quien me relacioné o conviví, no solo en aquella etapa juvenil, de quien recuerdo al portero, si no me equivoco, don Rafael Tavío, y posteriormente, en la que tuve cierta responsabilidad en la institución, a dos personas en quienes personifico a todos los funcionarios, cuya enumeración sería interminable y daría lugar a omisiones involuntarias en las que no quiero caer: don Mateo Negrín, último conserje, y sobre todo a mi gran amigo Gonzalo Pérez Parrilla.
De Gonzalo, como amigo intimo y como funcionario, tengo un recuerdo imborrable pues, como ya publiqué con motivo de su fallecimiento, nunca elogió lo que pude hacer más o menos bien en aquella época de colaboración cabildicia, sino que evitó que cometiera errores, reprendiéndome de lo que pude hacer mal o evitando que los hiciera.
Al hablar de restauración del edificio, no puedo olvidar que Gonzalo localizó el proyecto y presupuesto de construcción, y sonreíamos al comprobar como el precio de aquellas grandes planchas de granito o mármol que decoraban sus pasillos era de solo treinta céntimos. Supongo que esos documentos se encontrarán en los archivos de la institución y sería interesante su publicación con motivo de la restauración.
Ya que, al parecer estamos camino de la recuperación del noble edificio, espero no ocurra como con otro establecimiento, emblemático por otras razones, de la misma calle en el que se puede leer, desde hace bastantes años, un cartel anunciando su próxima restauración y, como dice un humorístico eslogan publicitario, 'y sigue... y sigue... y sigue'.
redaccion@diariodelanzarote.com