Antonio Lorenzo
Cronista oficial de Arrecife
[Lunes, 11 de julio de 2011]
Estos días hemos vivido una parte de la historia europea más digna de aparecer en las llamadas revistas del corazón, que de los tomos de la historia importante. La aparición en catarata, de niños de raza blanca y otros de color, ha puesto en peligro determinado matrimonio real. No nos extrañaría que, el día menos pensado, aparezca una geisa japonesa reclamando los derechos hereditarios de su hijo de rasgos orientales.
El gran historiador canario don José de Viera y Clavijo, bajo el título 'Amores del marqués de Lanzarote', nos dice que, si bien hay partes de la intimidad personal o familiar que no deben tenerse en cuenta a la hora de reseñar determinadas vidas, la extraordinaria personalidad del Marqués de Lanzarote, don Agustín de Herrera, indudable la más importante de las Islas Canarias en el siglo XVI, hace que no pueda silenciarse esa intimidad.
Las hazañas del Marqués, dice Viera, lo hacen digno de haber sido protagonista de 'Don Quijote', si ya se hubiera escrito.
Casado, sin descendencia, con doña Inés Benítez de las Cuevas y Ponte, conoce a doña Bernardina de Cabrera y León, esposa del genovés Teodoro Espelta. El Marqués la consideró 'digna de sus cuidados'. En sus amores pasa grandes apuros, como el de tener que huir de la residencia en Testeina de doña Bernardina, a través de un corto agujero, para escapar de las iras del padre de ella, don Luís de León.
De estos amores nacen dos niñas, Juana y Constanza, que tanto el marqués como su esposa, acogen como hijas, y se apellidan Herrera. El esposo de doña Bernardina aparece muerto en los alrededores de la vivienda y, aunque no tiene señales de violencia, el suceso se le achaca a don Agustín.
Doña Bernardina, dice el historiador Viera y Clavijo, supongo que influido por su condición de sacerdote, ‘movida de reflexiones cristianas', tomó la resolución de terminar el resto de su vida en un monasterio. El propio Marqués la acompaña a la isla de la Madera, en cuya ciudad de Funchal, tomó hábito de religiosa de Santa Clara.
Para finalizar diremos que la hija doña Constanza, su preferida pues estaba seguro de su paternidad por haber nacido mucho después de la muerte del esposo de doña Bernardina, la casa con un ilustre personaje sevillano don Gonzalo Argote de Molina, y a doña Juana con otra personalidad importante de la isla de la Madera, don Francisco Achioli de Vasconcelos. El Marqués que la acompañó a esa boda, dice Viera que se marchó de la isla con lágrimas, sabiendo que doña Bernardina vivía aún en su convento.
La esposa del Marqués doña Inés muere en el cortijo de 'Inaguaden' ¿?, el 8 de mayo de 1588, a los setenta años. El 22 de noviembre siguiente, el marqués se casa con doña Mariana Enríquez Manrique de la Vega, que en 1594 da a luz un niño. El yerno, Argote de Molina, que ya se titulaba indebidamente Conde de Lanzarote, viene a Gran Canaria a reclamar determinados derechos frente a su suegro, muere allí pobremente y, cuando Viera escribe su historia, dice que está sepultado en el Hospital de San Martín, de Las Palmas.
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