Antonio Lorenzo
Cronista oficial de Arrecife
[Miércoles, 29 de junio de 2011]
La humanidad ha sufrido periódicamente una serie de plagas, desde las que nos cuenta la Biblia de siete famosas de Egipto hasta la que actualmente conocemos como el sida.
Los mayores recordamos que, cada cierto tiempo, nos llevaban desde la escuela hasta una especie de consultorio sanitario donde un practicante como se denominaban entonces a los sanitarios de rango inferior a médicos, después de pasar por algo dentro de un tarrito, un punzón bastante afilado, nos hacía con él unas rayitas sangrantes en el brazo que, si 'pegaba', nos inmunizaba contra la temida viruela, una de las plagas de ese tiempo, y de las que aún nos quedan unas ya casi invisibles cicatrices.
Las chicas, más defensoras de su belleza, solicitaban del sanitario que realizara las incisiones en los hombros, lugar bajo el protectorado de la manga, cuando aún no existía esa moda que hoy se denomina 'palabra de honor'.
Nos cuenta don José Agustín Álvarez Rixo en su 'Historia del Puerto del Arrecife', que el Padre Fr, Bernardino de Acosta escribió una obrita, desaparecida desde aquel tiempo, titulada 'La vacuna o el patriotismo lanzaroteño' dedicada a los que denominaba 'Los niños de la vacuna'.
Las técnicas no permitían, como posteriormente, que la vacuna elaborada en los laboratorios, llegara a todos los lugares, y había que recurrir a los portadores 'en vivo', para administrarla.
Dice que, recibida a fines de 1803, la Orden haciendo conocer las ventajas de la vacuna y que el Comandante General de la Provincia, Marqués de Casa Gigal, comunicara encontrarse la vacuna ya en Tenerife, el alcalde mayor don Bartolomé de Torres, envía a cinco niños a aquella isla para ser vacunados. Como el Cabildo, que no era una institución semejante al actual, no disponía de fondos, una serie de señores de Lanzarote, aportan los medios necesarios y los acompaña el médico don Pedro Suárez, natural de Cádiz.
Al regreso son recibidos como verdaderos héroes, entre salvas de cañonazos de los castillos y de la balandra 'Bárbara', fondeada en el puerto; 'Te Deum' en la iglesia; hospedaje en una casa determinada de Arrecife y recibimiento en Teguise, en una carroza con alegoría de la princesa del mismo nombre.
Pienso que sería muy interesante que nuestro Ayuntamiento, en la fachada del Hospital Insular, con el beneplácito de su titular, el Cabildo insular, dedicara una placa que bajo el lema 'Niños de la vacuna', diera a conocer y explicara este hecho histórico de nuestra isla y ciudad.
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